En el corazón productivo del Alto Valle de Río Negro, donde la fruticultura forma parte de la identidad regional, una nueva variedad de manzana empieza a destacarse y a captar la atención del mercado.
No se trata solo de una innovación estética: su pulpa roja, poco habitual en este tipo de frutas, marca un diferencial que ya genera fuerte demanda y abre nuevas oportunidades para la producción argentina.
¿Qué es Kissabel, la manzana que crece en la Patagonia?
Bajo el nombre Kissabel, esta fruta se presenta como una propuesta distinta dentro del segmento premium. Su característica más llamativa es su color intenso, tanto en la piel como en el interior, a lo que se suma un perfil de sabor que combina dulzura y acidez con notas que recuerdan a los frutos rojos.
Además de su apariencia, uno de los aspectos que impulsa su posicionamiento es su contenido de antioxidantes, un atributo cada vez más valorado por los consumidores que buscan alimentos con beneficios para la salud.
Un desarrollo global con presencia argentina
Detrás de esta variedad hay un trabajo de años impulsado por un consorcio internacional de productores que opera en distintos continentes.
El origen del proyecto se remonta a un vivero francés, donde comenzó el proceso de mejoramiento a partir de cruzamientos naturales entre distintas variedades, sin intervención genética.
Argentina se integró a esta red a través del Grupo Prima, responsable también de la reconocida marca Moño Azul. Desde allí, la apuesta fue adaptar la fruta a las condiciones locales para lograr un producto competitivo.
Adaptación al clima local y trabajo con el INTA
El proceso de desarrollo en el país demandó más de una década. Se introdujeron distintos clones para evaluar su comportamiento en el clima patagónico, con el objetivo de lograr una combinación adecuada de color, sabor y rendimiento comercial.
En este camino, el trabajo conjunto con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) resultó clave para seleccionar las variedades más aptas.
Tras varios años de pruebas y validaciones, el proyecto avanzó hacia una etapa productiva con plantaciones que hoy ya comienzan a dar resultados.
Producción en marcha y alta demanda en el mercado
Actualmente, la Argentina cuenta con unas 10 hectáreas implantadas de Kissabel, una superficie que podría expandirse en los próximos años ante el creciente interés del mercado. Si bien las plantaciones aún son jóvenes, ya se inició la comercialización con una respuesta más que positiva.
El producto se posiciona en un segmento de alto valor, con precios superiores a los de las manzanas tradicionales y presencia en canales especializados. La demanda, tanto de consumidores como de distribuidores, supera por ahora la oferta disponible.
Proyección internacional: el próximo paso
El buen desempeño en mercados como Europa y Estados Unidos refuerza las expectativas del sector. En ese contexto, la estrategia local apunta primero a consolidar la presencia en el mercado interno para luego avanzar hacia la exportación.
Con planes de expansión que podrían llevar la superficie cultivada a 50 hectáreas, la Kissabel se perfila como una de las apuestas más innovadoras de la fruticultura argentina.