Más allá de sus revolucionarias teorías sobre los agujeros negros y el origen del tiempo, Stephen Hawking dejó un legado inquietante sobre nuestro destino como especie. El físico británico lanzó una advertencia clara antes de morir: la Tierra tiene fecha de vencimiento y la cuenta regresiva ya ha comenzado.

Según las proyecciones del cosmólogo, la humanidad se encuentra en una encrucijada existencial. Su diagnóstico fue lapidario: es muy poco probable que logremos sobrevivir otros mil años si decidimos permanecer atados a este único planeta.

La fragilidad de nuestro ecosistema actual, advirtió, no resistirá el paso del tiempo sin una válvula de escape.

La solución propuesta por Hawking no es una fantasía de ciencia ficción, sino una necesidad pragmática. “No creo que la humanidad sobreviva sin que nos propaguemos en el espacio”, sentenció. Para el científico, la expansión hacia otros mundos dejó de ser una cuestión de curiosidad para convertirse en un seguro de vida obligatorio.

El autor de “Breve historia del tiempo” insistió en que los riesgos de una catástrofe global —ya sea por causas naturales o provocadas por el hombre— aumentan con cada década. Mantener a toda la población humana confinada en una sola esfera de roca nos deja vulnerables a una extinción total ante un único evento catastrófico.

¿Se aproxima el fin de la humanidad? Stephen Hawking predijo cuánto tiempo le queda a la Tierra.
¿Se aproxima el fin de la humanidad? Stephen Hawking predijo cuánto tiempo le queda a la Tierra.

“Tenemos que seguir explorando el espacio para el futuro de la humanidad”, fue la frase que resumió su postura política y científica. La colonización del cosmos se presenta, en su visión, no como una conquista, sino como la única estrategia viable para garantizar que la conciencia humana perdure más allá del próximo milenio.

Este mensaje cobra una relevancia especial viniendo de quien logró unificar la relatividad de Einstein con la mecánica cuántica. Su capacidad para leer el tejido del universo le daba a sus palabras un peso de autoridad ineludible: no hablaba desde el miedo, sino desde el cálculo de probabilidades.

El legado de Hawking, entonces, es dual. Por un lado, nos entregó las claves para entender la radiación de los agujeros negros; por el otro, nos dejó un ultimátum. La tecnología y el conocimiento deben acelerar el paso, no solo para entender de dónde venimos, sino para tener algún lugar a donde ir.

A pesar de las limitaciones físicas que le impuso la ELA durante más de cincuenta años, su mente viajó más lejos que nadie. Su conclusión final nos interpela hoy más que nunca: mirar hacia las estrellas no es un lujo, es la única vía para evitar nuestro propio final.