

Desde que se sancionó la Ley Nacional de Fertilización Asistida (26.862), el 5 de junio de 2013, se duplicó el acceso a los tratamientos reproductivos en la Argentina. De ello da cuenta Stella Lancuba, presidenta de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (Samer) y fundadora del Centro de Investigaciones en Medicina Reproductiva (Cimer): “Antes de la ley, el acceso era de 200 pacientes por cada millón de habitantes y hoy se duplicó .
De acuerdo a la entidad, única institución a nivel nacional que tiene el registro de estos datos por parte de los centros acreditados, en la Argentina se reportan más de 21.000 casos de fertilización asistida por año, con una tasa de nacimientos de alrededor de 24%.
“Esto significa que anualmente nacen alrededor de 3500 niños por todas las técnicas de fertilización, según los datos oficiales , comenta Lancuba. El 80% de los procedimientos se realizan con óvulos propios mientras que el resto, con gametas donadas.
Las técnicas más utilizadas, por caso, son la inseminación artificial (IA), un procedimiento considerado de baja complejidad, In vitro (FIV) e ICSI. Estos últimos, que requieren alta complejidad, son tratamientos a los que deben someterse poco menos del 10% de las parejas que tienen problemas para concebir naturalmente.
“Los avances en el área de la fertilización asistida, como en toda la medicina, vienen de la mano de los avances de la genética y de la genómica. Es decir, los nuevos desarrollos de biología celular y molecular se aplican en los laboratorios de embriología para distintos objetivos pero, básicamente, para seleccionar el embrión euploide y poder transferir un embrión con la menor probabilidad de generar patologías , comparte Lancuba.
Si bien en lo que a salud humana respecta siempre hay riesgos, la titular de la Samer asegura que “sí podemos seleccionar al mejor embrión para bajar la tasa de pérdidas reproductivas, mejorar los resultados reproductivos y acortar los tiempos de búsqueda, ya que, históricamente, los tratamientos de fertilidad demandan tiempo y el factor tiempo es fundamental, dado que hay una llegada tardía de los pacientes a los tratamientos de fertilidad .
Democratizar el acceso
La tasa de fecundidad en los humanos es del 25 al 30% por ciclo. Una de cada seis parejas tiene problemas para concebir naturalmente. Es decir, cerca del 15% no logra el embarazo antes del año. Y ahí, generalmente, es cuando comienzan las consultas con especialistas y los estudios médicos para diagnosticar.
“Si bien hasta no hace mucho se consideraba que la mujer era la responsable de la mayoría de los problemas reproductivos y en ella estaban centralizados todos los estudios, hoy se sabe que en aproximadamente el 70% de las parejas que consultan por trastornos de su fertilidad se detectará alguna alteración en el espermograma del hombre , sostienen desde Procrearte, una institución dedicada a la salud reproductiva fundada hace 20 años.
La ley 26.862, de la que aún se discuten varios grises, tuvo un valor positivo en lograr que más parejas pudieran acceder a los tratamientos, dado que garantiza el acceso integral a los procedimientos y técnicas médico-asistenciales de reproducción asistida para todo tipo de personas, con independencia de su estado civil y orientación sexual para la lograr el embarazo. La norma contempla -tanto en el sistema público, como en obras sociales y prepagas- la cobertura del diagnóstico, los medicamentos y tratamientos de baja y alta complejidad.
Sin embargo, la ley, promulgada el 25 de junio de 2013, no resolvió ni contempló cuestiones cruciales que hacen al desarrollo de estas tecnologías, como la vitrificación (congelamiento embrionario) y la donación de gametas, sostienen algunas fuentes del mercado. “No es una ley integral en términos de calidad , concluye un especialista consultado. “Dentro de la crisis que hay en el sistema de salud nacional, el sector de la reproducción humana está impactado negativamente por la problemática económica que padece el país. La salud en general está pasando por un momento crítico: los insumos son importados y la situación inflacionaria impacta muy negativamente en la posibilidad de brindar el servicio .













