

En 2003, mientras el país intentaba levantarse del peor colapso financiero de su historia, un grupo de inversores resolvió apostar por una marca de alfajores muy identificada con los argentinos. Por u$s 17 millones, una cifra que contrastaba con los u$s 85 millones que habia pagado su anterior dueño, decidieron comprar Havanna.
En diálogo con Pulso Financiero, Damián Pozzoli, uno de los artífices de esa operación, recordó el contexto sin eufemismos: “Estabamos en default, absolutamente. Argentina estaba destruida desde el punto de vista financiero”.
La historia de Pozzoli con Havanna venía de antes, de 1998, cuando el Grupo Excel adquirió la firma. El ejecutivo trabajaba en Deutsche Bank, que financió esa compra y coinvirtió el 30% del capital. Asi ingresó al directorio de la empresa marplatense.
Cuando la crisis de 2001, con la salida abrupta de la Convertibilidad, destruyó los balances del Grupo Excel, la deuda de la compañía, que ascendía a u$s 45 millones, se volvió impagable. “El banco inició el proceso de recuperar las companias. Havanna fue una de las mas dificiles de reestructurar y terminó en venta”, recordó.
Fue entonces cuando los socios de Desarrollo y Gestión —luego rebautizado Inverlat— cerraron el trato. “Comprar cualquier compañía argentina era una apuesta muy riesgosa, y más una companía en concurso”, admitió el diálogo con El Cronista Stream.
El renacimiento después de la crisis y el furor del alfajor de sal
Dos decadas después, Havanna no solo sobrevivió sino que se reinventó. La clave fue una estrategia de innovación constante en productos, liderada por el equipo de management encabezado por Alan Aurich, que logró algo difícil: atraer a los consumidores jóvenes.
El punto de inflexión llegó con el alfajor de sal, lanzado para celebrar los 200 años de Mar del Plata. “Nunca pensamos que iba a tener el éxito que tuvo”, reconoció Pozzoli. Las redes sociales convirtieron el producto en viral, impulsado masivamente por el público joven.
A partir de ese boom, la empresa lanzó el alfajor picante, el alfajor Dubai y una serie de novedades que cambiaron la percepcion de la marca. “Havanna se ha convertido en una máquina de lanzar nuevos productos”, analiza, y agrega que el público mayor de 40 la consume por nostalgia, mientras el joven la adoptó por convicción.

Hoy Havanna cuenta con más de 250 locales en Argentina y casi la misma cantidad en Brasil. La expansion internacional tambien avanza con firmeza. La firma tiene presencia en Madrid, Barcelona y en los supermercados Costco de Estados Unidos, donde el alfajor compite con los grandes referentes de la confiteria global.
“Uno empieza a ver que ya no es el público latino, no es el público argentino, sino que también hay otros públicos que comienzan a probar el alfajor y les empieza a gustar”, senala Pozzoli. La marca ingresé, como él mismo dice, a las grandes ligas.
La expansión global de Havanna
El paso más reciente y ambicioso de esa expansión es la apertura de una planta de produccion en Valencia, en España, que demandó una inversión millonaria y comenzará a operar en los proximos dias.

La razón detrás de la elección de España es estratégica. La Comunidad Europea restringe cada vez mas el ingreso de productos lácteos desde America Latina. Producir en Europa permite sortear esas barreras y abastecer mercados en el continente, Estados Unidos y Asia con mayor eficiencia.
“Valencia se eligió porque muchos proveedores de la cadena están en esa zona”, explica Pozzoli. Para ello, recalca, el apoyo del gobierno español y de la Comunidad Valenciana fue decisivo: “Espana tiene una politica de incentivo a la inversión muy interesante.”
La planta valenciana funcionara como soporte de la producción argentina y no pretende reemplazarla. Es, según Pozzoli, una herramienta para necesidades puntuales en mercados clave, fundamentalmente en Europa.
En el mercado local, la empresa enfrenta un contexto económico desafiante. Pero Pozzoli destaca la resiliencia histórica de la compañía: “Havanna siempre ha resistido mucho todas las etapas, los picos y los valles”.
El empresario atribuye esa fortaleza al vinculo emocional que los argentinos construyeron con la marca a lo largo de décadas. "Havanna es transversal a todas las clases sociales y eso la convierte en un activo dificil de erosionar", concluye el empresario.














