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Arturo Frondizi: un legado vigente para el desarrollo argentino

El padre del desarrollismo fue elegido como el mejor presidente en la encuesta del Bicentenario. Como gran estadista y dueño de una visión estratégica clara, "sigue escribiendo desde el pasado las coordenadas en las que hallar nuestro futuro", dice el autor de este artículo.

Arturo Frondizi: un legado vigente para el desarrollo argentino

Ya nadie parece dudar que Frondizi ha sido un gran estadista. Pero también es cierto que su legado ha sido sometido a intermitencias históricas, intenciones apenas declamatorias o capacidad de implementación deficiente. De esta manera, el desarrollo argentino ha sido una utopía huidiza imposible de concretar. Pero no lo es.

El presente de Argentina, plagado de desafíos y problemas, nos convoca a concretar el ideario de Frondizi teniendo al siglo XXI como prisma. El padre del desarrollismo sigue escribiendo desde el pasado las coordenadas en las que hallar nuestro futuro.

Tal como lo concibió Frondizi, el desarrollo pudo y podrá ser muchas cosas, pero nunca será neutral. Sus postulados mantienen una vigencia rabiosa porque proporciona, a partir de abordajes, soluciones integrales para todos los desafíos que Argentina tiene que encarar ya mismo: la sutura de la restricción externa, la generación de empleo de calidad, la conjunción de soberanía política con desarrollo económico, la mejora del poder adquisitivo del salario, el rol de la inversión nacional y el cambio de la matriz productiva.

Frondizi emparentaba todos estos desafíos con la gesta por el desarrollo, que para él se concibe desde una perspectiva dual. Primero, como consecuencia: "Porque la lucha por el desarrollo, que debe enfrentar poderosos intereses internos y externos atados a la vieja estructura, no sería posible sin el requisito de una gran cohesión nacional, de una alianza estrecha de todos los sectores sociales que trascienda los intereses parciales de cada uno". Y segundo, como meta: "Porque el desarrollo económico es el principal camino que debemos recorrer para la liberación de nuestros pueblos y para la afirmación de nuestra soberanía y personalidad en el actual concierto de naciones".

Es bueno aclarar que cuando se cita a Frondizi para decir que la agregación de valor local es la llave para alcanzar el desarrollo, no debe pensarse en el concepto de sustitución de importaciones tal cual lo conocimos a lo largo de nuestra historia. Para un país que quiere desarrollarse en el contexto actual, la sustitución de importaciones implica sustituir futuro. En el pasado la sustitución de importaciones tenía que ver con los bienes que existían.

La actualidad global, en cambio, exige una visión estratégica clara sobre aquello que aún no existe y que el futuro está reclamando. Por eso ningún país que aspire al desarrollo resigna a la ciencia, las tecnologías aplicadas ni a la innovación.

Las estrategias del desarrollismo están vigentes porque son adaptables a la época. Hace sesenta años, por ejemplo, la industria automotriz nacional se estructuraba a partir de una lógica vertical, muy vinculada a la producción fordista. Hoy, aplicar el ideario desarrollista implica entender a esta industria con una mirada que equilibre lo local y lo global.

Un ejemplo de esta lógica aplicada es la reciente sanción de la ley de autopartes en la Cámara de Diputados. Durante la elaboración de esta ley, la Comisión de Industria que presido ha incorporado esa visión de futuro. La estrategia para el sector autopartista debe tener como eje la diversificación respecto al rol de mera proveedora de las terminales automotrices: por eso se incorporaron la maquinaria agrícola y vial autopropulsada como sectores a fomentar. Argentina tiene que aspirar a ser un jugador internacional en estos dos sectores, porque existen los recursos y el conocimiento para situarnos en ese lugar dentro de la disputa por el agregado de valor a nivel global.

Desarrollismo moderno

El siglo XXI se inició con la crisis que sacudió el tablero financiero planetario en 2008. Desde aquel momento y por muchas décadas no existirá espacio para desarrollismos testimoniales, sino solamente para un desarrollismo moderno, inteligente y con propuestas. Por eso es que durante toda su vida política, Frondizi se consagró a la conformación de un movimiento de integración nacional cuyo objetivo estratégico sea el desarrollo como condición sine qua non para la soberanía política.

Ningún país puede relacionarse con el mundo sin identidad propia y sin un perfil propio, decía don Arturo. El desarrollo es un proceso endógeno, que se proyecta de adentro hacia afuera. Y para ello, define ritmos y prioridades. Por eso también venimos planteando en el Congreso la necesidad de crear un Consejo Económico y Social para que Estado, empresarios, trabajadores y actores sociales configuren el Documento Nacional de Identidad con el que la Argentina diseñe una inserción internacional inteligente y dinámica.

En un mundo convulsionado por la volatilidad económica y el devenir cambiante de las alianzas regionales, las disputas globales se complejizan. Integración territorial, transporte, infraestructura y un cambio radical en la matriz productiva son metas que no ocurren de manera espontánea sino que implican tener visión, estrategia y ejecución. Frondizi fue quien mejor interpretó ese proyecto en nuestra historia. Nuestra tarea hoy es llevarlo a cabo.