Las cortinas metálicas bajas preanunciaban lo peor. Los rumores estaban instalados desde hacía unos días, pero hasta que llegaba el momento nadie pensaba que iba a pasar a ocupar el rol de víctima, y que sus ahorros, los de los últimos años, esos que estaban a siete días y tenían un rendimiento espectacular, estaban por esfumarse.

Colas, largas, interminables horas de espera, en grupo los empleados hacían pasar a los ahorristas. Desesperación, gritos, llantos, resignación. Cada uno, a su estilo, reclamaba lo que le era propio. “En esos años, la inflación era tan espectacular que la gente pensaba que sacaba buenos rendimientos, igual siempre estaba por debajo del costo de vida , recuerda Daniel Rúas, managing director de la calificadora de riesgo Moody’s Latin America.

“Hoy nos espantamos con la historia del Indec, con el control de precios, con las anécdotas de Guillermo Moreno. Pero todo esto no es nuevo. Una vez un periodista le preguntó al minstro de Economía de Alfonsín, a Bernardo Grinspun, sobre el índice de inflación de ese mes y contestó: ‘Un 12 es poco, el 13 es yeta, póngale 14 , agregó Rúas.

El quiebre de confianza en la moneda se produce con el “Rodrigazo . “A mitad del ’75 la gente ya comienza a sacar su dinero de las cuentas corrientes los fines de semana por una cuestión de seguridad y de allí en más esa situación se mantiene hasta la convertibilidad para volver en 2000 .

A diferencia de los años ’70 y los ’80, Rúas destaca que en esos años los controles oficiales eran escasos: “la Superintendencia de Bancos hoy es experta en el manejo de crisis pero eso responde a tres décadas de caos en el sistema financiero .

Los altos índices de inflación y la inestabilidad de aquellas épocas popularizaron las colocaciones ultra cortas, como los plazos fijos de siete días, e incluso el “overnight . Como suelen recordar los economistas, se daba la dicotomía entre el miedo y la codicia, en la cual muchos jugaban con el atractivo de las altas tasas, a veces subestimando el riesgo de la insolvencia de algunas instituciones. Entre los nombres de las entidades que dejaron un tendal de acreedores figuran el Banco Alas, entidad que contó con 76 sucursales y tuvo los primeros cajeros automáticos de la Argentina, el Austral, el Banco del Acuerdo y la financiera Giménez Zapiola.

Lucía Ortiz