La industria del seguro en el viejo continente se prepara para lo que se entiende como la prueba final antes de la entrada en vigencia de las nuevas normas de capital o Solvency II. Pero, a medida que la recopilación de datos y la presentación de informes llega a su fin, se alzan voces de advertencia sobre las demandas de los reguladores.

Las nuevas reglas, que están diseñadas para crear un mejor equilibrio entre el capital que guardan las aseguradoras y los riesgos que toman, significará mucho más que sólo fijar diferentes requisitos sobre el volumen de capital para cada tipo de aseguradora. El principal impacto estará en la obligación de que cada firma pueda probar que la gestión de riesgos está integrada y es parte de la toma de decisiones.

Para muchas empresas, esto implicará no sólo reformar su gestión del riesgo. También, significará poder garantizar que cada elemento esté documentado y pueda ser reportado como tal al regulador. George Culmer, director Financiero de RSA, la aseguradora del Reino Unido, advierte que, con todas las exigencias de información adicional, las aseguradoras serán incapaces de mantener una visión general sobre el negocio. “El nivel de detalle que se les pide a las empresas ha traspasado todos los límites", dice.

Más allá de todo límite

RSA se encuentra entre un pequeño número de empresas que representan la vanguardia de compañías que ya trabaja con las autoridades financieras para establecer un proceso previo a la aprobación y ayudar así a asegurar que tanto la industria como el regulador estén listos para cuando la nueva norma entre en vigor.

La importancia de esto ha sido destacada en las últimas semanas por la situación en Suiza, que está llegando al final de una transición de cinco años, tras el cual pretende fijar un nuevo régimen de capital, similar a Solvency II, conocido como la Prueba de Solvencia de Suiza. Al respecto, las empresas implicadas se quejaron de la carga para cumplir con todas las nuevas normas para finales de este año.

Otro aspecto de este proceso de aprobación es el alcance que tendrá el nuevo régimen europeo en la práctica. Algunos grupos más pequeños, que han crecido rápidamente en los últimos años, como Amlin, la aseguradora Lloyd's de Londres, ya tenían planeado reformar su modelo de operación y de gestión para poder adaptarse a las exigencias de la nueva norma. Ahora, tienen la oportunidad de demostrar que todo está listo para cumplir con los requisitos. Otros, todavía deben definir en dónde invertir y qué se puede adaptar de lo que ya tienen en cartera.

John Davies, un experto de la empresa Marsh Brokers, comenta: “No creo que este sea un tema del tipo Y2K (Nota de Red.: la histeria de cambio de siglo, que prometía tener consecuencias devastadoras a escala global, en 2000). Pero sí traerá grandes cambios para todo el mercado .

Actualización de las reglas

Un factor a considerar será el costo del personal especializado para transitar el camino hacia Solvency II. En muchos casos, ya ahora, el gasto por consultoría especializada está alcanzando nuevos máximos. Por caso, y según datos de las empresas de reclutamiento, los salarios para actuarios de alto nivel, capaces de supervisar este tipo proyectos al más alto nivel, se duplicaron. Por otra parte, Culmer recomienda no subestimar el costo de oportunidad oculto que suele generarse en este tipo de procesos.

En cualquier caso, las aseguradoras, en general, dicen que apoyan los efectos del nuevo régimen como se había presentado. Tim Breedon, director Ejecutivo de Legal & General y actual presidente de la Asociación de Aseguradores Británicos, recordó recientemente que el concepto básico de la actualización de las reglas utilizadas hasta la fecha solía ser: “Si usted entiende los riesgos como una empresa y si logra manejar y controlar esos riesgos, entonces usted capitalizará los beneficios de una base de capital más baja . Sin embargo, la crisis financiera ha hecho más prudente a los reguladores. La industria está alertando de que demasiada prudencia impactará de forma igualmente negativa sobre clientes minoristas y corporativos.

“Los clientes deben tener confianza en las instituciones financieras. Pero esto no equivale a un régimen sobrerregulado, basado en niveles de capital que apuntan a una tasa de fracaso cero, y que la industria se vea obligada a cambiar sus productos a tal grado que logre cubrir las necesidades de consumidores y clientes a un precio para ellos accesible , resumió Breedon.