

La función opositora es clave para el buen desenvolvimiento del Estado democrático. En países con democracias avanzadas, la oposición tiende a convertirse en una verdadera institución política a la que se le reconocen tareas de importancia.
Se pueden citar como ejemplos importantes el caso de los Estados Unidos entre republicanos y demócratas, el de Inglaterra entre laboristas y conservadores, el de España entre el Partido Popular y el Partido Socialista, y en Latinoamérica sobresale el caso de Chile donde la puja se da entre dos grandes coaliciones, la Concertación y la Alianza por Chile.
La función de la oposición es controlar, criticar y proponer soluciones de mejora para lograr una mejor calidad de gobierno. Sólo así la democracia podrá superarse día a día.
Ahora analicemos el caso de la Argentina. El Presidente cosecha índices de popularidad sostenidos en el tiempo pocas veces visto en nuestro país y genera en la sociedad una sensación de optimismo y confianza en el futuro. El panorama parece de lo más halagüeño si no fuese por la debilidad política de la oposición.
Se critica al Gobierno de actitudes hegemónicas y cabe preguntarse si tales actitudes no son la consecuencia más directa de la falencia opositora.
La opinión pública reconoce este hecho y pone luces rojas en el camino. Una encuesta de Ipsos-Mora y Araujo (realizada entre el 28 de febrero y el 5 de marzo entre 1.200 personas en forma personalizada en todo el país) señala que la oposición actual al Gobierno es insuficiente. Un 44% de los argentinos es consciente de este vacío opositor y declara que la actual oposición al Gobierno es insuficiente. Los portadores de esta opinión son más bien jóvenes residentes en el área metropolitana y de niveles sociales más bien altos.
Otro dato llamativo de la encuesta es que a la hora de identificar a los principales políticos opositores al Gobierno, el 30% no sabe quiénes son o adjudican ese rol a los piqueteros (29%). Luego aparecen los menemistas con un 17% de las menciones, Elisa Carrió con
12 %, el PJ con 7% y la UCR y Ricardo López Murphy con un 5%.
Es una paradoja que uno de los sectores con peor imagen entre los habitantes del país, como son los piqueteros, es el que encarna ante la opinión pública la tan importante tarea de oposición. Esto habla de una falencia entre los políticos profesionales para poder encarnar esa función.
Desde el lado de las demandas, se pide de la oposición que se centre en temas tales como la generación de trabajo, la educación, la seguridad, la corrupción, la salud y el control del Gobierno entre otros ítem de la agenda pública.
Actualmente, la oposición, del color que sea, se encuentra fraccionada. Este fraccionamiento es una característica de la realidad latinoamericana, que se produce tanto por la falta de concordancia en el programa de gobierno como en la línea de oposición. Los partidos tienden a carecer de perspectiva a largo plazo y de mecanismos que regulen los debates internos según la naturaleza de los problemas y no de sus trasfondos ideológicos, lo que impide que las nuevas generaciones se vean motivadas a participar en ellos.
Existe confianza y optimismo por parte de la opinión pública hacia el Gobierno, pero a la vez se exige una mayor oposición. Una oposición constructiva que colabore, con el aporte de ideas nuevas, a la reconstrucción de las instituciones y a debatir los temas de fondo para construir cada día una mejor democracia.










