

¿Cuál es la diferencia entre JPMorgan y una banana? No se trata de un chiste malo con algún remate relacionado con resbalarse y caer en uno de los bancos más poderosos del mundo. La respuesta es que quizás haya una pequeña diferencia, porque la banana (o para ser específico, la banana cavendish) representa los peligros de la falta de diversidad. Se sabe que las bananas se ven amenazadas porque el dominio de una sola variedad eleva las probabilidades de que en una crisis –por ejemplo, una peste o enfermedad– todas las bananas sobrevivan o se pierdan juntas.
Lo mismo ocurre con el sector bancario: mientras el sistema financiero lucha por sobrevivir, se está concentrando en torno a unas pocas instituciones más grandes, porque solamente ellas pueden ser consideradas demasiado grandes para quebrar. Con esto se corre el riesgo de que mañana tengamos un problema aún mayor. JPMorgan es uno de los mejores ejemplos de “banco seguro (la frase se mantendrá entre comillas durante al menos una década). Un puñado de otras entidades podrían serlo, pero sólo un puñado y ese es el punto.
Los ecologistas y biólogos llegaron a valorar la importancia de la biodiversidad a partir del estudio de los efectos debilitantes que tiene la agricultura industrial sobre los insectos, plantas, pájaros, otros animales y, en última instancia, sobre la estabilidad de los sistemas de la naturaleza.
Quienes pertenecen al ámbito de la tecnología también comprenden la necesidad de diversidad para mantener la estabilidad: una red de servidores distribuida que respalda diferentes aspectos de las operaciones funciona mucho mejor que las mainframes monolíticas.
En las ramas de las ciencias sociales que estudian las sociedades y las culturas, y en los estudios de gestión de riesgo corporativo, se comprendió que estos tipos de sistemas de redes pueden depender demasiado de personas clave - o nodos- sin siquiera darse cuenta y con desastrosos resultados si esos puntos clave no pueden operar o fallan.
La banana también es relevante para la historia de la crisis del crédito, donde se calculó erróneamente el alcance de la diversidad. Se suponía que la securitización permitiría que el mundo fuese más seguro porque diversificaba una variedad de riesgos. La tecnología que la creó se basó en la idea de que todos los tipos de frutas y vegetales se empaquetarían juntos. Desafortunadamente, sucedió que todos estaban comprando y vendiendo bananas.
Todo esto pone en evidencia los dos problemas enormes que enfrentan los políticos y los reguladores. Primero, cómo resistir y revertir la fuerza de gravedad que generan las instituciones bancarias más grandes y moverse en cambio hacia un sistema bancario más distribuido y descentralizado. Segundo, cómo proteger y promover una diversidad de operaciones en el sistema que actúa como proveedor de financiación (y cómo controlar y comprender ese sistema más amplio).
Esta segunda parte es crucial, debido al crecimiento del ahorro privado y las jubilaciones, lo que ha originado enormes pools de capital que ayudan a financiar empresas y consumidores, y borran los límites entre bancos y mercados. Tal como dijo Tim Geithner, secretario del Tesoro de Estados Unidos, cuando lanzó su plan de estabilidad: “Históricamente, el 40 por ciento de los préstamos a consumidores estadounidenses fueron posibles porque la gente compra préstamos, los junta y los vende .
Él recurrió a esto para explicar porqué él creía que su plan iba a ayudar a que se reanudase la securitización. A mi parecer, la securitización no tiene que ver con el mecanismo por el cual los fondos de inversión se canalizan hacia el préstamo, sino que demuestra que debe haber algún mecanismo.
Para proteger la diversidad y la estabilidad, el sistema crediticio –desde la banca hasta los administradores de activos, hedge funds y mercados– debe ser regulado y supervisado, una dirección hacia la que se están moviendo muy lentamente las autoridades. Sin embargo, el problema de dividir en partes a los grandes bancos es un tema político que tiene sus bemoles. Esta idea vincula el optimismo sobre la economía del Partido Conservador británico con la filosofía de algunos integrantes de los grupos que se manifestaron durante el G-20 en Londres –aunque ninguna parte quizás reciba bien la vinculación. Aunque sea difícil, este es el tema que más debería abordarse.










