

El yen hoy es un lastre enorme para Japón, ya que hace menos competitivos a sus exportadores y potencialmente exacerba las presiones deflacionarias. La decisión del G-7 ayudará a guiar el sentimiento del mercado en relación a la moneda en el corto plazo.
El escenario más positivo para el dólar y que por ende más contribuirá a desinflar al yen es el de una intervención coordinada como la que se anunció, con varios bancos centrales vendiendo yenes, junto con un relajamiento de la política monetaria japonesa. Una intervención unilateral, es decir, sólo del banco central de Japón, hubiera tenido un impacto mucho menor en lo que hace a moderar el avance de la moneda.
En lo que hace al impacto para la economía japonesa, una mirada al terremoto de Kobe de 1995 puede servir de guía. La actividad manufacturera colapsó casi 3% en enero, el mes del desastre. Sin embargo, en forma consistente con la fuerte recuperación del PIB ese trimestre, rebotó casi 2% al mes siguiente y mantuvo un ritmo fuerte durante abril antes de volver a enfriarse.
El evento también dejó su marca en la industria a nivel global. La producción fabril declinó 0,2% en enero de 1995, después de haber crecido a un promedio de 0,7% durante la segunda mitad del año anterior.
Pero es difícil decir cuánto de este fenómeno fue un reflejo del terremoto y cuánto correspondió a otros factores. EE.UU., por ejemplo, venía de varias subas de tasas, lo que había alimentado temores de un aterrizaje brusco.











