Estaba cantado: los papeles de Venezuela treparon 30% en promedio tras la caída del régimen de Nicolás Maduro el sábado. Toda la deuda soberana está en default al igual que los bonos de la destruida petrolera PDVSA. Sin embargo, tras la intervención de Estados Unidos, ahora se descuenta que el país caribeño entrará en un sendero de normalización. El interrogante pasa por cuánto tiempo llevará reconstruir su economía.

Para el consultor financiero Gustavo Lichtmajer, “Venezuela, por ahora, a estos precios están más que bien valuados los bonos porque todavía falta mucho para que el país se normalice y asuman nuevas autoridades, y luego empezará la negociación de la deuda. Siendo optimista serán dos años como mínimo asumiendo que todo sale bien. La quita será importante, los años de gracia que le darán, también; pero lo que suma acá son los intereses impagos que ya son más que la deuda”.

Agrega que, “en el caso de la mayoría de los bonos soberanos, como son emitidos con ley Nueva York, los de PDVSA no todos, si no llegan a un acuerdo seguramente habrá juicios. Pero al igual que en Ucrania y otros países, debería considerarse un tema humanitario y reducirse los intereses al mínimo”.

Al mismo tiempo, circuló un extenso informe de Bank of América sobre Venezuela. “Aunque el entusiasmo por el regreso de Venezuela a la normalidad se ha disparado, creemos que aún existen muchos obstáculos a considerar relacionados con la deuda, además de quién asumirá el liderazgo y la rapidez del aumento gradual de la producción petrolera. Prevemos un volumen de negociación y volatilidad significativos, ya que algunos inversores obtienen ganancias en un repunte, anticipando que los mercados podrían sobrepasar el alza, mientras que otros no querrán perderse una posible recuperación adicional”, destacó el banco norteamericano.

“Es probable que el proceso de reestructuración sea complejo y prolongado. La inesperada salida de Maduro del poder abre la posibilidad de futuras negociaciones para reestructurar la deuda venezolana en default. Y un escenario más constructivo para la producción petrolera si la transición tiene éxito, lo que a su vez mejoraría la capacidad de pago de la deuda de Venezuela. Sin embargo, es probable que el proceso de reestructuración de la deuda sea complejo y prolongado (en nuestra opinión, probablemente durará varios años)”, destaca el BofA.

Creemos que la lección más importante de la reestructuración iraquí es que el gobierno estadounidense cuenta con importantes herramientas a su disposición para reducir el poder de negociación de los acreedores y, por lo tanto, disuadir a los holdouts.

Un escenario negativo para los acreedores sería aquel en el que el gobierno estadounidense pudiera utilizar su influencia para priorizar la reconstrucción de Venezuela en lugar de los acreedores tradicionales. Si Estados Unidos adoptara este enfoque, el precedente de la posguerra en Irak demuestra que podría utilizar su influencia para reducir drásticamente el valor de recuperación de la deuda tradicional. Este argumento que destaca el BofA es clave, tiene sustento y al mismo tiempo pone un techo al alza de los bonos.

“Creemos que la lección más importante de la reestructuración iraquí es que el gobierno estadounidense cuenta con importantes herramientas a su disposición para reducir el poder de negociación de los acreedores y, por lo tanto, disuadir a los holdouts. La reestructuración iraquí sentó el precedente de utilizar órdenes ejecutivas estadounidenses para proteger los activos extranjeros y las ventas de petróleo de Irak. Como resultado, los posibles acreedores no pudieron recurrir al sistema legal estadounidense para embargar activos iraquíes. Cabe destacar, sin embargo, que en el caso de Irak no había eurobonos en circulación, solo acreedores comerciales”, concluye.