Hay que dolarizar la Argentina

Debido a que existe muchísimo desconocimiento acerca de una dolarización completa, utilizaré esta columna para resolver dudas acerca de esta decisión tan disruptiva, radical y única que necesita la Argentina para volver a la senda de crecimiento sostenido.

En primer lugar, es importante remarcar algunos aspectos técnicos que difieren radicalmente de la convertibilidad de los '90. La dolarización completa de una economía reside en que se pierde definitivamente la moneda local para dar paso al dólar como moneda de curso legal y único en el país.

Esta diferencia es muy importante, ya que durante la convertibilidad existía el temor constante que se pueda perder la paridad del "1 a 1" debido a malos manejos financieros del Tesoro y del Banco Central (BCRA). En nuestra propuesta, los dólares están en poder de la gente, en sus casas, cajas de seguridad, bolsillos, cajones de mesa de luz. Durante la convertibilidad, el grueso de los dólares los tenía un tercero que poca confianza generaba. Uno de los mayores errores de dicho programa noventista fue que la propuesta económica deja de ser sólida al poco tiempo porque no fue una convertibilidad ortodoxa donde, en palabras llanas, "la gente podía confiar que sus ahorros en pesos estaban cubiertos y disponibles en dólares".

Es decir, nuestra primera conclusión es que es un error conceptual comparar la convertibilidad con una dolarización completa en el país debido a como se concibe cada política monetaria difiere desde sus cimientos. 

En segundo lugar, el frente fiscal es un tema de debate acerca de la sostenibilidad de una dolarización completa debido a que en dicho programa se pierde un canal clave de financiamiento al Estado, la emisión monetaria

La experiencia indica que en países como Ecuador, que llevan dos décadas dolarizados, los desastres fiscales tuvieron consecuencias limitadas en el plano monetario y económico. El gobierno de Correa, que gobernó Ecuador durante dos ciclos de cuatro años, llevó al país a un déficit primario de alrededor del 6-7% anual, absolutamente insostenible en el tiempo.

Sin embargo, la economía ecuatoriana no explota por las nubes, sino que sigue dolarizada, sin inflación y una reestructuración de deuda que permitió el acceso a créditos internacionales. La dolarización sigue siendo la única política de Estado que tiene una adhesión mayor al 90% de la población y que con gobiernos de izquierda y de derecha, se mantuvo en el tiempo, generando la bendita estabilidad que le falta a nuestro país.

Por lo tanto, la segunda conclusión es que una economía dolarizada podría convivir determinados plazos de tiempo con déficit fiscales sin terminar en un caos. La economía de Ecuador solo tuvo un año de crecimiento negativo en su historia desde que en el 2001 se dolarizó. En 2016 tuvo una recesión de 1,2% de su PBI. En 2000, tenía un PBI a precios actuales de u$s 18 mil millones y a fines de 2019 de u$s 107 mil millones, creciendo fuertemente en estas dos décadas y prácticamente sin períodos recesivos.

En tercer lugar, analicemos las nefastas consecuencias para la economía del bimonetarismo y la única forma de resolver la inflación en la Argentina. Tomemos el ejemplo de una familia donde el marido tiene dos "amores". Con una tiene hijos, invierte su futuro, su stock genético pero con Daniela tiene una relación netamente física, transaccional y de momentos. Dos conclusiones podemos sacar a priori, una que esa familia no es una familia sino que es una farsa y no funciona como una verdadera familia y por otro lado, que el status quo del marido pende de un hilo que en cualquier momento puede volar por los aires.

El bimonetarismo, salvando las distancias, genera los mismos problemas ya que de por si ninguna economía en el mundo puede funcionar sin moneda. Y por otro lado, la inestabilidad constante de la disyuntiva entre dólares y pesos. Por lo tanto, no existe otro camino para encontrar un crecimiento sostenido que eliminar a Daniela, construir donde tenemos depositado la mayor confianza y empezar a funcionar como una verdadera familia: la batalla de Daniela y el peso está perdida.

Por otro lado, una de las peores consecuencias que genera el bimonetarismo es la inflación en la Argentina. Porque a pesar de que pensemos que con superávit fiscal la inflación se resuelve en este país, los factores monetario, psicológico y de costumbres tienen un peso fenomenal en la ecuación.

En consecuencia, la tercera conclusión radica en que si queremos desarrollar una economía en el largo plazo con estabilidad necesitamos de una única moneda. Y dicha moneda ya fue elegida mayoritariamente por la población argentina.

Finalmente, está la discusión acerca de si con la dolarización alcanza o no alcanza para volver al crecimiento sostenido y las consecuencias adversas que puede generar sobre la productividad, las exportaciones y la economía real en el largo plazo.

La dolarización no es la receta mágica para resolver todos los problemas estructurales de la Argentina pero sí es un catalizador fundamental y la punta de lanza para llevar adelante las reformas impositivas y laborales necesarias para crecer sostenidamente. No existe ninguna posibilidad de que la Argentina lleve adelante esas reformas si no cuenta con una política económica disruptiva que nos lleve al límite de decir "no queda otro camino que reformar".

Por lo tanto, la dolarización acompañada de reformas profundas garantiza el crecimiento sostenido en el largo plazo, potenciando las exportaciones, pero no solo de granos sino de servicios, conocimiento y fortaleciendo los canales de financiamiento para la economía real a través de un robustecimiento de los mercado de capitales.

La última conclusión implica que sólo una propuesta económica tan disruptiva y exigente como la dolarización va a dar lugar a las reformas estructurales en materia impositiva y laboral para generar la estabilidad necesaria y desarrollar la economía en el largo plazo.


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