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La calma cambiaria comenzó a mostrar un costo. El endurecimiento de las condiciones monetarias permitió mantener al dólar oficial alrededor de los $1.500 y favoreció la compresión de los tipos de cambio financieros.
Sin embargo, las tasas más elevadas abrieron otra discusión en el mercado: cuánto tiempo puede sostenerse esta estrategia sin perjudicar la actividad económica y, finalmente, el precio de los bonos y las acciones argentinas.
Un informe de Inviu interpreta el movimiento como parte de una combinación de herramientas utilizadas para contener la presión cambiaria.
Mientras las intervenciones en los mercados de futuros y de instrumentos dólar linked moderan las expectativas de devaluación, las tasas cortas más altas buscan apuntalar la demanda de activos en pesos y desalentar la dolarización de las carteras.
La estrategia produjo resultados en el corto plazo. Según el reporte, el tipo de cambio oficial se mantuvo dentro de la zona de $1.490 a $1.500, mientras el dólar MEP y el contado con liquidación retrocedieron.

La brecha entre mercados llegó a comprimirse hasta 3,34%, en un contexto en el que aumentó el costo de permanecer líquido en pesos para luego comprar dólares.
En paralelo, los pases bancarios llegaron a promediar 26,5% nominal anual y la caución overnight se alejó del piso cercano al 20% que había mostrado durante las ruedas anteriores.
Para Inviu, el mercado estaría encontrando un nuevo punto de equilibrio para las tasas cortas por encima de aquel rango.
Las tasas también alcanzaron a la deuda del Tesoro
El ajuste se trasladó hacia los títulos públicos en pesos, aunque con menor intensidad. La curva de Lecap y Boncap pasó a operar alrededor de 2,25% mensual o por encima de ese nivel, con un incremento aproximado de 15 puntos básicos frente a la semana anterior.
La corrección resultó más marcada entre los bonos ajustados por inflación. De acuerdo con Inviu, la mayoría de los títulos CER con vencimiento posterior a 2026 superó el 7% de rendimiento real, afectada también por el reacomodamiento de las tasas internacionales.
La licitación del Tesoro funcionó como un estabilizador. El Ministerio de Economía refinanció el 100,26% de los $4,49 billones que vencían, con una fuerte concentración en la Lecap corta, que captó $3,29 billones. Las tasas adjudicadas se ubicaron mayormente cerca de las condiciones de mercado y las curvas prácticamente no se modificaron después de la operación.
Para Inviu, esto muestra que el objetivo de la licitación habría sido consolidar la estabilidad de la deuda en pesos, sin enviar una señal agresiva adicional sobre los rendimientos.

El interrogante, sin embargo, no está puesto en la eficacia inmediata de la estrategia, sino en su duración.
Del carry al crédito
El economista y CFA charterholder Nauhel Bernues explica que una tasa real elevada cumple inicialmente una función clara: hacer más atractivo permanecer en pesos.
“Si quedarte en pesos te paga bien, no corrés al dólar, el tipo de cambio se calma y la desinflación tiene un ancla más”, sintetizó el experto. Pero ese rendimiento no aparece de manera gratuita. La tasa que recibe quien realiza una colocación es, al mismo tiempo, un costo que debe afrontar otro actor de la economía.
Del otro lado se encuentran las empresas que necesitan financiar capital de trabajo, cubrir un descubierto, descontar un cheque o conseguir fondos para pagar salarios. Cuando las tasas suben, todas esas operaciones se encarecen.
Ante ese escenario, las compañías pueden reducir sus inventarios, postergar inversiones o extender la cadena de pagos. Los consumidores también encuentran cuotas más caras y aplazan decisiones de compra. El efecto no necesariamente se manifiesta como una caída abrupta, sino como un enfriamiento progresivo de la economía.

Bernues también señala el riesgo de desplazamiento del crédito privado. Si los bancos encuentran mejores condiciones para colocar sus fondos en títulos del Tesoro, disminuyen los incentivos para financiar a pequeñas y medianas empresas, especialmente cuando esos préstamos incorporan un riesgo crediticio mayor.
“Cuando el dinero quieto rinde más que el dinero trabajando, la economía entera tiene menos tracción”, sostuvo.
Inviu llega a una advertencia similar. El crédito en pesos ya se encontraba encarecido por el esquema de integración diaria de los encajes y la suba de las tasas de caución y REPO agrega un piso más elevado al costo del fondeo de corto plazo.
La cadena que puede llegar hasta los bonos
El planteo de Bernues conecta ese encarecimiento del crédito con el precio de los activos argentinos. La cadena comienza con las tasas, continúa en la economía real y termina en las cuentas públicas:
Tasas más altas, crédito más caro, menor actividad, menor recaudación, mayor presión fiscal y aumento del riesgo soberano.
Una empresa con menor acceso al financiamiento compra menos insumos, reduce inversiones o disminuye su producción. Al mismo tiempo, un consumidor que enfrenta cuotas más costosas posterga gastos. Multiplicadas en toda la economía, estas decisiones pueden deteriorar la actividad.
La recaudación suele acompañar ese movimiento con rezago. El IVA depende del consumo; Ganancias, de la rentabilidad; y el impuesto a los débitos y créditos, del movimiento de dinero dentro del sistema financiero.
Esto resulta especialmente relevante porque el equilibrio fiscal constituye uno de los pilares del programa económico. Si la recaudación pierde fuerza, el Gobierno debe compensarlo mediante un mayor ajuste del gasto o aceptar un deterioro del resultado fiscal. Ambas alternativas tienen costos económicos o políticos.
El último eslabón aparece en el mercado de deuda. Los inversores no solamente observan el resultado fiscal actual: también evalúan si el Estado generará los recursos necesarios para atender los próximos vencimientos de capital e intereses.
Si aparecen dudas sobre esa capacidad, el riesgo país puede aumentar. Eso reduce el precio de los bonos soberanos y eleva la tasa de descuento aplicada a los activos argentinos.
El impacto también alcanza a las acciones. Una mayor tasa de descuento reduce el valor presente de los flujos futuros de las compañías, mientras un riesgo soberano más alto encarece el financiamiento para las empresas que buscan colocar deuda en el mercado.
“Una tasa alta sostenida no es solo un premio al que hace carry; puede ser el arranque de un repricing bajista de todos los activos argentinos”, advirtió Bernues.
El riesgo cambia de lugar
Las dos miradas de esta nota no cuestionan que las tasas más elevadas puedan servir para atravesar una tensión cambiaria. La advertencia se concentra en cuánto tiempo debe permanecer vigente ese esquema.
Bernues distingue entre una suba transitoria, utilizada como puente durante algunos meses, y un nivel que la economía real no puede sostener. La primera puede estabilizar el mercado. La segunda corre el riesgo de trasladar la presión desde el dólar hacia la actividad, las cuentas públicas y los activos financieros.
“La tasa alta no elimina el riesgo, lo muda de lugar. Lo saca del dólar de hoy y lo esconde en el bono de mañana”, resumió.
Inviu también considera exigente el equilibrio administrado por el BCRA y el Tesoro. Las tasas deben ser suficientemente elevadas para sostener el atractivo de los pesos, pero no tanto como para ahogar la actividad o debilitar la demanda de instrumentos del Tesoro.
En ese contexto, la flexibilización de los préstamos en dólares puede interpretarse como una vía alternativa para financiar al sector privado sin liberar las condiciones monetarias en pesos. La medida habilita a los bancos a destinar hasta el 15% de sus depósitos en moneda extranjera a empresas obligadas a vender las divisas recibidas en el mercado oficial.
Según Inviu, el mecanismo podría generar una oferta potencial de hasta u$s 6.000 millones y reforzar la capacidad del Banco Central para acumular reservas. Se trata, no obstante, de un potencial máximo y no de un volumen asegurado de nuevos créditos.
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