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Elecciones en Colombia: Rodolfo Hernández, el millonario y polémico candidato que es profeta en su propia tierra

El populista, de comunicación directa y fuerte en las redes sociales, competirá este domingo por la presidencia de Colombia contra Gustavo Petro, el favorito de las elecciones hasta hace un tiempo

Si Rodolfo Hernández tiene éxito en su improbable intento de ganar las elecciones presidenciales de Colombia este domingo, podrá atribuírselo al uso inteligente de las redes sociales por parte de su equipo de campaña y el ferviente apoyo en su ciudad natal, Bucaramanga.

El empresario de 77 años, un populista que a veces se compara con Donald Trump, fue alcalde de Bucaramanga durante cuatro años hasta 2019 y ha utilizado ese cargo como trampolín para su candidatura presidencial.

Huyendo de los actos tradicionales, ha dado pocas entrevistas durante la campaña y se ha negado a participar en los últimos debates presidenciales, prefiriendo comunicarse a través de TikTok, Facebook y Twitter.

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"Rodolfo Hernández no es el típico candidato", le dijo Danny Miranda, director creativo de la campaña de Hernández, al Financial Times desde el interior de la elegante casa de dos pisos en Bucaramanga que sirve de sede de la campaña.

"Si publicas un video que dura siete, ocho, nueve minutos en las redes sociales, nadie lo ve. De eso parece no darse cuenta la gente que trabaja en las campañas políticas tradicionales", explicó.

"La forma de hablar de Rodolfo se presta a las redes sociales. Sus frases son cortas, contundentes y claras. Hemos publicado entre 10 y 13 comunicaciones cortas al día, mientras que en una campaña normal serían sólo tres o cuatro".

La estrategia ha dado sus frutos.

En la primera vuelta de las elecciones, el mes pasado, Hernández dio la sorpresa al quedar en segundo lugar, ganando un lugar en el ballotage de este fin de semana contra Gustavo Petro, un exguerrillero de izquierda y alcalde de Bogotá.

Ambos, de manera muy diferente, son candidatos antisistema. Pero quien gane el domingo probablemente llevará a Colombia -el tercer país más poblado de América latina- por un camino radicalmente distinto al que ha seguido en las últimas décadas, cuando ha sido gobernado en gran medida por dirigentes de la clase dirigente tradicional del país.

A nivel nacional, Hernández obtuvo sólo el 28% de los votos en la primera vuelta. Pero en Bucaramanga, una ciudad de 500.000 habitantes enclavada en las estribaciones de los Andes orientales, obtuvo el 64%. En el vecino departamento de Santander, obtuvo el 67%. Casi una de cada ocho personas que votaron por él a nivel nacional vive en Santander.

"Aquí todos somos rodolfistas", dice Damaris Suárez, sentada en un banco del parque García Rovira de Bucaramanga, una bonita plaza con palmeras frente a la alcaldía.

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"En Santander tenemos fama de ser francos, de decir las cosas como son, de ser honestos, y Rodolfo también es así. A algunos no les gusta, pero a muchos sí".

Súarez añadió: "La mayoría de la gente tiene un buen recuerdo de su etapa como alcalde. Se enfrentó a los políticos corruptos que llevaban años en el poder aquí y se deshizo de ellos. Ahora esperamos que pueda hacer lo mismo en el resto de Colombia".

En toda Bucaramanga hay señales de la popularidad de Hernández. Su rostro se ve en calcomanias en las ventanillas de los coches, mientras que los visitantes de su sede son recibidos en la entrada por un recorte de cartón de tamaño natural.

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A veces abrasivo o incluso ofensivo, Hernández es propenso a cometer errores. En una entrevista en 2016 se describió a sí mismo como "un seguidor de un gran pensador alemán, Adolf Hitler", para luego corregirse y decir que confundía a Hitler con Albert Einstein.

Como alcalde, enfureció a los bomberos de Bucaramanga al arremeter contra ellos como "gordos y vagos".

La semana pasada dijo que había hablado por teléfono con "el director de las Naciones Unidas", Luis Almagro, que en realidad es el jefe de la Organización de Estados Americanos. También pidió disculpas a los cristianos por unos comentarios pintorescos y políticamente incorrectos sobre la Virgen María.

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Como alcalde, fue suspendido del cargo en dos ocasiones: la primera por darle una cachetada a un concejal en una discusión sobre corrupción y la segunda por infringir las normas colombianas sobre la campaña electoral. Ninguno de los dos incidentes pareció mermar su popularidad en Bucaramanga e incluso puede haberla aumentado.

Su edad, su riqueza y sus ataques a la clase política han alimentado las comparaciones con Trump. Otros lo comparan con el italiano Silvio Berlusconi, tal vez en referencia a su bronceado permanente y su peinado cuidadosamente arreglado. Otros dicen que su populismo autoritario y el uso de las redes sociales les recuerdan al salvadoreño Nayib Bukele.

"Rodolfo es muy astuto y se mueve mucho por el dinero", dijo un residente de Bucaramanga que conoce a Hernández de su época de alcalde. "Personalmente, no diría que su tiempo como alcalde fue un gran éxito, fue 50-50. Pero sin duda es un gran comunicador con la gente común".

Hernández hizo su riqueza en el sector de la construcción y ha utilizado ese dinero para financiar su campaña. No tiene partido político y lidera un movimiento improvisado llamado la Liga de Gobernadores Anticorrupción. Si llega a ser presidente, puede tener dificultades para formar una coalición que funcione en el Congreso, tras haber reprendido a la mayoría de los principales partidos que lo componen.

Su compañera de fórmula en la vicepresidencia es Marelen Castillo, una profesora que asumió la candidatura apenas en marzo pasado. Castillo no tiene experiencia política, pero se convertiría en la presidenta de Colombia si Hernández muriera en el cargo.

Hernández, a pesar de presentarse con una fuerte candidatura anticorrupción, también enfrenta sus propias acusaciones de corrupción. Se le acusa de intentar adjudicar un contrato como alcalde que habría beneficiado económicamente a su hijo. El caso irá a juicio el 21 de julio, después de las elecciones pero antes de que el nuevo presidente tome posesión.

La votación del domingo promete ser reñida. Las últimas encuestas sugerían que Hernández aventajaba a Petro, pero la diferencia entre los dos candidatos se había reducido y estaban técnicamente empatados.

Petro ha cuestionado repetidamente la neutralidad de las autoridades electorales colombianas, haciendo temer que pueda impugnar los resultados si pierde, mientras que Hernández ha dicho que confía en el sistema electoral. "Gane o pierda, aceptaré los resultados sin dudarlo", dijo.

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