

A medida que las aseguradoras y reaseguradoras toman contacto con clientes y con sus propios equipos y subsidiarias en Japón pueden iniciar el doloroso proceso de evaluar el real alcance de los daños y las pérdidas generadas por la devastadora combinación que representó el terremoto y posterior tsunami, ocurridos en el país asiático.
Las primeras estimaciones de las pérdidas todavía se mueven en un margen amplio: desde alrededor de u$s 10.000 millones a más de u$s 60.000 millones.
Cabe destacar que el desastre sigue a los dos grandes terremotos en Nueva Zelanda y a lasno menos devastadoras inundaciones ocurridas en Australia.
Por su parte, inversores, analistas y consultores en la industria son conscientes del impacto que generan tales eventos sobre el delicado proceso de generadores de precios. Dependiendo de la experiencia que haya acumulado la industria en la materia, los efecto de un volumen de pérdidas súbitas y grandes puede generar dos impacto. En el peor de los casos, puede causar la bancarrota de compañías, dando lugar a pérdidas financieras más allá de la propia industria que pueden desembocar , incluso, en la interrupción de cobertura. Al mismo tiempo, otras, también grandes erogaciones, logran ser absorbidas con poco o ningún efecto sobre el mercado.
Dos extremos
No obstante, entre esos dos extremos, las pérdidas pueden ser lo suficientemente grandes como para dejar a todas las empresas intactas, pero con un impacto lo suficientemente fuerte sobre su capital como para que los precios de seguro se eleven bruscamente a nivel general, generando mayores beneficios en los años consiguientes salvo, por supuesto, que vuelvan a sufrir pérdidas mayores adicionales.
Es importante entender que [el desastre de Japón] no se ha producido en un vacío, indica David Flandro, jefe Global de Inteligencia de Negocios en Guy Carpenter, la división de reaseguros de Marsh. Nueva Zelanda y Australia combinados podrían costar más de u$s 20.000 millones, agotando de esta forma una parte importante de los presupuestos de la catástrofe.
En ambos países la mayoría del riesgo está reasegurado porque el mercado de la industria local es reducido. Si bien Japón tiene el tercer segmento de seguros más grande, después de los Estados Unidos (EE.UU.) y Alemania y los aseguradores nipones retienen grandes cantidades de riesgo local, la cobetura por terremotos es baja, estando presente en tan sólo un 14-17% de las pólizas, de acuerdo con AIR, una agencia de evaluación de catástrofes.
Por otro lado, el daño en Japón sumado a las pérdidas anteriores de este año (Nueva Zelanda y Australia) deja presuponer que las reaseguradoras globales no sólo verán una fuerte reducción en sus ganancias, sino también una pérdida de capital. Pero esto, también aumenta las posibilidades de que la reciente caída de los precios para cobertura contra catástrofes se detenga o, incluso, se invierta, según anticipan los analistas y consultores. En nuestra opinión, la pérdidas será tan grande que probablemente funcione como disparador de una re-evaluación del sector No Vida, a medida que una cantidad suficiente de capital es eliminada del mercado, permitiendo que las tasas vayan en aumento, pronostica Barrie Cornes, de la firma Panmure Securities de Londres.
Para poner las pérdidas japonesas en contexto: la última década ha sido testigo de dos acontecimientos que afectaron la evolución de los precios de seguros. Los ataques terroristas de 2001 en los EE.UU. dieron lugar a pérdidas de al menos de
u$s 20.000 millones. Pero se produjeron en momentos en que la economía y los mercados de inversión estaban bajo presión, dando lugar a un período de precios altos. Por su parte, los huracanes Katrina, Rita y Wilma, en 2005, causaron u$s 60.000 millones en pérdidas de seguros, pero llegaron en un momento de mercados en auge. Luego, hubo un fuerte aumento de los precios, pero estos quedaron sin efecto a medida que se inyectaron más de u$s 35 billones de capital nuevo en la industria. z










