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Un grupo de científicos descubrió una ameba en un arroyo del parque volcánico Lassen, en California (Estados Unidos), capaz de vivir, alimentarse y reproducirse a una temperatura de 63 grados centígrados.

El hallazgo de la llamada “ameba de fuego” ya había sido dado a conocer en 2025. Los investigadores publicaron los primeros resultados en un preprint en bioRxiv el 24 de noviembre de ese año y, el 2 de diciembre, la revista Nature informó sobre el descubrimiento.

Ahora, la investigación fue publicada el 22 de septiembre de 2026 en la revista científica Cell, después de pasar por el proceso de publicación científica de la revista.

La particularidad de este descubrimiento radica en que este organismo unicelular es el primer eucariota conocido capaz de reproducirse a una temperatura de 63 grados, por encima del anterior límite conocido, que era de 60 grados.

El descubrimiento de una ameba unicelular capaz de reproducirse a temperaturas superiores a 60 grados

En diálogo con El País, Beryl Rappaport, una de las principales investigadoras del estudio, ha explicado que el objetivo del estudio “era el lago Boiling Springs [que en inglés significa manantiales hirvientes], una espectacular masa de agua burbujeante y de color turquesa”.

En este contexto, la especialista explicó que los científicos buscaban otra especie de ameba conocida por su capacidad de sobrevivir a temperaturas de hasta 54 grados, en condiciones de extrema acidez.

Durante la investigación, la intuición y la curiosidad fueron factores clave que derivaron en el descubrimiento de la denominada “ameba de fuego”.

Esto se debe a que, según explicó Rappaport a El País, los investigadores se encontraron “con que las dos únicas muestras del arroyo, comparadas con los múltiples frascos que recogimos en el lago, contenían mucha más diversidad microbiana. Y en ellas estaba la ameba de fuego”.

Esto significa que si bien estas dos muestras no formaban parte del objetivo principal de la investigación, fueron clave para dar con la ameba que sentó un nuevo precedente respecto a las temperaturas a las que pueden reproducirse estos organismos.

De dónde surge el nombre “ameba de fuego”

Según detalló la investigadora, el apodo “ameba de fuego” surge de su nombre científico, Incendiamoeba cascadensis. El género Incendiamoeba proviene del latín y hace referencia al fuego, mientras que cascadensis hace alusión a la cordillera de las cascadas, donde se encuentra el parque volcánico en el que hallaron a este organismo unicelular.

Beryl Rappaport ha explicado que, si bien en un inicio no encontraron nada en las muestras del arroyo, después de una semana al calor de la incubadora, la “ameba de fuego” comenzó a hacerse visible ante el microscopio.

Los autores del estudio comprobaron que el organismo crecía a 57 grados, una temperatura que ya igualaba el límite previamente documentado para otras amebas. Posteriormente, aumentaron la temperatura y observaron que continuaba reproduciéndose hasta los 63 °C.

Además, seguía moviéndose hasta los 64 grados. Incluso, en los ensayos de laboratorio, fue capaz de enquistarse y recuperarse después de una exposición de cinco minutos a 70 °C.

De esta forma, la investigación dedujo que la “ameba de fuego” puede funcionar normalmente en temperaturas que oscilan entre los 42 y 63 grados, aunque el rango de crecimiento óptimo está ubicado entre los 55 y 57 grados. El estudio clasificó a la especie como un organismo eucariota termófilo, lo que implica que está adaptado para soportar y prosperar a temperaturas ambientales inusualmente altas.

Incendiamoeba cascadensis a 55 grados (foto: Beryl Rappaport / Cell Press / CC BY-SA)
Incendiamoeba cascadensis a 55 grados (foto: Beryl Rappaport / Cell Press / CC BY-SA)Beryl Rappaport

Además, la ameba sorprendió a los investigadores por su capacidad para cambiar de forma fácilmente. Esto debido a que, en su estado normal, es una masa amorfa y lenta que se alimenta de bacterias termófilas, filamentosas y alargadas.

Por el contrario, en su otro estado, adquiere una forma similar a la de un gusano. Rappaport ha explicado a El País que esta forma le otorga una rapidez útil “para escapar cuando la temperatura del agua se sale de su zona de confort”.