Millones de familias en todo el mundo comparten algunas costumbres y difieren en otras. Así, la ciencia estudia estos comportamientos y realiza seguimientos de desarrollo cognitivo a partir de los hábitos de cada grupo familiar.
Es en una de estas investigaciones que se ha descubierto que compartir y disfrutar comidas en familia favorece la salud y el desarrollo durante la infancia y la adolescencia.
El estudio fue realizado en 2021 por científicos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y publicado en la revista científica de acceso abierto International Journal of Environmental Research and Public Health. Allí, los expertos argumentan que este hábito cotidiano puede evitar la obesidad y mejorar la salud en las etapas iniciales de la vida.
¿Por qué recomiendan comer en familia como un hábito saludable?
La investigación establece que algunas rutinas de las comidas familiares, como compartir los alimentos, sentarse alrededor de una mesa sin aparatos digitales o tener una conversación agradable, son aspectos beneficiosos para la adolescencia y contribuyen a su salud.
Para el estudio se realizaron entrevistas en profundidad a familias de Cataluña con adolescentes de entre doce y dieciséis años para analizar uno de los aspectos menos estudiados de la dieta mediterránea: la socialización en las comidas.
“Hasta ahora, los estudios habían hallado que una mayor frecuencia de comidas en familia se asociaba a beneficios por el desarrollo saludable de los adolescentes. Pero no estaba claro el porqué de esta asociación. Esta investigación profundiza en los mecanismos que podrían explicarlo”, explica el profesor del Departamento de Psicología Clínica y de la Salud de la UAB David Sánchez-Carracedo en declaraciones recogidas por la UAB.
¿Qué es la dieta mediterránea y por qué la recomiendan los expertos?
La dieta mediterránea se basa en el consumo de alimentos de origen vegetal como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos, junto con el uso predominante de aceite de oliva como principal fuente de grasa.
Diversas investigaciones respaldan sus beneficios. Un estudio de la Harvard T.H. Chan School of Public Health destaca que este modelo alimentario se asocia con una reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y mortalidad general, lo que lo posiciona como uno de los más saludables a nivel global.
Además, organismos como la Fundación Dieta Mediterránea señalan que su equilibrio nutricional contribuye al mantenimiento del peso y a una mejor calidad de vida a largo plazo.
La importancia de conversar durante las comidas
Para determinar la influencia de los almuerzos, los investigadores analizaron la frecuencia y la duración de las comidas familiares, el lugar donde se hacían, el uso de aparatos digitales y el tipo de comunicación.
La investigación identificó que las comidas familiares eran un espacio para comunicarse y socializar, y que cuando las familias les dedicaban menos tiempo, no se sentaban a la mesa, se distraían con aparatos digitales o no mantenían conversaciones agradables en estos encuentros, también seguían en menor medida la dieta mediterránea.
Para la experta en nutrición Anna Bach-Faig, preservar las tradiciones en la manera de comer es esencial para conservar los beneficios de la dieta mediterránea y promover la salud de las nuevas generaciones.
Unos pocos minutos alrededor de una mesa durante las comidas pueden parecer insignificantes dentro de una jornada diaria. Sin embargo, la evidencia empírica apunta a que este hábito puede estar relacionado con diferentes aspectos del desarrollo académico, social y emocional de los niños y adolescentes.