

Hay elementos de la ciudad que parecen tan permanentes como el propio suelo. El asfalto lleva más de un siglo siendo la solución universal para cubrir calles, aceras y carreteras de todo el mundo. Nadie lo cuestionaba ni creía que pudiera fabricarse de otra manera.
Ahora, por primera vez, hay una alternativa que no solo iguala su resistencia sino que la supera, contamina menos durante su fabricación, almacena carbono en lugar de emitirlo y aguanta mejor las olas de calor que cada verano golpean con más fuerza las ciudades europeas.
Barcelona acaba de aprobar los dos primeros proyectos piloto para llevar este nuevo pavimento a sus calles. Las primeras instalaciones comenzarán en 2027. Si los ensayos confirman los resultados obtenidos en laboratorio, el modelo podría extenderse al resto de España y al conjunto de Europa.

Qué es el asfalto de huesos de aceituna y cómo funciona
El proyecto se llama Biochar y fue desarrollado conjuntamente por ELSAN, AMSA y la Universitat Politècnica de Catalunya, con la tecnología de la empresa Carboliva. Su funcionamiento parte de una idea sorprendentemente simple: sustituir el filler calcáreo, el componente mineral que forma parte de las mezclas asfálticas tradicionales, por carbón vegetal obtenido a partir de huesos de aceituna y biomasa de pino.
El resultado es un material que actúa como sumidero de carbono dentro del propio pavimento. En lugar de emitir CO2 durante su fabricación, lo captura y lo almacena.
Los ensayos técnicos realizados por los equipos de la Universitat Politècnica de Catalunya muestran que el nuevo asfalto iguala o supera la resistencia del convencional, responde mejor ante la lluvia y los cambios de temperatura y presenta menos problemas de fisuración con el paso del tiempo.

Por qué Barcelona decidió cambiar el suelo de sus calles
La decisión no es solo medioambiental. Tiene una dimensión económica y climática directa. Las ciudades europeas afrontan cada verano olas de calor más largas e intensas, y el asfalto convencional es uno de los materiales que más calor retiene y libera en el entorno urbano.
Ese efecto contribuye al llamado “efecto isla de calor”, que puede elevar la temperatura de una ciudad varios grados por encima del entorno rural.
La convocatoria “La sección de calle del siglo XXI”, impulsada por el Ayuntamiento junto con BIT Habitat y la Diputación de Barcelona, recibió seis propuestas y seleccionó las dos que presentaban soluciones inexistentes en el mercado.
Cada equipo ganador recibió 90.000 euros para financiar el diseño, las pruebas y el seguimiento posterior, una cifra que cubre aproximadamente el 80% del coste total de los proyectos.
Cuándo llegarán las primeras calles con asfalto ecológico a Barcelona
La fase de investigación y prototipado permanecerá abierta hasta septiembre de 2026. A partir de ese momento, las pruebas piloto se trasladarán a distintas obras del espacio público de Barcelona bajo la gestión de BIMSA, que supervisará el comportamiento del pavimento durante 12 meses en condiciones reales de uso.
Los técnicos medirán la resistencia, la durabilidad y la viabilidad de extender el sistema a otras calles de la ciudad. Si los resultados confirman los obtenidos en laboratorio, las primeras calles con asfalto de biochar comenzarán a instalarse de forma permanente en 2027.
La iniciativa no es la primera apuesta de Barcelona por materiales sostenibles en el espacio público. En 2022, el Ayuntamiento ya lanzó una convocatoria para renovar el tradicional panot barcelonés, la baldosa característica de sus aceras, buscando mantener su imagen histórica mediante la incorporación de materiales reutilizados. El nuevo programa amplía esa línea de trabajo hasta las capas interiores del asfalto y las calzadas.














