El Gobierno decidió avanzar en una agenda legislativa que incluya la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, texto que define las obligaciones, alcances y limitaciones de la entidad monetaria.
En la última revisión que el FMI realizó sobre el programa firmado con Argentina, se plasmó el compromiso de avanzar en una reforma del texto para septiembre de este año.
El objetivo explicitado es el de mejorar la independencia y autonomía de la entidad que hoy conduce Santiago Bausili, cambiar la política contable y la gobernanza del organismo.
Los cambios
En la segunda revisión del programa, el FMI elogió los avances en la transparencia del organismo, y en particular pidió mejoras en la transparencia de la entidad monetaria, ilustrada en el regreso de la publicación regular y la conferencia de prensa del Informe de Política Monetaria (IPOM), una publicación trimestral que detalla la evaluación que sustenta las decisiones de política económica, además del análisis de la entidad sobre la coyuntura local e internacional y el avance de la inflación.
Allí también se incluyó la consideración de que “persisten importantes vulnerabilidades, especialmente en el marco jurídico, donde la Carta Orgánica no salvaguarda adecuadamente su mandato, autonomía ni gobernanza”.
Este es un punto recurrente entre los economistas, que plantean la necesidad de que el presidente del Banco Central tenga efectivamente autonomía del Poder Ejecutivo y del Ministerio de Economía. El último presidente del Banco Central que fue votado por el Congreso fue Pedro Pou en 1998, quien fue luego destituido. Desde entonces, los presidentes de la entidad llegaron al cargo en comisión, sin aprobación del Senado, y abandonaron la gestión junto al Poder Ejecutivo.
La independencia del presidente de la entidad monetaria es una norma en el mundo, y la intervención del Ejecutivo suele generar disrupciones en los mercados, como en el caso reciente de Estados Unidos.
También apuntaron que las prácticas de información financiera no se ajustan a las normas internacionales.
Si bien elogiaron las mejoras para la gestión y administración de los fondos del FMI, revelaron que se trabaja en un plan de transición a las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), las cuales permitirían la comparabilidad con otros países.
Fue en este marco que puso a disposición su asistencia técnica. El FMI ya elaboró recomendaciones para la implementación de las NIIF en los bancos centrales, entre los que destaca la limitación a la distribución de ganancias no realizadas (provenientes de revaluaciones cambiarias), el detalle del costo de la emisión monetaria, entre otras sugerencias. Según consideró el propio FMI, esta transición suele llevar al menos tres años hasta concretarse.
El organismo también hizo énfasis en reformar los objetivos del Banco Central, el principal punto observado por el Gobierno, que aspira a llevarlos a los criterios previos a la reforma de 2012, cuando se ampliaron a la producción y el empleo. La meta es volver a centrarlos en cuestiones vinculadas a lo monetario.
Este punto también fue destacado por el FMI, que comparte el precepto de que una carta orgánica sólida. “Un estatuto sólido para el Banco Central, respaldado por un claro mandato de estabilidad de precios, mejora la eficacia y la credibilidad de la política monetaria, anclando mejor las expectativas de inflación”, planteó la entidad.
Es que la última reforma también incluyó cambios operativos que facilitaron y bajaron restricciones a, entre otras herramientas, la posibilidad de que la entidad monetaria asista al Tesoro, algo que el Gobierno se compromete a eliminar e incluso penar por ley.
El avance sobre la reforma de la Carta Orgánica del Central se da en medio de la búsqueda para la ampliación del crédito en el mercado interno, principalmente en dólares. Si bien la restricción a otorgar crédito en dólares a quienes no generen ingresos en moneda extranjera se impuso luego de 2001, es el Banco Central el encargado de “regular las condiciones del crédito en términos de riesgo, plazos, tasas de interés, comisiones y cargos de cualquier naturaleza, así como orientar su destino por medio de exigencias de reservas, encajes diferenciales u otros medios apropiados”.
En esta línea, el organismo también había planteado como prioridad la expansión responsable del crédito privado a través de una racionalización de los requisitos de acceso.
Sin embargo, en la última revisión el FMI planteó que “las políticas macroprudenciales tendrán como objetivo limitar los riesgos financieros, entre otras cosas, mediante el mantenimiento de límites prudentes a los préstamos en divisas a prestatarios sin cobertura cambiaria y una mayor transparencia en la divulgación de desajustes cambiarios y pasivos contingentes”.