¿Presidente de transición?

Para blindarlo del Olivosgate, auspician que se hable de la reelección de Alberto

El ministro cristinista Ferraresi fue el primero en hablar de "8 años" del Presidente en un incipiente Operativo Clamor al que se sumó el gobernador de Catamarca antes de recibir al mandatario en su minigira de campaña por el interior. El objetivo: fortalecerlo en medio de la debilidad.

No fue un funcionario albertista el primero que lo dijo, que los hay si bien el término aún está en construcción casi llegando a la mitad del mandato: fue el cristinista Jorge Ferraresi quien, en radio Futurock, habló de "ocho años" de Alberto Fernández. Y dos periodos también para Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires.

Desde su época de intendente de Avellaneda se diferenció de sus pares que desde el PJ pedían la jubilación de Cristina Fernández de Kirchner, el actual ministro de Desarrollo Territorial fue de los primeros en ir a pedirle a la ex Presidenta que fuera candidata en 2017. Un puesto en el Instituto Patria lo atestigua.

"Cuando se habla de ‘gobierno de transición', los gobiernos de transición vienen a a administrar el régimen establecido, nosotros venimos a transformarlo", se explicó más tarde el ex alcalde. 

Que haya sido él quien instaló la idea de una reelección albertista, cuando incluso desde ciertos sectores K prefieren hablar de una presidencia de "transición", llega después de que la Vicepresidenta pronosticara que el todismo necesita varios periodos de gobierno por delante (hubo tres K) y para recuperar una centralidad de un Fernández golpeado por los ecos del escándalo del Olivosgate que, si bien hay silencio oficial después del pedido de disculpas, cada día genera versiones por su ruta judicial.

El Presidente pasó por Catamarca y cerrará su gira de campaña en La Pampa el viernes

"Pienso que tenemos que estar todos juntos, que tiene que ser reelegido", se sumó en radio El Destape al incipiente y anticipado Operativo Clamor el gobernador de Catamarca, Raúl Jalill, horas antes de recibir al Presidente en el aeropuerto y oficiar de anfitrión en el frenético minitour albertista de campaña por el interior.

El objetivo de lustrar el traje presidencial no es negado en la Casa Rosada, ni tampoco ciertos deseos para las próximas elecciones. Por caso, hay quienes celebrarían un eventual triunfo de Agustín Rossi en la interna santafesina para ungirlo como posible postulante propio del albertismo a gobernador en 2023. 

El dato es que haya sido un cristinista el plantearlo: primero porque, en este caso, no se puede tirar la piedra esconder la mano. Si el clamor hubiera comenzado de un funcionario del riñón de Fernández, o cercano como Gabriel Katopodis (ministro de Obras Públicas), hubiera sido leído más como un mensaje al interior del FdT que a la clase política general, reflexionaron en un despacho. 

Sucede que el albertismo, como las brujas, no existe pero que lo hay, lo hay. Habitan, en el fondo, sueños de una construcción de poder verticalista gracias a lso números que dejen las urnas en noviembre. Pero para eso es necesario aún sortear este complicado 2021.

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