En el presupuesto para 2026 se proyecta un crecimiento de la actividad del 5%. Las proyecciones del oficialismo se sustentan en la desregulación, el capital humano y la apertura económica. Los analistas hablan de estancamiento por el cambio de matriz.
Las reformas impulsadas por el Gobierno están en el corazón de las expectativas de crecimiento. Mientras que la desregulación se mantiene constante y focalizada por sector, las reformas tienen el objetivo global de asistir al aumento de la recaudación y la formalización de la economía.
Una reforma tributaria es un eje central de los planes del Gobierno, con una simplificación del esquema tributario y la eliminación o baja de aquellos más distorsivos, en la medida en que “los números acompañen”. El 2025 cerró con una caída de la recaudación de un punto.
En materia de capital humano, el foco estará puesto en la alimentación, la salud y la inserción laboral, apoyada en la modernización del trabajo. En esta última se contemplan beneficios para la creación de empleo a través de la baja de cargas patronales.
La apertura está en manos de la desregulación, así como del pronto a cerrarse acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, y el todavía en negociación acuerdo con Estados Unidos.
Con esto, el oficialismo confía en que Argentina mantendrá un crecimiento que le permita romper el techo que muestra hace 12 años.
Mientras que 2025 se espera que cierre al alza, muchos apuntan a un arrastre estadístico que no estará este año. Según Suramericana Visión, 2026 tendrá un arrastre de apenas 0,4%.
Esto hace que las proyecciones sean menos optimistas que las del oficialismo. Para MAP, el crecimiento será de 4% anual, “condicionado al timing y a la velocidad de la consolidación del proceso de estabilización macro”.
Para que se alcance ese 4%, consideran desde MAP, “es clave despejar las dudas sobre la sostenibilidad del régimen cambiario, lo que requiere avanzar en la acumulación de reservas y reducir la incertidumbre en torno al financiamiento de los vencimientos de deuda”.
Más allá de la estabilidad, los drivers del crecimiento a los que aspira la gestión son distintos: busca el impulso a través de la inversión y las exportaciones en lugar del consumo privado, que tiene por detrás a la industria y la construcción. “La transición implica en el corto plazo estancamiento y elevados costos en materia laboral”, advirtieron desde CP consultora.

El programa busca que el crecimiento sea a través de las exportaciones y la inversión, que tienen un peso en el PBI del 30%, mientras que el consumo alcanzaba el 70%. “Tomando supuestos optimistas de crecimiento para estos componentes y considerando un estancamiento del consumo, en 2026 la economía crecería solo 2% (per cápita 0,8%). El PBI per cápita de 2015 recién se alcanzaría en 2033”, analizaron.
El consumo, aún con fuerte peso en la actividad, mantiene un estancamiento por el “estricto control de la nominalidad salarial y el freno del crédito”. “Si el Gobierno centraliza su estrategia desinflacionaria en el ancla salarial, difícilmente el consumo privado logre continuar creciendo en 2026. Considerando que el consumo privado es aproximadamente un 70% del PBI, su freno implicará un estancamiento del PBI”, dicen, aunque la baja de la inflación mejore el salario real.
En materia de sectores, proyectan que siga el esquema de ganadores/perdedores en medida que se vinculen con los recursos naturales con demanda externa y ventajas comparativas. Los ligados al mercado interno seguirán afectados por la apreciación cambiaria, el ajuste y la caída de los ingresos. Finanzas mantendría su crecimiento, a pesar de la baja incidencia. Esta dinámica plantea una dificultad porque “los sectores primarios tan solo representan un 14,5% del PBI, mientras que los grandes perdedores son muy relevantes (27% del PBI)”.
En el frente de los ingresos, desde la gerencia de estudios de Banco Provincia anticiparon que, por la devaluación esperada por el mercado por encima de la inflación, “es probable que el salario en dólares siga cayendo en el corto plazo. Sin embargo, las necesidades de financiamiento externo permanecen irresueltas. Por lo tanto, es posible que tengamos una crisis externa con un salario en dólares por debajo del promedio histórico”.
















