A pocos días de que entre en vigencia el acuerdo comercial con la Unión Europea (UE), el sector privado no logró un consenso para la distribución del cupo de carne vacuna. Ahora, las cancillerías cobran protagonismo en una negociación que busca evitar un conflicto diplomático antes del 1 de mayo.
El debate gira en torno al reparto de las 99.000 toneladas anuales habilitadas por la UE, en un cronograma de incremento para los próximos 5 años.
El potencial del negocio es enorme: se estima que inyectará más de u$s 600 millones al bloque. Sin embargo, el proceso está empantanado. La propia diplomacia califica el avance como “lento y tenso” debido a las fuertes discrepancias entre los socios y la presión de Paraguay.
Desde la cartera de Agricultura, confirmaron que se mantiene reuniones periódicas con sus socios del Mercosur “en la búsqueda de consensos para establecer un esquema de distribución de las cuotas lo más armónico posible”.
A su vez, inidicaron que también se está trabajando en los procedimientos internos de implementación de los distintos contingentes arancelarios.
Cronograma gradual y alivio arancelario
A diferencia de la histórica Cuota Hilton, este cupo se regirá por año calendario. Para el resto de 2026, habrá un prorrateo de 13.200 toneladas, con un esquema de incremento gradual del 20% anual hasta completar el cupo total en cinco años.
El gran atractivo es la competitividad: mientras el arancel general suele superar el 20%, este cupo pagará solo un 7,5%, un alivio fiscal clave para los exportadores regionales.
Disputa: qué y cuánto
La disputa no es solo por el volumen, sino por la calidad. El acuerdo estipula que el 55% sea carne enfriada (de mayor valor y precio) y el 45% congelada. Argentina y Uruguay pujan por maximizar su porción de cortes enfriados para elevar la rentabilidad.
En cuanto a la distribución por país, el sector privado se apoya en un antecedente de 2003 que otorgaba un 40% a Brasil, 30% a Argentina, 20% a Uruguay y 2% a Paraguay.
No obstante, Paraguay hoy “patea el tablero” y reclama un 25% (reparto igualitario), alegando su crecimiento en el mercado global.
Por su parte, Argentina y Brasil rechazan este pedido, señalando que la presencia real de la proteína paraguaya en Europa es de apenas el 4%.
Proceso técnico
Al no haber acuerdo entre privados, la decisión pasó a manos de las cancillerías, donde pesan las concesiones políticas de cada país. “Argentina y Brasil llevan la delantera por ser los que más cedieron para que el tratado avance”, explican fuentes del sector.
Pese al clima de incertidumbre en las empresas, desde el Gobierno nacional buscan bajar el tono a la disputa y definen la situación actual no como un conflicto, sino como una instancia lógica de negociación.
Si bien confirmaron que la distribución de la cuota de carne dentro del Mercosur “todavía está en discusión” entre los países miembros, fuentes oficiales explicaron a El Cronista que la falta de consenso en el sector privado no debe leerse como un quiebre.
“No es una cuestión de desacuerdo, sino de instancia. Estamos en una etapa de intercambio activo de alternativas donde se evalúan distintos esquemas posibles para maximizar el beneficio conjunto”, señalaron. Para el Ejecutivo, este proceso busca un equilibrio que refleje tanto la capacidad productiva como el interés comercial de cada socio.
Según datos oficiales, la carne bovina es el principal motor del crecimiento exportador hacia la UE dentro del rubro agroindustrial.
Se espera que el valor de los envíos pase de los u$s 305 millones actuales a u$s 407 millones en una década a partir de un salto exportador del 76% en los primeros cinco años, llegando a un incremento del 122% al cumplirse los diez años del acuerdo.
“Es parte de un proceso técnico y político que busca maximizar el beneficio conjunto”, agregaron desde el Gobierno.
El factor “Brasil” y el consumo en picada
Dardo Chiesa, representante de la Mesa de la Carne, destaca que Argentina cuenta con la ventaja estratégica de la Cuota Hilton, que al bajar su arancel a cero refuerza la presencia en góndolas europeas. Sin embargo, advierte sobre otro foco de conflicto.
“Los importadores europeos pretenden quedarse con el ahorro del impuesto sin bajar el precio, mientras que los exportadores buscamos que ese beneficio se reparta”.
Chiesa también resaltó la importancia de incluir una “cláusula gatillo”. Si un país no cumple su cupo meses antes del cierre, ese volumen pasaría a un fondo común para que otro socio lo aproveche, evitando que el Mercosur pierda capacidad de venta total.
Si no hay definición antes del 1 de mayo, se aplicará el sistema de “primero llegado, primero servido”. Es el escenario más temido en Argentina: “Tenés a un monstruo como Brasil que, donde se mueva, te copa el mercado”, advierten en la industria.
En el frente interno, la expectativa está en los cortes de alta calidad. Se espera que los precios se ubiquen apenas por debajo de la Hilton (que hoy ronda los u$s 23.000 - 25.000 por tonelada).
Para Chiesa, este cupo es vital ante la crisis del mercado doméstico: “Hoy la exportación tracciona el negocio por la falta de consumo interno. Si no se puede exportar, sería un desastre; los costos son altísimos y se hace un esfuerzo enorme por mantener la presencia internacional ante un mercado local sin poder de compra”, dijo Chiesa.
“El mercado local está más supeditado de lo que pasa con el poder de compra y estamos en un escenario de absoluta falta de mercadería”, explicó y puso el foco en la necesidad de que el consumo interno repunte.
De acuerdo con un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina, entre enero y marzo se consumieron 512,8 mil toneladas, lo que representa una caída del 10% en comparación con el mismo período de 2025.
En términos per cápita, el consumo promedio de los últimos doce meses se ubicó en 47,3 kilos anuales por habitante, el nivel más bajo en más de dos décadas y un 3,7% inferior al registrado un año atrás. La cifra se aleja de los más de 60 kilos por persona que se consumían históricamente.