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Enviada especial a Bariloche - INVAP nació en Bariloche como un desprendimiento del sistema científico público y terminó convirtiéndose en una empresa tecnológica con capacidad para desarrollar y exportar tecnología nuclear. Esa trayectoria es uno de los ejes de “La construcción de un programa atómico en la periferia”, el nuevo libro del investigador Mario Mariscotti, que después de ocho años de relevamiento reconstruye la historia del desarrollo nuclear argentino y de las personas que lo hicieron posible.

El libro fue presentado este viernes en la sede de INVAP en Bariloche, frente a algunos de los protagonistas de esa historia. El Cronista participó del evento y de una recorrida posterior por las entrañas del instituto que puso a la Argentina a la vanguarida del desarrollo nuclear regional, junto al resto de los organismos que conforman el ecosistema nacional.

Entre los presentes estuvo Conrado Varotto, fundador de la empresa, quien destacó el trabajo de Mariscotti y puso el foco en una característica que atraviesa toda la investigación: la capacidad de la Argentina para construir conocimiento y tecnología incluso en períodos de fuertes restricciones.

Para Mariscotti, INVAP representa precisamente uno de los momentos en los que ese conocimiento dejó de quedar limitado al ámbito científico y comenzó a transformarse en productos, contratos y exportaciones.

“La salida al mundo y el uso del conocimiento nuclear argentino para traducirlo en cosas para el comercio internacional fue de INVAP”, explicó Mariscotti en diálogo con El Cronista.

La historia del INVAP: de un laboratorio a una empresa tecnológica de punta

La historia de INVAP que reconstruye Mariscotti comienza antes de la creación formal de la empresa. El punto de partida está en el Centro Atómico Bariloche y en la decisión de Varotto de impulsar la investigación aplicada.

En aquel momento, según relató Mariscotti, dentro del Instituto de Física de Bariloche existía resistencia a que los científicos se volcaran hacia problemas aplicados. El temor era que eso pudiera afectar el carácter de excelencia académica de la institución.

Varotto avanzó de todos modos. Tenía acceso a recursos humanos y físicos que permitían responder a demandas externas y comenzó a formalizar esa actividad primero como un Programa de Investigaciones Aplicadas (PIA), luego como un departamento y finalmente como una empresa.

Para Mariscotti, ese proceso tiene una particularidad central: INVAP fue un emprendimiento surgido de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).“Una institución pública de ciencia puede actuar como incubadora de empresas tecnológicas”, resumió.

El paso no fue sencillo: implicó que una institución científica aceptara que parte de sus recursos y de sus investigadores se orientaran hacia actividades que no necesariamente coincidían con su misión tradicional. Además, requirió una decisión política e institucional: darle espacio a un proyecto que, con el tiempo, tendría una lógica empresarial propia.

“La iniciativa de Varotto de empezar a hacer investigación aplicada y buscar un camino en un contexto difícil fue extraordinaria”, sostuvo Mariscotti.

El salto que convirtió conocimiento en exportaciones

La transformación de INVAP aparece en el libro como parte de una discusión más amplia sobre cómo un país construye capacidades tecnológicas propias. Mariscotti diferencia el funcionamiento de una institución pública de ciencia del de una empresa que tiene que salir a buscar clientes y competir en mercados.

Ese cambio de lógica, según su reconstrucción, fue decisivo para que la tecnología nuclear argentina pudiera salir al exterior.

El primer reactor nuclear exportado por la Argentina tuvo como destino Perú. Para Mariscotti, ese recorrido mostró una diferencia importante entre desarrollar conocimiento y convertirlo en una actividad comercial. La CNEA había construido capacidades científicas y tecnológicas, INVAP tomó la iniciativa de llevar ese conocimiento al mercado internacional.

Mariscotti junto al gerente general de Invap Darío Giussi
Mariscotti junto al gerente general de Invap Darío Giussivirginia salamida

El investigador considera que ese proceso debería servir como referencia para pensar la relación entre el Estado y las empresas privadas. “Hay que construir una colaboración público-privada sana y productiva”, planteó en diálogo con este medio.

Las crisis de la Argentina y cómo impacto en la empresa a lo largo de su historia

La historia de INVAP también estuvo atravesada por crisis. Una de las más importantes llegó en 1991, cuando la empresa atravesó un momento particularmente complejo. La creación de INVAP había estado condicionada por una idea central: la empresa no debía convertirse en una estructura sostenida permanentemente por el presupuesto nacional.

Durante la crisis de la energía nuclear, tras Chernóbil, Carlos “Cacho” Otheguy tuvo que enfrentar una reducción de personal y tomar decisiones para sostener la empresa. “Lo hizo con mucho coraje y mucha humanidad”, afirmó el físico, en ese momento Invap pasó de tener 1300 empleados a 300.

El libro de Mariscotti busca identificar cuáles fueron las decisiones que hicieron posible que la Argentina desarrollara una capacidad nuclear propia. Para el físico, hubo varios momentos que funcionaron como puntos de inflexión. “Hay varias esquinas que hicieron la diferencia”, explicó durante la presentación. Entre ellas ubicó la decisión de construir el RA-1, el desarrollo de Atucha I y, especialmente, el proyecto para enriquecer uranio.

“Argentina decidió comprar o construir un reactor. Y lo pudimos hacer en nueve meses, cuando nadie sabía cómo hacerlo”, afirmó. Después llegó Atucha I. “La decisión estratégica de Atucha fue otra de esas esquinas”, señaló.

Pero el episodio que considera más audaz fue el desarrollo de la tecnología de enriquecimiento de uranio. Mariscotti puso el proyecto argentino en perspectiva con el estadounidense: “El Proyecto Manhattan tenía cientos de personas. Nosotros éramos seis”.

virginia salamida

Para Mariscotti, esas decisiones explican cómo un país periférico pudo construir capacidades que después le permitieron desarrollar tecnología nuclear propia y exportarla. “Argentina se destaca entre los países del Tercer Mundo por su relevancia nuclear y por su compromiso con los usos pacíficos”, sostuvo.

El camino de la energía nuclear en la Argentina: la discusión que llega hasta el presente

La reconstrucción histórica también lleva a Mariscotti a una discusión actual y la intención del Gobierno nacional de dejar en manos de los privados la investigación científica. El físico acordó que determinadas actividades pueden pasar al ámbito privado. Durante la entrevista con El Cronista, Mariscotti puso como ejemplo de esto CONUAR, que tiene parte privada y pública.

Además, recordó el caso del molibdeno producido por el RA-10. “La comercialización del molibdeno producido por RA-10 debería ser privada, porque las empresas privadas saben comercializar”, sostuvo.

Sin embargo, la preocupación aparece ante la reducción de la inversión pública en investigación básica. “Estoy preocupado por declaraciones de algunos sectores del Gobierno. Veo ignorancia o un desprecio por el valor de la ciencia básica. La existencia de grupos de ciencia básica fue esencial para el éxito de la CNEA y de todo el programa atómico argentino”, remarcó

La relación entre conocimiento y autonomía aparece como uno de los conceptos centrales de la presentación de Mariscotti. “Los seres humanos tenemos naturalmente el deseo de ser libres. Y la base de la libertad es el conocimiento”, planteó. Para el físico, esa misma lógica puede trasladarse a los países.

“Argentina tiene una cultura en la que muchas veces pensamos que el conocimiento tiene que venir de afuera”, señaló. Y agregó: “Hay que cambiar eso. No es solamente beneficiarse de nuestro propio conocimiento, sino absorber el conocimiento extranjero y hacerlo parte de nuestro patrimonio de conocimiento”, explicó.

La diferencia, para él, está entre comprar una tecnología terminada y comprender cómo funciona. “Una cosa es comprar un paquete tecnológico y otra es recibirlo, absorberlo, entenderlo e incorporarlo. Tener el know how, pero también el know why”, sostuvo en diálogo con El Cronista.

La consecuencia, según su razonamiento, es económica pero también estratégica. “Si siempre dependemos del conocimiento importado, vamos a ser siempre segundos y no vamos a poder competir con los países que desarrollan su propio conocimiento”.

En esa discusión aparece nuevamente INVAP como uno de los principales ejemplos de la historia que reconstruye Mariscotti. “La salida al mundo y el uso del conocimiento nuclear argentino para traducirlo en cosas para el comercio internacional fue de INVAP”, afirmó a El Cronista.

Según su reconstrucción, ese salto fue posible porque la empresa incorporó una lógica diferente a la de la administración pública. “Eso requiere un espíritu emprendedor que es diferente del de la administración pública”, explicó.

Pero para Mariscotti ambas partes no son incompatibles. Al contrario, considera que el desafío está en construir un vínculo que permita que una alimente a la otra. “Tenemos que aprender de esto y construir una colaboración público-privada sana y productiva”, sostuvo.