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En lo que va del año, el frente cambiario transita un escenario que meses atrás parecía improbable para el mercado: el dólar acumula una caída que ronda los $ 100 y, aunque la City ve un piso, hay quienes no descartan una baja aún mayor.
Sin embargo, la sostenida apreciación real del peso también enciende alarmas. Es que, mientras la cotización de los dólares paralelos y financieros cede, la inflación continúa al alza, con un 9,4% acumulado en el primer trimestre.
Esta divergencia plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del esquema actual, en el que las bandas cambiarias se actualizan en base al IPC, y traslada el foco de los inversores hacia los desafíos que traerá la segunda mitad del 2026.
De acuerdo con un informe de Mills Capital, la actual pax cambiaria se explica por una confluencia de tres factores. El primero es netamente estacional: el inicio de la liquidación de la cosecha gruesa inundó la plaza de divisas y la oferta de dólares en el mercado se nota.
“Los volúmenes operados en contado superaron los u$s 550 millones en las últimas ruedas, y el BCRA está siendo muy agresivo en sus compras, acumulando más de u$s 5.500 millones en el año con 65 jornadas consecutivas de saldo comprador, un ritmo que ya supera el 50% de la meta anual de u$s 10.000 millones pactada con el FMI cuando todavía no terminó el primer cuatrimestre”, señalaron.
El segundo factor, enumeraron, responde a una política monetaria de claro sesgo contractivo. Hoy, el Tesoro convalida licitaciones con niveles de rollover superiores al 100%, lo que permite absorber liquidez que, de otro modo, presionaría sobre el dólar. A esto se suma que la base monetaria está creciendo en torno al 25% interanual, por debajo de la inflación, lo que implica una contracción real de los pesos.
Finalmente, el mercado asimiló un fuerte respaldo externo tras las declaraciones del año pasado del secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, a favor del programa económico.
A esto se suma también el desembolso de u$s 1.000 millones atado a la segunda revisión del Fondo que la entidad confirmó esta semana.
Bajo este paraguas, el dólar mayorista opera en la zona de los $ 1360, después de tocar un piso intradiario cercano a $1350, el más bajo desde septiembre de 2025.
“La banda superior del esquema cambiario se ubica hoy en torno a $1680, lo que deja una brecha del 23%, la más amplia desde junio del año pasado. Eso implica que el mercado opera muy lejos del techo de intervención y que, a priori, la tendencia apreciadora tiene margen para continuar”, apunta el informe.
Y agrega: ”El futuro de dólar a fin de abril se opera en $ 1377, y para diciembre en $ 1614. Si la cosecha gruesa sostiene la oferta de divisas como se espera, y el BCRA mantiene el ritmo de compras, no descartamos que el mayorista testee la zona de $ 1300-$ 1320 en las próximas semanas”, agregaron.
No obstante, la ecuación cambiaría del segundo semestre puede cambiar el escenario actual: el fin de la cosecha, la acumulación de vencimientos de deuda y el riesgo de una corrección cambiaria pondrán a prueba el apetito por el carry trade en pesos.
“En ese escenario, variables como la evolución del riesgo país y la capacidad de acceso a financiamiento serán determinantes para sostener la estabilidad y evitar que reaparezcan presiones sobre el tipo de cambio”, subrayaron desde Mills Capital.
Radiografía de la pax cambiaria: el ancla del BCRA y el desafío para la segunda mitad del año
Fernando Camusso, director de Rafaela Capital, coincide en el análisis y enumera dos variables que mantienen las expectativas cambiarias planchadas: el “cosechón” del agro y el buen ritmo de compra del BCRA.
“El dilema subyacente acá es la expectativa inflacionaria, puesto que, en la medida que el sendero de desinflación no retome, el sesgo de la política monetaria seguirá siendo contractivo, esto es un BCRA esterilizando los pesos emitidos a través del Tesoro”, explicó el economista en diálogo con El Cronista.
Y agregó: “El Tesoro absorbió ARS2,1 bns en la licitación del miercoles pasado, con un rollover de 127%. O sea, los pesos que emite el BCRA luego son retirados en las licitaciones de pesos. Este sesgo contractivo minimiza la posible presión cambiaria".
Para Camusso, además, la actual “pax cambiaria” se sustenta en una diferencia estructural clave respecto a crisis anteriores: la baja exposición de inversores extranjeros. A diferencia de 2018, cuando la posición de no residentes en activos locales superaba los USD 30.600 millones, hoy esa cifra es diez veces menor.
Esta drástica reducción del capital foráneo mitiga el riesgo de un desarme masivo de posiciones en pesos y disminuye la presión sobre el tipo de cambio. De hecho, el analista subraya que la calma actual es tal que, si el Banco Central no hubiera intervenido comprando divisas de forma sostenida, los dólares financieros estarían cotizando incluso por debajo de los niveles actuales.
Sin embargo, el especialista enciende una luz de alerta vinculada al rendimiento de los instrumentos en moneda local frente a la dinámica de los precios. Con tasas nominales anuales que rondan el 21% —como la caución a un día—, los rendimientos se ubican por debajo de la inflación proyectada y son negativos hacia adelante, lo que explica la migración de los inversores hacia títulos de cobertura inflacionaria (CER o Duales).
A este escenario de tasas reales negativas se le suma un Tipo de Cambio Real (TCR) apreciado en niveles de 86, un dato que genera preocupación. Aún así, los incipientes desarmes de carry trade son puntuales y no masivos, mientras que la fuerte compra de dólares minoristas (USD 2.400 millones en febrero) fue absorbida por el sistema financiero en forma de depósitos.
En este contexto, Camusso considera que el tipo de cambio está tocando su piso, aunque el mercado aún no refleja nerviosismo ni demanda de coberturas cambiarias como bonos dollar-linked o contratos de futuros.
La proyección del economista es que la estabilidad se mantendrá, al menos, hasta mediados de año.
No obstante, advierte que a partir del segundo semestre “el partido cambia”: con el fin de la liquidación gruesa de los agrodólares, la sostenibilidad de esta pax dependerá fundamentalmente del colchón de reservas que el BCRA haya logrado acumular y de una recalibración de las tasas de interés que evite, entonces sí, una salida forzada de las posiciones en pesos.
El flujo de los dólares comerciales
La dinámica de la primera mitad del año encuentra su ancla en el comercio exterior. Un informe reciente de Fundación Capital proyecta que el saldo comercial de 2026 rozará los u$s 16 mil millones, lo que representa una mejora de u$s 5.000 millones respecto al año anterior.
Este ingreso masivo de divisas es traccionado por el crecimiento de las exportaciones (+6,9% interanual), sostenidas por el desempeño del agro, la energía y la minería.
Por el lado del agro, se espera una campaña récord que traccionaría envíos por u$s 32.000 millones, un 3,3% más que el año pasado (+ u$s 1.000 millones).
En paralelo, el sector energético consolidará su tercer año de crecimiento a tasas de dos dígitos: las ventas de combustibles sumarían unos u$s 2.200 millones extra, apuntaladas por una estabilización en los precios internacionales del crudo.
A este esquema se suma el potencial de la minería, que proyecta un avance interanual del 22%, capitalizando el impacto positivo de las cotizaciones internacionales de metales en el corto plazo.
Proyección de exportaciones 2026 (Variación frente a 2025)
| Rubro | Var % i.a. | Var en u$s (millones) |
|---|---|---|
| Agro | 3,3% | 1.000 |
| Energía y combustibles | 20,8% | 2.200 |
| Minería | 22,0% | 1.000 |
| MOI a Brasil | 3,5% | 300 |
| Resto | 5,0% | 1.500 |
| Total | 6,9% | 6.000 |
En la vereda opuesta, las manufacturas de origen industrial (MOI) exhibirán una dinámica más acotada. A pesar de una leve recuperación de los envíos hacia Brasil, el sector fabril enfrenta una base de comparación exigente para el segundo semestre y los efectos de la apreciación del tipo de cambio real, limitando su contribución al saldo total.
Del lado de las salidas, las importaciones muestran una evolución moderada con un alza proyectada de apenas el 1,6% para este año, luego de un primer bimestre en terreno negativo.
Y aún con la necesidad de importar combustibles para cubrir el pico de demanda invernal, el país ostentará un fuerte superávit energético. Todo este engranaje derivaría en un ingreso neto de divisas por la cuenta de bienes de u$s 21.800 millones.
A pesar de este abultado colchón comercial, en Fundación Capital advierten que la cuenta corriente cambiaria seguirá siendo levemente deficitaria al incluir el pago de servicios, intereses y utilidades.
El verdadero cuello de botella, coincidiendo con las alertas del mercado para el segundo semestre, pasa por la cobertura de los vencimientos de deuda en moneda extranjera. Con un Riesgo País estacionado en la franja de los 550 a 650 puntos básicos, el Gobierno enfrentará el desafío de explorar nuevas fuentes de financiamiento para evitar turbulencias de cara a un próximo año electoral que, históricamente, empuja la dolarización de carteras.