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Durante años, “no llego a fin de mes” fue una de esas frases capaces de resumir la economía cotidiana argentina. Hoy la discusión avanzó un paso más: ¿qué pasa cuando el sueldo tampoco alcanza para pagar lo que se pidió prestado para llegar a ese fin de mes?

La conversación sobre el endeudamiento de las familias ganó espacio en los últimos meses, con trabajadores registrados, cuentapropistas y hogares de distintos niveles de ingresos buscando crédito para sostener gastos que antes podían cubrir con sus ingresos.

La preocupación tiene un correlato en los números. El Banco Central registró en mayo (según el ultimo dato difundido en agosto) una mora de 12,8% en las financiaciones a las familias, 0,7 puntos porcentuales más que en abril y el nivel más alto de la serie en más de dos décadas. En los préstamos personales llegó a 15,9% y en las tarjetas de crédito, a 13,1%.

El fenómeno también alcanzó a los canales de financiamiento que quedaron por fuera de los bancos tradicionales. Un informe del BCRA sobre proveedores no financieros de crédito mostró que la irregularidad de los préstamos a familias pasó de 6,6% en agosto de 2025 a 11,2% en febrero de 2026. En ese segmento, la morosidad de los préstamos personales llegó a 13,8%.

La discusión ya llegó al Gobierno. Javier Milei sostuvo que la refinanciación de las deudas es un “problema entre privados” y, al referirse a quienes tomaron créditos que ahora no pueden pagar, preguntó: “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”.

La discusión, sin embargo, tiene una pregunta que excede la responsabilidad individual de quien firma un préstamo: ¿Argentina está frente a un problema propio o forma parte de una tendencia más amplia de deterioro de las finanzas de los hogares?

La respuesta que surge al mirar otros mercados es que la mora de las familias no es un invento argentino. El fenómeno aparece en distintas economías, con diferentes grados de intensidad y bajo circunstancias que no son idénticas.

Brasil: deuda, mora y crédito para llegar a fin de mes

Brasil ofrece el paralelo regional más cercano. El Banco Central brasileño registró en mayo una morosidad de 5,6% en el crédito a personas físicas, mientras que en el segmento de crédito libre llegó a 7,6%, con un incremento de 1,2 puntos porcentuales en doce meses. Al mismo tiempo, el endeudamiento de las familias equivalía al 49,8% de sus ingresos y el compromiso de renta se ubicaba en 28,2%.

El diagnóstico oficial resulta especialmente relevante porque no atribuye el fenómeno simplemente a una decisión individual de endeudarse. El Banco Central señaló que los indicadores de endeudamiento y compromiso de renta permanecían elevados y que el aumento de los atrasos se concentraba, entre otras modalidades, en tarjetas de crédito y préstamos personales no consignados.

El deterioro también aparece en las encuestas sobre la vida cotidiana. Según la Confederación Nacional de Comercio, Bienes, Servicios y Turismo (CNC), 82% de las familias brasileñas tenía alguna deuda en julio, el máximo de la serie histórica por sexto mes consecutivo. El 29,8% tenía deudas atrasadas y el tiempo promedio de atraso era de 64,6 días.

El dato muestra una diferencia importante con Argentina: Brasil tiene una proporción enorme de hogares endeudados, pero la mora de esos hogares comenzó a mostrar cierta estabilización en los últimos meses. El problema, de todos modos, está concentrado en los sectores de menores ingresos y llevó a los bancos a prestar mayor atención a la calidad de los nuevos créditos.

México: cuando el consumo empieza a financiarse con deuda

México presenta otra versión del mismo fenómeno. El Banco de México registró en marzo una morosidad de 3,26% en el crédito bancario al consumo, con 3,35% en tarjetas y 5,29% en préstamos personales.

Los porcentajes son considerablemente inferiores a los argentinos, pero la evolución resulta significativa. La cartera vencida del crédito al consumo creció con fuerza y el deterioro se concentró especialmente en los préstamos personales.

El caso mexicano sirve además para observar una cuestión central: el problema no depende solamente de cuánto crédito toma una familia, sino de cuánto de su capacidad financiera queda comprometido para devolverlo. Un estudio del Banco de México encontró que una mayor utilización del límite disponible de las tarjetas está asociada históricamente con una mayor probabilidad de incumplimiento.

La diferencia con Argentina es de magnitud, pero el mecanismo tiene puntos en común: cuando el crédito se convierte en una herramienta para sostener el gasto corriente y aumenta la proporción del ingreso destinada a pagarlo, el margen para absorber un shock se reduce.

Estados Unidos: el crédito también funciona como salvavidas

Estados Unidos ofrece un contraste todavía más interesante porque no atraviesa una aceleración comparable de la morosidad. La Reserva Federal de Nueva York mantiene un seguimiento trimestral de la deuda de los hogares y las tarjetas de crédito siguen representando uno de los principales componentes del endeudamiento de consumo.

Pero una encuesta de la propia Reserva Federal permite mirar detrás de los saldos. En 2025, 28% de los adultos estadounidenses declaró haber tenido dificultades para pagar sus cuentas durante el mes anterior. Entre quienes atravesaron esas dificultades, 42% pagó alguna factura tarde, 23% utilizó una tarjeta de crédito para pagarla en el tiempo y 22% recurrió a familiares o amigos.

El dato más revelador aparece cuando la Fed cruza esa encuesta con los registros crediticios. Entre 2023 y 2025, el saldo promedio de las tarjetas aumentó apenas 1% entre quienes dijeron vivir cómodamente, mientras que creció 37% entre quienes declararon que les resultaba difícil llegar a fin de mes.

La propia Reserva Federal encontró, además, que los aumentos de los saldos de tarjetas estuvieron mucho más concentrados en los hogares que atravesaban dificultades financieras. No se trata, por lo tanto, de una expansión uniforme del consumo financiado.

La encuesta muestra otra señal: 37% de los estadounidenses no podría cubrir completamente un gasto inesperado de US$400 con efectivo, ahorros o una tarjeta que pudiera cancelar al cierre del resumen.

La propia Reserva Federal muestra hasta qué punto esas dificultades están asociadas a la falta de un colchón financiero. Entre los adultos que tuvieron problemas para pagar sus cuentas, quienes no podían afrontar con sus ahorros un gasto de emergencia de US$500 fueron más proclives a pedir dinero prestado o vender algo para hacer frente a sus obligaciones. En ese grupo, el 54% tomó alguna de esas medidas, frente al 38% entre quienes sí podían cubrir un gasto de ese monto con sus ahorros.

Estados Unidos no ofrece el mismo cuadro de mora que Argentina. Pero sí aporta una evidencia importante para la discusión: cuando falta margen financiero, la tarjeta puede funcionar como una extensión del ingreso disponible.

Una misma tensión, distintos niveles

En Francia, los expedientes de sobreendeudamiento de particulares aumentaron 12,3% interanual en el primer semestre de 2026, según la Banque de France. El organismo vinculó el deterioro con el impacto de los precios de alimentos y energía sobre los hogares.

En Canadá, el Banco de Canadá detectó que el uso de tarjetas y líneas de crédito aumenta hasta dos años antes de la mora hipotecaria, una señal temprana de presión financiera. El estudio siguió a 9 millones de personas con hipotecas entre 2015 y 2024.

El precio del crédito también importa

En el caso argentino, el costo del crédito agrega otra dimensión al problema. Al 10 de agosto, la tasa nominal anual promedio de los préstamos personales era de 69,53%, según el Banco Central.

En los proveedores no financieros de crédito, las tasas eran todavía más elevadas: en febrero de 2026 alcanzaban el 144% nominal anual para los préstamos personales otorgados por otros proveedores no financieros y el 87% para los créditos de las empresas no financieras emisoras de tarjetas, según el último informe específico del BCRA, publicado en junio y elaborado con información a febrero. El organismo publica este relevamiento con periodicidad semestral.

Por eso las tasas aparecen también en la discusión sobre cómo enfrentar la mora. En el Congreso se acumulan proyectos vinculados con el endeudamiento de las familias, incluidos planteos sobre las condiciones de refinanciación y el costo financiero. La cuestión no pasa solamente por cuánto debe una persona, sino también por cuánto termina pagando para sostener una deuda y durante cuánto tiempo.

El problema tampoco es exclusivo de los mercados con tasas elevadas. En Estados Unidos, la Reserva Federal señaló en julio que el crédito de consumo había repuntado, especialmente el de tarjetas, y advirtió que “los costos de endeudamiento asociados a estos préstamos continuaron siendo elevados”.

En el segundo trimestre de 2026, la tasa aplicada a las cuentas de tarjetas sobre las que se cobraron intereses llegó al 22,15% anual, tras elevarse desde el 21,52% del primer trimestre, según las estadísticas de la Fed.

En el segundo trimestre de 2026, la tasa aplicada a las cuentas de tarjetas sobre las que se cobraron intereses llegó al 22,15% anual
En el segundo trimestre de 2026, la tasa aplicada a las cuentas de tarjetas sobre las que se cobraron intereses llegó al 22,15% anual