El economista Christian Buteler advirtió que el actual esquema de precios de la economía argentina dificulta una desaceleración más profunda de la inflación y volvió a poner el foco en la combinación entre indexación, salarios contenidos y apertura comercial sin mejoras equivalentes en competitividad. Las definiciones surgieron durante una entrevista en Radio Rivadavia, donde analizó el impacto del programa económico sobre el consumo, el empleo y la estructura productiva.

Según Buteler, pese a la fuerte baja de la inflación registrada en el último año, el proceso encontró límites claros. “Argentina desaceleró mucho la inflación, hoy estamos entre el 2% y el 3% mensual, pero para llegar a niveles normales del mundo, de cero coma algo, esta política lo hace muy difícil”, sostuvo. En ese sentido, afirmó que alcanzar una inflación anual de un solo dígito aparece como un objetivo complejo si se mantiene el esquema actual. “Con esta política, lograr una inflación cero como planteó el Presidente va a ser bastante difícil”, señaló.

Uno de los principales obstáculos, explicó, es la persistencia de mecanismos de indexación. “Una de las cosas que se intenta evitar cuando se quiere bajar la inflación es la indexación, y es un poco lo que estamos viendo hoy”, afirmó. Mencionó, entre otros rubros, a las tarifas, las prepagas y distintos servicios que ajustaron precios en función de la inflación pasada. “Eso le pone un piso a la inflación”, remarcó.

En contraste, Buteler sostuvo que el Gobierno concentró su estrategia de control en solo dos variables. “El Gobierno parece querer pisar solamente dos precios: el dólar y los salarios”, afirmó. Sobre el tipo de cambio, recordó que el esquema de bandas fijó un techo a la cotización. En el caso de los ingresos, apuntó a la falta de convalidación oficial de algunos acuerdos paritarios. “Son acuerdos entre privados y sindicatos que el Gobierno no convalida y dice: ‘Tanto no quiero que se le aumente a la gente’”, explicó.

El economista ilustró esa dinámica con el reciente acuerdo del transporte. Señaló que los colectiveros cerraron una suba del 1,4% en enero, luego de un ajuste nulo en diciembre, y con incrementos previstos por debajo de la inflación en los meses siguientes. “Saben claramente que van de atrás”, dijo. Y agregó que la pérdida de poder adquisitivo no respondió solo a decisiones oficiales. “Hay una gran responsabilidad de los sindicatos, que en otras épocas fueron mucho más activos y hoy dejan que el salario de sus afiliados pierda poder adquisitivo mes a mes”, afirmó.

En cuanto al tipo de cambio, Buteler relativizó que el nivel del dólar fuera hoy el principal problema para la producción. “No veo que un dólar de 1.500 pesos no sea competitivo para la mayoría de las industrias”, sostuvo. En cambio, puso el acento en la presión impositiva. “Si abrís la frontera para que entren productos importados, lo mínimo que tenés que hacer es bajarle impuestos a la empresa local para que pueda competir”, planteó.

Desde su perspectiva, el programa económico enfrenta un problema de tiempos. “Esto es un problema de velocidades”, afirmó. Explicó que la apertura comercial avanzó rápidamente y ayudó a moderar precios, pero sin una baja equivalente de impuestos. “Si esa apertura no viene acompañada por una mejora en la competitividad local, terminás teniendo un problema y no una solución”, advirtió.

Buteler subrayó que el abaratamiento de productos no alcanza si no hay ingresos que lo acompañen. “No solo necesito productos más baratos, también necesito ingresos. Si ganás cero, algo que cuesta diez o cinco es lo mismo, no lo podés comprar”, sostuvo.

En ese marco, mencionó el cierre de plantas industriales como uno de los efectos visibles del desajuste. Citó el caso de Whirlpool, que cerró su producción local de línea blanca. “No dejó de vender lavarropas ni heladeras. Hoy es uno de los principales importadores”, explicó. Según Buteler, la pérdida se concentró en las pymes proveedoras y en el empleo. “El plato roto no lo paga el grupo. Probablemente gane más de lo que ganaba antes”, afirmó.

El economista cuestionó la rapidez con la que quedaron desarticuladas inversiones recientes. “Si una empresa invirtió hace cuatro años una fuerte cantidad de dinero para montar una de las plantas más modernas de Latinoamérica, no podemos estar cerrándola a los cuatro años”, sostuvo. Y agregó que el debate debía enfocarse en cómo mejorar condiciones impositivas para permitir la competencia.

Al analizar el impacto sectorial, Buteler señaló diferencias relevantes. Indicó que la industria alimenticia mantiene niveles de productividad más altos y podría resistir mejor la competencia externa. En cambio, advirtió mayores dificultades en ramas como indumentaria, línea blanca y automotriz. “Ahí los sectores se están reduciendo cada vez más y eso va a ser un problema para el empleo en adelante”, alertó.

También cuestionó la idea de que el mercado reasignara automáticamente a los trabajadores desplazados. “Eso puede funcionar en un manual, pero no sucede así”, afirmó. Recordó que sectores como energía, minería y petróleo requieren capacidades específicas y son intensivos en capital. “No cualquiera puede pasar de armar celulares en Tierra del Fuego a trabajar en Vaca Muerta”, explicó.

Si bien valoró el desarrollo de actividades como Vaca Muerta y la minería, Buteler advirtió sobre los límites de un modelo concentrado en pocos sectores. “Son sectores que no recuperan la pérdida de puestos de trabajo que se da en otros lados”, sostuvo. Y concluyó: “Argentina necesita que le vaya bien al campo, a la energía y a la minería, pero también necesita industria, comercio y construcción. Si vamos a un modelo solo extractivista, va a sobrar mucha gente”.