

Tras un enero histórico, la balanza comercial argentina de febrero de 2026 registró un superávit de u$s 788 millones, marcando el vigésimo séptimo mes consecutivo de saldo positivo, según datos del INDEC.
El resultado representa una mejora de u$s 513 millones respecto al mismo mes del año anterior, sin embargo, se aleja del buen desempeño de enero, con mayor impulso de las ventas del campo, lo que permitió un saldo a favor de u$s 1.987 millones.
A diferencia de enero, donde las exportaciones crecieron casi un 20%, febrero registró una caída interanual del 2,9% en las ventas al exterior, totalizando u$s 5962 millones.
Aun así, el informe refleja una fuerte baja en cantidades del 7,1%. mientras que los precios internacionales actuaron como amortiguador con un aumento del 4,4%.

Esta “ayuda” de los precios internacionales permitió que la caída en dólares no fuera mayor, pero la serie desestacionalizada muestra una señal de alerta: un descenso del 16,2% respecto al mes anterior, lo que sugiere un freno en el dinamismo que venía mostrando el sector exportador.
Importaciones ¿Se frena la demanda?
Por el lado de las compras al exterior, la tendencia a la baja se profundiza. En febrero alcanzaron los u$s 5174 millones, una caída del 11,8% interanual.
Este retroceso está explicado casi exclusivamente por el volumen: las cantidades importadas se desplomaron un 14,9%.

Este dato guarda relación directa con el escenario de sobrestock y caída del consumo que vienen denunciando diversos sectores industriales, donde la mercadería extranjera encuentra cada vez menos espacio en un mercado interno debilitado.
A pesar del enfriamiento en los volúmenes, Argentina logró mejorar su posición relativa en el mercado global. El Índice de Términos del Intercambio creció un 0,7%, lo que significa que los precios de lo que Argentina vende subieron más (o bajaron menos) que los de lo que compra, aumentando el poder de compra externo del país.
Un superávit sostenido por el “freno” importador
El análisis de los datos revela que el saldo positivo actual se explica más por la caída de las importaciones que por un boom exportador. Mientras que en enero el motor fue el crecimiento de las ventas, en febrero el superávit se sostuvo porque las compras al exterior cayeron con mucha más fuerza que las ventas.
De cara a la “cosecha gruesa” y el mejor precio del petróleo por el conflicto en Medio oriente, el desafío para el Gobierno será transformar este superávit “por hundimiento” de las importaciones en uno apoyado en la expansión genuina de las cantidades exportadas,














