Zoom editorialExclusivo Members

Vivir con un Estado que no funciona, la tragedia cotidiana de la Argentina

El accidente ferroviario del viernes podría haber sido una tragedia, pero afortunadamente esta vez no hubo que afrontar víctimas fatales. Para muchos resultó inesperado, pero lamentablemente no puede decirse que su ocurrencia haya sido una sorpresa.

El choque de un tres de la línea San Martín con una formación que cumplía tareas operativas de mantenimiento volvió a dejar a la vista lo que significa convivir con un Estado que no funciona. Hubo una cadena de errores humanos que no borra la dedicación que ponen muchos veteranos operarios por mantener como pueden el servicio. Pero está claro que hay mil veces prometidas y nunca cumplidas que no tienen que ver con el presupuesto, sino con las prioridades de quienes gestionan dinero público.

Línea San Martín

La electrificación de los trenes metropolitanos es un proceso que comenzó hace décadas y tiene al San Martín convertido en la Cenicienta de la película. Comenzó a fines de los '80 con un ramal de la línea Roca y siguió con mediano impulso luego de la concesión al sector privado que ensayaron Carlos Menem y Domingo Cavallo. La caída de la convertibilidad y la crisis de 2001 abrieron la puerta a un funcionamiento en el que el estado de emergencia latente se volvió la nueva normalidad.

Cuando Cristina Kirchner soñaba con el tren bala a Rosario, ya había planes para el San Martín, de la mano de un consorcio chino. Para el 2010, debía estar en funcionamiento un nuevo parque de 24 locomotoras y 160 coches. Pero los planes no se concretaron. En realidad, nunca hubo espacio para salir del cortoplacismo, hasta que en 2012 la tragedia de Once logró invertir las prioridades.

La modernización que sobrevino después, al costo que fuese necesario (financiado por el Estado), puso el foco en el Sarmiento, que hasta recibió unidades con aire acondicionado mientras los asientos rotos eran moneda corriente en el San Martín movido a diesel.

Un crédito del BID, que terminó firmando Luis Caputo en la gestión Macri, trajo nuevas esperanzas. Pero no se ejecutó. Llegó el 2018, la crisis financiera, el FMI, el triunfo de Alberto Fernández y la pandemia. Se reactivó en 2021 pero el BID pidió rehacer la licitación y el proceso volvió a entrar en un limbo.

A la Argentina no le sirve más este modelo de gestión dominado por la letanía, con un Estado que no tiene capacidad de fijar y ejecutar prioridades. En el mundo el tren eléctrico es un servicio promovido por los gobiernos porque baja la contaminación y facilita el transporte masivo. Ya sea en manos públicas o del sector privado, lo que no puede volver a suceder es que su modernización se caiga de la agenda hasta el próximo accidente.

Noticias de tu interés

Compartí tus comentarios

¿Querés dejar tu opinión? Registrate para comentar este artículo.