Resolver el dilema del cambio climático exigirá un cambio de liderazgo

La última Cumbre de Cambio Climático finalizó en Dubái en diciembre pasado, presidida por el CEO y director de la compañía petrolera estatal de Emiratos Árabes Unidos -Adnoc- Sultan Ahmed Al Jaber, con resultados decepcionantes y declaraciones vacías.

Mientras, el mundo se debatía en una atmósfera irrespirable con casi 60 oC en Río de Janeiro, donde curiosamente se llevó a cabo la primera reunión en 1992 para advertir sobre los riesgos del aumento de temperatura que se venían observando en el planeta.

Y Estados Unidos se debatía con una ola de calor que asfixiaba buena parte del país como en 2022, cuando el Presidente Joe Biden dijo sobre el particular: "El cambio climático es un peligro claro, inmediato y una amenaza existencial para nuestra nación y el mundo". Y agregó: "La salud de nuestros ciudadanos está en juego, igual que nuestra seguridad nacional y nuestra economía".

En sus comunicaciones estratégicas a la Nación, insistió en que el cambio climático es un asunto de seguridad nacional que afecta la infraestructura; y ratificó su promesa de reducir las emisiones un 50% para 2030, respecto de 2005. Ratificando que es uno de los dos temas prioritarios de su agenda de gobierno.

Para completar el cuadro, el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea (UE) acaba de informar oficialmente que el año 2023 fue 1,48 °C más cálido en promedio que el período preindustrial 1850-1900; y el más caluroso de los últimos 100.000 años.

Que dos días de noviembre estuvieron 2 °C por encima, y casi la mitad de 2023 superó el límite de 1,5 °C para no tener consecuencias graves acordado en París, para 2035.

Concluyendo, después de 28 años de Cumbres bajo el liderazgo de la ONU, el planeta y nosotros no podríamos estar peor; lo que demuestra que algo falló. Y si queremos salvarlo, es tiempo de adoptar medidas concretas, y que los países reduzcan sus emisiones; porque el tiempo de las buenas intenciones se terminó, y ya no alcanza la retórica voluntarista de los ambientalistas.

La realidad demostró que sin un Plan, solo las advertencias y la voluntad son absolutamente inconducentes; de hecho, un objetivo sin un plan no pasa de ser una idea o deseo. Y la ONU como líder y responsable de combatir el cambio climático, no tuvo ni tiene un plan para combatirlo; ¡por eso no hay resultados!

La transición al carbón y petróleo tardó 50 años cada una, y ocurrieron para traer progreso al mundo, aunque con la consecuencia no deseada y desconocida del calentamiento global; pero esta -la tercera-, es para evitar el colapso del planeta como lo conocemos.

En los ´90, cuando la ONU diseñó las COP para combatir el Cambio Climático, el 4to Informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) de 2007 aún no se había emitido; China era un país en desarrollo, e India incipiente. Responsabilizó del problema a los países desarrollados, y diseñó un modelo que permite a los países no OCDE hasta el día de hoy a quemar carbón sin límite de cantidad ni tiempo, para "igualar oportunidades de desarrollo". Y exhortó a reducir y limitar sus emisiones a los OCDE. Modelo que equivocadamente sostiene hasta hoy, cuando el mundo cambió drásticamente.

¿Y con qué resultado?: EE.UU. y la Unión Europea (UE) siguieron creciendo, independizando su crecimiento económico de sus emisiones, y reemplazaron al carbón para generar electricidad por gas natural y energías renovables; que redujo su participación del 22%-24% al 10,4% en ambas matrices energéticas.

Mientras que los países no OCDE por las razones expuestas, aumentaron el 17,9% los gigatons emitidos; su aporte global del 52 al 67%, y son ahora los mayores responsables.

Y el resultado es que mientras los países OCDE cumplen su responsabilidad de controlar el cambio climático y marchar en la dirección estratégica correcta para lograr "emisiones neutras a 2050 y cero para 2100", los no OCDE marchan en la dirección opuesta por las reglas que impuso la ONU en las Cumbres, y cada vez queman más carbón "para desarrollarse con el combustible mas barato"; pero aumentan el calentamiento global. ¡Que es lo que se quiere evitar!

China es hoy una de las dos mayores economías del mundo, y alcanzó la mayor participación de carbón en su matriz energética del mundo con el 76,4%; y siendo el mayor productor de electricidad del mundo con el 30,3%, la genera el 61% también con carbón, que emite 4,4 veces más CO2 que el gas. Lo convierte en el mayor emisor y principal responsable del cambio climático. Seguido de India, que con el 6,4% es el cuarto país en generación del mundo, y lo hace con 66% de carbón; y una participación del 74,6% en su matriz energética. Ambos países -con Asia Pacífico-, son hoy responsables del 52% de las emisiones, y de la enorme aceleración del calentamiento global que nos asedia.

Además, desde 2010 consecuencia del cambio de modelo económico y energético en Copenhague 2009, hacia una economía de bajo carbono y baja intensidad energética, el mundo aprendió que tan importante como disponer de energía es usarla con eficiencia. E incorporó el concepto de Intensidad Energética (cantidad de energía necesaria para hacer crecer 1% el PBI), que en la OCDE baja, pero no en el resto, porque el carbón tiene menos calorías que el gas -entre un tercio y la mitad-, y deben usarse más toneladas; que emiten más CO2.

Esto demuestra que el mundo necesita cambiar hacia un liderazgo capaz y eficaz. Que empieza por hacer explícito que el cambio climático es un fenómeno causado un 70% por el anhídrido carbónico (CO2), producido por la combustión de carbón desde la segunda mitad de 1800; y por el petróleo desde el Siglo XX. El mundo debe dejar de quemar carbón. Dicho de otro modo: el cambio climático no se puede resolver desde sus consecuencias, sino que debemos eliminar su causa.

¿Por qué en 28 años de COPs no se avanzó?; y ¿por qué las principales medidas para limitar y controlar el cambio climático en la práctica fueron adoptadas por decisión de los G7 y los BRICS liderados por el Presidente Obama, y por fuera de las Cumbres?, ¿que cambió el paradigma en Copenhague 2009 y limitó el calentamiento global a 2 °C, previendo revisarlo seis años después en París 2015 para reducirlo a 1,5 °C? Como realmente sucedió.

Y la respuesta es porque la Cumbre ya había finalizado sin que se adopte ninguna medida conducente, a la que se consideró un fracaso porque no se había conseguido integrar el Fondo Verde de u$s 100.000 millones por año para mitigar y adaptar, a repartir entre el resto de las naciones. Confundiendo ese, como objetivo central de la Cumbre; como luego siguió sucediendo.

Decisiones que se implementaron de inmediato, y fueron complementadas con un Plan para bajar consumo y emisiones en Generation de la Agencia Internacional de Energía (AIE) que consolidó el nuevo paradigma, con la Intensidad Energética como parámetro para medir la eficiencia en el uso energía. Y en 2011 declaró "la era dorada del gas", por la creciente necesidad del mundo de reemplazar carbón por gas en generación para bajar emisiones. Coincidente con la abundancia de shale gas en EE.UU., que cambió el mundo de la energía.

Procesos que la pandemia por COVID vino a discontinuar en 2020, brindando a los lobby del carbón y petróleo una oportunidad inesperada para retomar iniciativa y retardar la transición energética, solo motivados por la codicia y el dinero; ante la pasividad de la ONU.

Lo que a juzgar por los resultados, habla de una enorme falta de liderazgo y la adopción y sostenimiento de un modelo equivocado para combatirlo, ya que el calentamiento global superó todo límite admisible. Es tiempo de una acción correctiva inmediata, consecuencia de las reglas equivocadas que impuso la ONU como líder del proceso y la confusión de objetivos que mantiene, sin haberlas rectificado.

Razones más que suficientes para proponer un cambio de liderazgo hacia los G7 y BRICS, responsables del 80% de las emisiones y con capacidad económica, tecnológica y financiera para innovar y producir los cambios necesarios que salven la vida en el planeta; y capacidad de acción para ‘inducir' al resto de las naciones. Lo que exigirá soluciones imaginativas, como las que aplicó la UE con los alimentos; que por ley no se pueden importar si no certifican no provenir de tierras deforestadas.

Lo cual señala un camino posible: EE.UU. y la UE representan el 60% del mercado de exportación de China. Y si no llegan a un acuerdo, aplicando las reglas de mercado pueden decidir no importar más bienes y servicios de países que tengan más del 20% de carbón en su matriz, y/o que generen electricidad con más del 20% de carbón. Con un período de adaptación de 4 años, y porcentajes anuales decrecientes; sin necesidades de gobernanza global, ni de crear ‘el negocio de un mercado de bonos de carbón'; que dispersa del objetivo, y no es el propósito.

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