"En economía se puede hacer cualquier cosa, menos evitar las consecuencias", es una frase famosa, que el imaginario profesional atribuye a John Maynard Keynes.

Aplicaba al kirchnerismo cuando imponía cepo o precios máximos y se quejaba por la escasez de dólares y combustibles; o cuando emitía pesos para financiar el déficit fiscal y se sorprendía por la aceleración inflacionaria. Aplica también al tándem Milei-Caputo. Desde fines de julio, el Gobierno afronta las consecuencias de las decisiones de política económica que adoptó hace varios meses, pero en especial desde que se firmó el acuerdo con el FMI, apartándose de lo que se había comprometido a hacer.

El ex viceministro de Economía, Joaquín Cottani, quien dejó el equipo económico a mediados de 2024, resumió el germen de lo que meses después desencadenaría "una serie de eventos desafortunados": "Nunca entendí el programa económico basado en congelar la oferta monetaria, la idea de dolarizar endógenamente; la idea de que no hacían falta acumular reservas, sino que, al congelar la oferta monetaria, la economía se dolarizaba sola. Una solución quimérica, que no encaja en ningún manual de teoría monetaria, y los funcionarios del FMI estaban más perdidos que yo. Caputo decía que estaba inventando algo nuevo, pero se demostró que no era así".

El Gobierno afronta las consecuencias de las decisiones de política económica que adoptó hace varios meses. (Fuente: Archivo)
El Gobierno afronta las consecuencias de las decisiones de política económica que adoptó hace varios meses. (Fuente: Archivo)

Cuando a mediados de abril se concretó el acuerdo con el FMI, en el staff report se decía claramente que el BCRA podía adquirir dólares dentro de la banda cambiaria -emitiendo pesos, obviamente-para cumplir una meta de acumulación de reservas muy exigente: más de U$S 5000 millones en apenas tres meses. Era la forma, además, de propiciar un dólar más alto, ya que los técnicos del Fondo ya advertían un atraso cambiario desde el año previo. Sin embargo, en el período (abril-julio) de oferta récord de agrodólares (U$S 13.400 millones, el segundo más alto de las últimas dos décadas, sólo detrás de 2022 con precios récord), alentado por la "baja transitoria" de retenciones, el BCRA compró "cero" dólares.

Los funcionarios decían que el Central compraría dólares sólo cuando tocara el piso de $ 1.000 y se jactaban de que, si no fuera por la demanda del boom de viajes de turistas argentinos al exterior, el dólar caería por debajo de los 900 pesos.

Milei decía en privado que esa meta comprometida con el FMI era irrelevante y que no era necesario contar con más reservas en el BCRA -adicional a los U$S 20.000 millones otorgados por el FMI y organismos-porque se iba hacia la libre flotación cambiaria.

"Tratar de bajar la inflación usando el tipo de cambio como ancla termina generando una crisis cambiaria", resumió Roberto Frenkel, director del Cedes e histórico defensor de esa máxima, algo en lo que hoy coinciden también colegas como Broda, Carlos Rodríguez y Melconian, que en los 90 minimizaban el impacto del atraso cambiario y del déficit de cuenta corriente del balance de pagos.

Además, todos advertían que la oferta extraordinaria del campo se terminaría a fines de julio -como ocurre en los últimos 20 años-- mientras que, del otro lado, tras el levantamiento del cepo a personas físicas, había aparecido tempranamente una demanda extraordinaria de dólares que se potenciaría en la segunda mitad del año electoral.

Según el BCRA, las personas físicas compraron, entre abril y agosto, "billetes y divisas" por u$s 17.981 millones, de los cuales U$S 7.604 millones fueron vendidos en el dólar financiero (MEP y CCL) y abastecieron la demanda de dolarización de empresas, con cepo en el oficial. En el Central no se desconocía este "arbitraje", pero no lo vedaron hasta hace unos días para mantener acotada la brecha cambiaria, pese al cepo a las compañías.

Dicho sea de paso, resulta llamativo que la máxima entidad monetaria haya reinstaurado la "restricción cruzada" a personas físicas -si compran dólares en el oficial, no pueden operar en el financiero- recién tres días después del "plan retenciones cero" y que el propio Caputo haya explicado que la sobredemanda de las personas para arbitrar con el dólar financiero fue lo que impidió al Tesoro comprar más divisas las primeras tres jornadas de liquidación de las cerealeras.

Sea como fuere, los Caputo Boys no la vieron. Confiaban en que apareciera una nueva oferta de dólares (por la cuenta capital) y anotaban en sus excels dólares del colchón, privatizaciones, venta de inmuebles fiscales y emisión de deuda en pesos suscripta en dólares por no residentes.

En el medio pasaron frases como el "comprá campeón, no te la pierdas", el grito celebratorio de "FLOTAAA" de todo el equipo económico en modo streamer, o el "sobran los dólares en el Central, no hay suficientes pesos para correr al dólar".

El "plan de estabilización de Milei" transitó una primera etapa de pragmatismo puro (mezclando ortodoxia y heterodoxia), con la devaluación inicial, el fuerte ajuste fiscal, el crawling-peg como un ancla nominal transitoria, y la compra récord de reservas por parte del BCRA -emitiendo pesos-por U$S 18.000 millones hasta mayo 2025, gracias al superávit de cuenta corriente, el tipo de cambio real alto y el derrumbe de las importaciones -con cuotificación de los pagos-- a causa de la recesión, y la continuidad del cepo para personas y empresas. Pese a que el mercado de capitales se mantuvo cerrado para Argentina, esos dólares permitieron cubrir los vencimientos de la deuda en dólares en 2024 y 2025.

Desde mediados del año pasado, cuando la inflación inicial evidenció una fuerte apreciación del tipo de cambio real, las importaciones empezaron a crecer fuerte a la par de la normalización de los pagos y la reactivación económica y, con el boom de viajes de argentinos al exterior volvieron a poner en rojo la cuenta corriente externa. Argentina gastaba de nuevo más dólares de los que generaba. Entonces, Caputo se aferró al ancla cambiaria y consiguió en el blanqueo un puente de financiamiento extraordinario.

Cuando el blanqueo se agotó, durante el verano, el BCRA perdió U$S 3000 millones de reservas que no eran propias para sostener el crawling-peg del 1%. El acuerdo con el FMI fue el primer rescate financiero -con un mega paquete de "fondos frescos", adicional a la reprogramación de la deuda contraída por Macri. Mientras que la flotación cambiaria fue la oportunidad para acumular reservas, ante la lluvia de divisas del agro que disparó la baja de retenciones.

Lo que todos se preguntan es si Milei aprovechará esta vez la gran oportunidad que le abre el respaldo inédito del Tesoro de los Estados Unidos. (Fuente: Archivo)
Lo que todos se preguntan es si Milei aprovechará esta vez la gran oportunidad que le abre el respaldo inédito del Tesoro de los Estados Unidos. (Fuente: Archivo)

Pero el Gobierno profundizó su teoría de que, fijando la cantidad de pesos, se dispararía la "dolarización endógena", basada en la idea de que con equilibrio fiscal todo lo demás se acomoda y guiado por el dogmatismo del objetivo único: eliminar la inflación.

A partir del acuerdo con las cerealeras y el anuncio del rescate de Trump, el segundo en seis meses, se activó el "plan aguantar". El Tesoro compró unos U$S 2.200 millones, poco menos del 40% del total de dólares ingresados en una semana, elevando así sus depósitos en el BCRA a casi U$S 2.500 millones. Pero desde el miércoles pasado, el día siguiente al final de la liquidación extraordinaria, el Tesoro habría vendido más de 1.100, y sus depósitos habrían caído -descontando pagos a organismos internacionales-a unos U$S 1.200 millones. (La información se publica con dos días de atraso).

El Gobierno fija una trinchera con las ventas del Tesoro -ayer a $ 1.430 el mayorista-con la intención de demorar lo más posible que la cotización llegue al techo de la banda cambiaria ($ 1.480), donde el Central cuenta con más de 14.000 millones prestados por el FMI. Pero a Washington no le agrada que se vendan para defender un tipo de cambio fijo, como quedó demostrado después de la venta de los primeros U$S 1.100 millones en los días posteriores a la elección de Buenos Aires.

Con 13 días hábiles hasta la elección, para llegar congelando la foto actual sólo con intervenciones del Tesoro, las ventas deberían caer a menos de U$S 100 millones diarios. La apuesta oficial es que un anuncio de Milei con Trump en la Casa Blanca el próximo 14 de octubre alivie el vía crucis cambiario. Sin embargo, lo que todos se preguntan es si Milei aprovechará esta vez la gran oportunidad que le abre el respaldo inédito del Tesoro de los Estados Unidos. La oportunidad de cambiar.

Quién mejor lo expresó fue Gita Gopinath, la ex número 2 del Fondo, apenas se conoció el apoyo de la dupla Trump-Bessent: "Argentina necesita mover a un esquema cambiario más flexible, acumular reservas y construir apoyos políticos". Días atrás, lo repitió casi calcado la vocera del FMI, Julie Kozack. Algunos, como Domingo Cavallo, dicen que esa será la condición del Tesoro norteamericano y del FMI.