Durante el primer año y medio de la gestión de Javier Milei hubo un esquema de poder real claro: el presidente concentraba todas las decisiones, compartiéndolas sólo con dos personas, su hermana Karina "El Jefe" Milei y su asesor Santiago Caputo.

Ello favoreció cada vez más esta concentración de poder en ellos. Karina fue acumulando cada vez más áreas de Gobierno, entre ellas algunas que hasta el momento le habían sido ajenas, como la Secretaría de Cultura. Sumó también un equipo de acción política que terminó siendo el suyo propio, integrado por el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y su operador político, "Lule" Menem, primo del primero (ambos son nietos del ex presidente Carlos Menem).

En la vereda de enfrente se fue estructurando una red de poder informal alrededor del asesor Santiago Caputo. Esta incluía las estructuras de La Libertad Avanza en redes sociales y el control de áreas clave de Gobierno, como la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE).

Mientras la hermana del presidente acumulaba poder en forma transparente y abierta, y se hacía cargo también del armado de La Libertad Avanza como partido político nacional, la influencia de Caputo crecía también, vinculada a su tío, el ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo.

Karina Milei. (Fuente: archivo)
Karina Milei. (Fuente: archivo)

Un año atrás, cuando el presidente reemplazó a su entonces Jefe de Gabinete, Nicolás Posse, fue explícito y claro. Dijo públicamente que había sólo tres personas ejerciendo el poder: él, su hermana en segundo lugar, y Santiago Caputo en el tercero.

Este "triángulo del poder" mileísta se mantuvo hasta ahora. La lucha por las alianzas y candidaturas en la decisiva provincia de Buenos Aires parece haber producido una crisis entre la hermana del presidente y su asesor.

De ella emergió como ganadora Karina, quien logró imponer su tesis de que La Libertad Avanza debe concurrir como una fuerza independiente, sin conexiones ni frentes identificatorios, salvo en algunas excepciones. Su plan electoral se tradujo, en consecuencia, en evitar una alianza explícita entre La Libertad Avanza y el PRO, y dejar la denominación y el color violeta del primero como la única expresión política valedera para el oficialismo de este acuerdo.

Al ganar la hermana del presidente esta batalla, definió de hecho la pugna con Caputo por la estrategia electoral. En las candidaturas para la provincia de Buenos Aires se fueron imponiendo los nombres impulsados por la Secretaria General de la Presidencia y su armador bonaerense, Sebastián Pareja. Desde el punto de vista político, si La Libertad Avanza se impone en la provincia de Buenos Aires, será indudablemente un triunfo de Karina.

Después de esta definición, no queda nadie en el Gobierno con capacidad o en condiciones no sólo de enfrentar a Karina, sino incluso de influir en sus decisiones. Pero la política tiene leyes inmanentes que se remontan a la época clásica de griegos y romanos, pese a que su acción se manifieste con nuevas herramientas tecnológicas. Por eso hay quienes pronostican que, si Caputo continúa perdiendo poder, Milei va a crear algún otro polo que restablezca de cierta forma el "triángulo de poder" con el cual gobernó su primer año y medio.

Por ahora este reemplazante no aparece a la vista. Aunque el proceso de la elección de medio mandato puede hacer emerger una nueva figura, ninguna de ellas tendrá capacidad para enfrentarse a la hermana del presidente, pero sí la de ocupar el tercer vértice de este triángulo, más débil que los otros dos.

Es probable que los hermanos Menem traten de ocupar ese lugar, dada su particular vinculación con la hermana del presidente, asumiéndose como una de las herramientas políticas más importantes de la Secretaría General de la Presidencia. Karina hoy no tiene adversarios ni competidores dentro del poder oficialista, pero sí rencores encubiertos entre quienes han sido derrotados o desplazados por ella.

En cuanto a la vicepresidente Victoria Villarruel, ya en el festejo por el triunfo electoral se percibieron matices que encubrían diferencias y eso se manifestó en ambas. De ahí en más, distintas circunstancias fueron profundizando las diferencias, y en particular el deterioro de la relación entre la vicepresidente y la hermana del presidente.

Pero era difícil entonces prever que el enfrentamiento de Victoria Villarruel con los hermanos Milei podía llegar a los extremos en los que está hoy. Un año atrás, pese a las diferencias, en el desfile militar del 9 de Julio, el presidente y su vice compartieron un pequeño trayecto a bordo de un tanque militar, de la que surgió una foto que dio la vuelta al mundo, mostrando una fuerte unidad política que en realidad ya no existía.

Un año después no hubo desfile militar y los ataques e incluso insultos cruzados entre mileístas y villarruelistas hicieron que pasen de adversarios a enemigos. La vicepresidente quizás no sea un adversario por su volumen político, pero sí lo es en momentos en que el presidente enfrenta un Congreso adverso en ambas Cámaras y necesita concentrar todas las fuerzas políticas disponibles para enfrentar esta situación.

Pero el Gobierno parece centrar su estrategia electoral en tener una baja inflación para el 26 de octubre, como la obtuvieron Menem y Cavallo el mismo mes de 1991. La diferencia está en que entonces la sociedad argentina venía de haber sufrido dos hiperinflaciones con decenas de muertos.

Ahora, en cambio, ha sufrido sólo un proceso inflacionario. Quizás por eso la situación es más compleja y deban incorporar otras variables en su estrategia.