La inflación desiguala condiciones de vida

El registro estadístico de la Argentina marca un crecimiento de los precios al consumidor en septiembre de 3,5%, con lo que la inflación interanual alcanza al 52,5%.

Los precios reponen la parte proporcional de medios de producción empleados y el resto lo constituye la renta, es decir, salarios, ganancias o rentas propiamente dichas, por lo que los precios constituyen un mecanismo de distribución de la renta entre los propietarios de la fuerza de trabajo, del capital o de los recursos naturales, según se explica en cualquier manual de Economía Política.

Por eso se alude a la inflación como un fenómeno que explicita la disputa de la renta o del ingreso. No cualquiera puede fijar precios, razón por la cual, el conflicto de intereses se manifiesta en la posibilidad de establecer precios en la economía. Quienes aluden a que el mercado establece el precio esconden la puja de intereses contradictorios.

Los capitales pujan por porciones del mercado y uno de los aspectos de esa disputa es vía precios y si en estos se encuentran partes componentes de ingresos de otras personas, entonces, la puja es por la apropiación de renta, entre trabajadores/as perceptores/as de ingreso salarial, los propietarios/as de medios de producción y aquellos propietarios/as de recursos naturales que perciben renta.

Se trata de una disputa múltiple, al interior de las empresas, las ramas y del conjunto de la economía, en donde también interviene el Estado, en tanto productor directo de bienes y servicios y muy especialmente en tanto ejerce su función de regulación o de desregulación de la economía. En uno u otro caso interviene. Además, interviene también el mercado mundial, donde las disputas locales se procesan globalmente.

La inflación es un problema local, con especificidades del conflicto y la contradictoria lucha de sujetos intervinientes en el proceso económico, entre el capital y el trabajo, entre capitalistas, con mayor o menor intervención estatal.

Pero esa dinámica escala regional y globalmente de manera creciente al fenómeno de la internacionalización de la producción y el comercio, junto a la transnacionalización del capital, en donde se juega la hegemonía del capitalismo contemporáneo.

El informe preliminar de la economía mundial del FMI, recientemente difundido alerta sobre el crecimiento de los precios, especialmente de los alimentos y la energía.

La cuestión está vinculada al rebote económico luego de la recesión del 2020, atravesada por la pandemia. Estos precios globales acrecentados están asociados a la búsqueda de recomponer con rapidez la pérdida de rentabilidad durante la recesión.

No tiene que sorprender que al mismo tiempo que hay rebote económico, medido en términos de crecimiento del PBI de los países, no hay recomposición proporcional de ingresos entre salarios y réditos (ganancias y rentas), como tampoco del empleo.

La norma es la expansión de la desigualdad, con mayor concentración del ingreso y la riqueza y por ende la inclusión de nuevas camadas de pobres e indigentes, en tiempos en donde el combate a la pobreza aparece como objetivo civilizatorio.

Resulta de interés entonces pensar polémicamente el tema inflacionario y descubrir que por detrás de los precios está la puja por el poder, global y local.

¿Quién maneja los precios internacionales de los alimentos y de la energía en tiempos de problemas alimentarios y energéticos? Son producciones asociadas a la reproducción de la vida cotidiana y que afectan a la naturaleza en términos de "cambio climático".

¿Qué papel asumen los Estados nacionales y las propias sociedades ante un fenómeno social como la producción y los precios? Dejarlo en manos del mercado es ceder la decisión a los que tienen poder para incrementar precios, favoreciendo la ley de la selva.

Tags relacionados

Compartí tus comentarios