Cuatro trimestres consecutivos de caída de la inversión es una señal que los analistas no pasaron por alto en el contexto del crecimiento del PBI que informó el INDEC. No fue laúnica. Aunque la desocupación entre enero y marzo se mantuvo casi sin cambios (descendió apenas a 7,8%), la tasa de informalidad alcanzó a 44% de los ocupados, el nivel más alto de la serie.
El Gobierno está atado a un modelo que tiene como protagonistas al agro, la energía, la minería y un grupo selecto de servicios (como el financiero y la economía del conocimiento). Y necesita mostrar que son motores de inversión y que también tienen capacidad de traccionar empleo.
Lo que hay que subrayar en este tema es que la estadística corresponde al primer trimestre del año. Y no por casualidad, después de que la plana mayor del gobierno participara del Argentina Week en Nueva York (con Javier Milei a la cabeza), hubo una instrucción que causó efecto: acelerar los trámites de las empresas que habían solicitado su adhesión al RIGI para que sus resultados sean visibles en 2027, de cara a la elección presidencial.
Así fue como, desde abril en adelante, el ministro Luis Caputo empezó a darle difusión a los proyectos aprobados e incluso se creó una página oficial para darle seguimiento y difusión. Del anuncio al desembolso hay un trecho, pero el Gobierno confía en que la tendencia que muestran los números de inversión cambiará en el segundo semestre.
Con el empleo la situación es más compleja. Porque lo que está más en riesgo es el empleo de calidad, como bien reflejó la consultora Analytica. En un año se perdieron 166.800 puestos formales, pero los informales crecieron 379.600. Eso significa que hubo una suba neta del empleo, pero de baja calidad. El Ejecutivo necesita que la reforma laboral, al igual que el RIGI, entre en acción. Porque parte de la menor ocupación e incluso la baja de empresas empleadoras, es un síntoma de que los costos laborales e impositivos todavía siguen empujando hacia la informalidad.