Probablemente esta fue la definición más contundente que dejó Mark Moebius, uno de los lobos más emblemáticos de Wall Street en los últimos 40 años, tras su paso por Buenos Aires en las últimas semanas: “el problema de la Argentina nunca fue la deuda o la liquidez, el problema de la Argentina siempre ha sido la credibilidad, y lo sigue siendo”.
Remarcó con énfasis el alivio que significó la llegada de Javier Milei al Gobierno, recomendó invertir en activos locales que generen dólares propios como energía y agro. Pero insistió en que más allá de la figura del Presidente que alienta expectativas positivas., la batalla cultural no está ganada y que se necesitará mucho tiempo para que Argentina demuestre que su sociedad no va a querer retroceder como tantas veces en el pasado. Algo así como que el problema no sería Milei, el riesgo son los argentinos.
Factótum del célebre fondo Templeton, que tantas veces entró y salió de activos locales con suerte esquiva, Moebius conoce de memoria la historia financiera del país desde los 80s a la fecha. Su último disgusto lo tuvo con el derrumbe de los bonos y acciones en el final de la administración Macri, justamente por haber confiado en las recomendaciones del actual equipo económico, en la primera experiencia que tuvieron Luis Caputo y Santiago Bausilli al frente de la conducción económica del país. Logró parcial revancha achicando pérdidas en las negociaciones posteriores con los ministros Guzmán y Sergio Massa. La vida, para este audaz inversor de 88 años, finalmente es un promedio.
La cautela de Moebius discrepa con el momento de gran optimismo y hasta cierta euforia que se observa en todo el colectivo oficialista y entusiasta del Gobierno. Esta mirada se afirma en el veranito financiero que se consolidó durante enero con el riesgo país bajando a la zona de 500 puntos; y el dólar congelado en $ 1450 pese a que el BCRA interviene todos los días del lado de la demanda de divisas y suma más de u$s 1000 millones en el mes.

Despejó dudas el equipo económico y, aún sin acceder a los mercados globales de deuda, pudo cumplir sin sobresaltos el nuevo esquema prometido. Aplicó medicina conocida, combinada con una realidad más favorable: suba de tasas para alentar el carry trade, venta de bonos con seguro de cambio, mayor oferta de dólares de los exportadores, ingreso de divisas de empresas que vienen colocando deuda, caída del dólar en el mundo y la región, y menor demanda local de importadores y el público. Salvo los afectados por la suba de las tasas, todos contentos.
Probablemente convivan miradas distintas que no necesariamente resultan contrapuestas entre los eufóricos y los cautelosos. Moebius cuenta su experiencia en Argentina. Reconoce las mejoras y afirma que puede ser el paraíso para los traders y los inversores de corto plazo donde se puede ganar fortunas. Pero advierte que puede ser una pesadilla para los que apuestan al largo plazo.
Considera que la fuerte recuperación de los activos que se dio a partir del salvataje del Tesoro de EEUU y el triunfo de Milei en octubre pasado hay que tomarlas como un repunte de alivio, no todavía como un punto de inflexión. Explica algo en que coinciden todos los inversores internacionales que están mirando la Argentina: es necesario que la revolución Milei en materia económica demuestre que se trata de una experiencia permanente.
Para eso se necesita tiempo, como quedó verificado en Chile, Brasil, Uruguay, Perú, Paraguay, por citar los casos más cercanos. Tal vez la semblanza que realizó Moebius sobre el momento actual explique también por qué, pese a que la administración Milei anotó importantes logros a la hora de ordenar la economía, todavía le cuesta al país colocar deuda con bonos soberanos en los mercados globales. Vale recordar que en 2025, con México a la cabeza, el flujo de dólares para comprar títulos de Latinoamérica llegó casi a u$s 60.000 millones. Plata hay, por lo visto.
En todas las observaciones del mundo financiero internacional sobre Argentina, también Moebius, aparece el tema de las reservas netas negativas y los controles de cambio aún vigentes para el libre ingreso y salida de capitales. “Maquiavelo estará muerto, pero el cepo todavía vive”, apunta con gran sentido del humor en su último informe el economista José Siaba Serrate.
Estos días hubo señales positivas al respecto, que muestran que el Banco Central tiene el tema en agenda. Se liberó la semana pasada el mercado para que las empresas puedan comprar dólares y pagar o anticipar pagos de deudas financieras. Y se esperan avances en la negociación con el FMI en febrero que podrían derivar en mayores aperturas, todo gradual para no contradecir al Presidente que ya anunció que el cepo se levantará totalmente recién cuando hayan desaparecido los “sobrantes monetarios”.
Aplaude la cátedra económica y el mercado la sana decisión del Gobierno de comenzar a comprar dólares. Los más de u$s 1000 millones en enero representan una buena señal. Pero no está claro que sólo eso alcance para recomponer reservas y para salir del rojo real que inquieta a los inversores internacionales
Mirando los desafíos por delante anotados en la agenda tanto de los optimistas como de los más cautos, la inflación y el nivel de actividad figuran entre las primeras inquietudes. Tras el pico de inflación de 2,8% en diciembre, es crucial que el número de enero sea menor. La mayoría de las consultoras anticipan el índice en la zona de 2,5%, si es que se verifica un supuesto menor impacto en el precio de la carne y alimentos.
Se sabe también que el dólar lleva tres meses congelado y que se postergó para marzo o abril el tarifazo que suponía la nueva segmentación tarifaria con fuerte baja de subsidios para la clase media. Pero servicios y sobre todo expensas seguirán trepando por encima de la inflación.
Del otro lado, los salarios vienen perdiendo contra la suba de precios desde octubre, y nada indica que ese comportamiento vaya a modificarse. Con lo cual el otro interrogante, el nivel de actividad, seguirá verificando mucha heterogeneidad y pocas posibilidades de mejoras significativas en el consumo masivo.
Los datos del índice de producción industrial de la consultora que dirige hace décadas Orlando Ferreres para el mes de diciembre resultaron categóricos: casi 6% de caída en diciembre contra igual mes del año pasado, con sectores como bebidas, maquinarias o plásticos que anotaron caídas entre 8% y 17%.
No sorprende que la capacidad instalada funcionando hoy se ubique apenas arriba de 50% en promedio, de los registros más bajos de la serie histórica. Ya van tres meses de dólar quieto con la inflación corriendo al 2,5% mensual, con lo cual el escenario para un nuevo round de atraso cambiario está servido.
Los últimos datos de empleo revelan que en 2025 aumentó la gente ocupada, pero sólo se creó trabajo informal y cuentapropismo. No hubo aumento en el empleo formal registrado. El nivel promedio de mora y falta de pago en el universo del crédito a familias y pymes se acerca al 10%, récord para el sistema. Moebius confía en Milei y asegura que por primera vez un Presidente argentino va por el camino correcto. Pero tiene miedo de que la sociedad se canse del ajuste y no quiera transitar el camino del desierto. No es el único que pretende ver para creer.


















