Enfoque

El pantano frondoso en el camino al jardín de rosas

Las elecciones dejaron un gusto amargo en los mercados, que castigaron los precios de los bonos y las acciones en forma dramática, con caídas que oscilaron entre 10 y 20%. Es difícil pensar que los inversores hubieran preferido un triunfo del Frente de Todos: el desplome pareciera estar asociado a preocupaciones de corto plazo, especialmente porque el Gobierno todavía no ha dado indicios de que haya un plan, de que ese plan tenga la bendición de los sectores más radicalizados de la coalición oficialista y de que pasaría en caso de haya desacuerdos entre ellos.

Lo cierto es que la situación sigue siendo compleja. La economía está en terapia intensiva y todavía no se sabe si el tratamiento lo va a liderar una eminencia médica, un residente sin experiencia o un curandero. En otras palabras, si se va a diseñar un programa que tenga visos de sacar a la Argentina de la crisis, que cumpla con mínimos requisitos de consistencia técnica y que cuente con apoyo del FMI (si es con algo de financiamiento mejor), o si se van otra vez a buscar soluciones mágicas, cortoplacistas y voluntaristas que terminen profundizando la crisis y poniendo a la Argentina al borde del abismo.

La gran preocupación es el corto plazo, que nos angustia a diario, especialmente cuando miramos la pobreza, una inflación que sigue desbocada, un tipo de cambio libre que escala sin prisa y sin pausa, las reservas que son magras y no alcanzan ni para cubrir un mes de importaciones (lo recomendable son seis meses), un cepo cambiario que ahoga la producción y genera incertidumbre y un riesgo país que aísla al país de los mercados financieros internacionales.

Los inversores dijeron "desconfío de un programa plurianual que no se conoce pero que seguramente no va a tener visos de atacar los grandes desafíos que enfrenta nuestra economía". También preocupa el hecho de que el Banco Central, al día siguiente de las elecciones insistió con una depreciación diaria minúscula, incluso menor a la que venía haciendo, y no movió la tasa de interés a pesar de que el atraso cambiario es obvio y que la brecha cambiaria se mantiene elevada. En otras palabras, la respuesta inicial a los desequilibrios cambiarios fue la de un BCRA que parece dispuesto a aceptar que los problemas se profundicen. En el interín los desequilibrios cambiarios y financieros aumentan.

La realidad es que en el frente cambiario los desafíos siguen siendo enormes y que las soluciones no son fáciles. Principalmente porque en la medida en que no haya un programa para recomponer reservas, para bajar la brecha, para ir sacando el cepo, y para que el riesgo país baje a niveles razonables la economía va a seguir necesitando un tipo de cambio que es más alto que el que podría tener en tiempos normales.

En el mercado se discuten tres alternativas para enfrentar la situación. Una es que haya un salto en el tipo de cambio como el que ocurrió con Fábrega. Como en ese momento, acabamos de tener las elecciones de medio término, las reservas están flacas (aunque ahora mucho más) y la brecha cambiaria es alta. Esa fue en muchos sentidos una devaluación exitosa, que bajó la brecha cambiaria y que limitó el impacto inflacionario. La gran diferencia es que la inflación es el doble de la que había en el 2014 y los riesgos por ende son más altos.

Las otras opciones son que se acelere el ritmo de depreciación diaria para ir achicando la brecha y compensar la apreciación real que se viene dando desde abril con el tipo de cambio perdiendo por varios cuerpos contra la inflación. Esta opción tiene la desventaja de que se tarda mucho en llegar al tipo de cambio que se desee y mientras tanto las reservas internacionales y la tasa de interés siguen bajo presión, con lo cual el riesgo de fracasar a mitad de camino es importante.

Por último, recientemente aparecieron rumores sobre la posibilidad de desdoblar el mercado cambiario. En la práctica el mercado hoy ya está desdoblado, con el MULC por un lado y el contado con liqui por el otro. Lo que uno sospecha es que se iría a tres tipos de cambio, en el que a los actuales se le agregaría un tipo de cambio financiero, que lejos de flotar también estaría intervenido. El principal problema de este esquema es que el Banco Central podría seguir perdiendo reservas (a menos que se lo deje flotar a $ 200, que no creo que sea la idea) y además, si alguno productos o insumos empiezan a operarse al tipo de cambio financiero implicaría en la práctica una devaluación encubierta. Ni que hablar la dificultad que se va a enfrentar para decidir que transacciones van por un mercado y cuales por el otro y los lobbies que se van a crear. Un sistema así no puede durar mucho.

La problemática cambiaria es solo una pieza dentro del complejo mecanismo que es diseñar un programa económico. Mientras estamos en la dulce espera del programa plurianual, la gran pregunta es si puede superar la vara de consistencia que le va a poner el FMI, quien va a evaluar la sustentabilidad de la deuda, de las cuentas externas, del déficit fiscal y de la política anti-inflacionaria.

La negociación con el FMI no luce sencilla principalmente porque la situación económica es compleja y requiere de medidas antipáticas que al gobierno le va a costar implementar. Para llegar al jardín de rosas habrá que atravesar un pantano frondoso, impenetrable, lleno de serpientes venenosas, y otros animales amenazantes que distan de parecerse al escenario soñado que parece tener en mente el Presidente.

Además, esta va a ser una carrera contra el tiempo, porque habrá que acordar medidas económicas que son políticamente costosas, y tener cerrado el programa para febrero, de manera que el FMI lo pueda aprobar en marzo. De no ser así, Argentina caería en atrasos con el FMI, en default con el club de París y perdería el acceso de desembolsos del Banco Mundial y del Club de París.

Tal vez se entienda mejor porqué bajaron los precios de los bonos y las acciones. Habrá que estar atentos durante en los próximos meses. Con Alsogaray hubo que pasar el invierno, ahora parece que habrá que pasar el verano.

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