"La primera lección de la economía es la escasez: nunca hay bastante de algo para satisfacer a todos los que lo desean. La primera lección de la política es... ignorar la primera lección de la economía". Javier Milei hizo propia esa máxima del economista Thomas Sowell con un mensaje categórico: "No hay plata". Traducido: que la política no ignore más la primera lección de la economía es la condición sine qua non en Argentina para ordenar la macroeconomía. La regla se transformó primero en un recurso sin precedentes de campaña electoral con el que el "outsider" llegó al poder. Luego, el equilibrio fiscal se convirtió en el ancla real del plan de estabilización. En medio de la presión cambiaria, Caputo anunció ayer que el superávit fiscal primario del primer semestre del año llegó a 0,9% del PBI.

Hasta la última votación del Senado, ese ajuste fiscal inédito no había sido desafiado mayoritariamente por la política. La novedad es que fue el propio Gobierno el que pisó el acelerador forzando la colisión con la "casta política", en la que incluyó a los 10 gobernadores de la UCR, PRO, peronismo no kirchnerista y "no alineados" que habían colaborado activamente con el oficialismo en el Congreso. "Todos los gobernadores quieren destruir al Gobierno", dijo Milei antes de la votación. "Todos", enfatizó ante una repregunta.

El Senado aprobó con una abrumadora mayoría las leyes de aumento de jubilaciones, reapertura de la moratoria previsional y emergencia en discapacidad, mientras que dio media sanción a los dos proyectos que impulsan los 24 gobernadores: coparticipación automática del impuesto a los combustibles y ATN (Aportes del Tesoro Nacional). Según la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), el costo fiscal total del paquete podría alcanzar 0,7% del PBI en 2025 y a 1,4% del PBI en 2026. Son números significativos, que pondrían en jaque el superávit fiscal primario comprometido por el Gobierno con el FMI de 1,3% del PBI este año, y la promesa de Milei a los mercados de estirarlo a 1,6%.

Fuente: Francisco Marotta.
Fuente: Francisco Marotta.

Pero los dos proyectos de los gobernadores implicarían un costo de sólo 0,1% y 0,2% del PBI en 2025 y 2026, respectivamente. Los gobernadores aliados de la Casa Rosada estaban hasta la sesión del Senado perplejos: el Gobierno nunca les habilitó un canal de diálogo y, en cambio, los intima a someterse al armado electoral de LLA.

En la Rosada manejan el último sondeo de Aresco, una encuesta que Milei monitorea con sumo detalle. La proyección electoral para octubre es favorable: "la diferencia (LLA + PRO) con el peronismo se ampliaría a más de 10 puntos, con un alto nivel de polarización", dice el informe. Milei mantiene una aprobación de gestión estable en 51%, pero lo más interesante es la descomposición los motivos de ese aval: 20 puntos se explican porque lo perciben como "un cambio frente a los políticos", por encima de los 13 puntos atribuidos a "su gestión en economía", 11 puntos porque "representa la lucha contra la corrupción" y 5% por "sus ideas y opiniones" (2% no sabe, no contesta).

La estrategia electoral de redoblar la confrontación con la política no pareciera la vía más eficaz para incentivar el ahorro en pesos. En especial dado el timing que usó el Gobierno para priorizar el objetivo de la desinflación: adelanto de liquidación de la cosecha gruesa con baja temporal de retenciones, no acumulación de reservas e intervención en el mercado de futuros. Mientras Milei y Caputo pronosticaban que el dólar convergería al piso de la banda cambiaria, para desconcierto de los funcionarios del FMI.

La desinflación dio sus frutos: la inflación del Indec en junio fue 1,6%, en bienes 0,8% y en alimentos 0,6%. Sólo los servicios (no transables) estuvieron por arriba del IPC. Sin embargo, a la incertidumbre en el mercado por el financiamiento de un déficit de cuenta corriente de 2 puntos del PBI, ahora se le agrega el ruido político sobre el ancla fiscal y el interrogante por la dinámica del mercado cambiario una vez finalizada la temporada alta de agrodólares.

Lo ocurrido en los últimos días pone en evidencia el dilema que enfrenta el equipo de Caputo, mientras la confianza sea frágil. Si afloja el torniquete monetario, cobra envión el dólar, si lo endurece, sufre la economía real.

El final de las LEFI (Letras Fiscales de Liquidez) y la liberación de pesos a los bancos, con la baja de la tasa de interés, podía ser interpretado como una movida destinada a darle aire a empresas y personas, que conviven con tasas de interés reales elevadas, que están impactando en la desaceleración del crédito y la morosidad. Cuando el dólar mayorista se encaminaba a superar 1.300 pesos, apareció el BCRA ofreciendo pases diarios a los bancos para que coloquen sus pesos excedentes al 36% anual. Ayer, el Tesoro convalidó pagar tasas efectivas a los bancos en bonos cortos en pesos de entre 40,9% 47,8% anual.

El ministro despejó las dudas: la desinflación es la única prioridad y mejor preparase para lo que viene. Según CIARA-CEC, en las últimas 2 semanas la oferta diaria de dólares de las cerealeras promedió los U$S 200 millones. A partir de la semana próxima bajará a la mitad.

Desde la salida del cepo y el final del crawling peg del 1% mensual, a mediados de abril, el dólar mayorista subió 18%, sólo en el último mes escaló 10%. Mientras, el dólar cayó en el mundo. Desde enero, el tipo de cambio real multilateral subió 14% y el bilateral frente a Brasil, casi 20%. Mejora de competitividad, menor atraso cambiario, sin cimbronazo, con tipo de cambio flotante.

A primera vista, la foto luce mejor que a principios de año. Pero en Argentina no importa la foto, sino la película del segundo semestre.