Los datos económicos que se fueron conociendo en las últimas semanas muestran un panorama variopinto. Además, el conflicto en Medio Oriente generará cambios importantes en la economía al menos en lo que resta del año.
Inflación. La tasa de inflación mensual minorista prácticamente se duplicó desde el 1.6% registrado en mayo de 2025. Los cambios de precios relativos (algunos alimentos como la carne y los servicios públicos) ayudan a explicar lo ocurrido en algunos meses puntuales, pero parece haber algún problema de credibilidad que facilita una propagación a otros precios de la economía.
La guerra en Medio Oriente agrega otra nueva etapa con los combustibles líquidos evolucionando por encima del promedio. A la luz de estos acontecimientos, a mi juicio cualquier baja que se obtenga en el año 2026 respecto de la inflación de 2025 debe ser vista como un avance en una carrera con muchos obstáculos.
Actividad. A pesar del fuerte apretón monetario que se observó durante los cuatro meses previos a la elección del 26 de octubre del año pasado, el PIB del cuarto trimestre se ubicó 2,1% por encima del mismo período del año 2024 y casi 5% más alto que el mismo período del año 2023.
Más sorprendente aún fue la evolución del consumo privado (4.1% y 9.3% más alto que lo observado uno o dos años antes). Se podría especular que en parte ello obedeció a mayor consumo de bienes y servicios importados (turismo emisivo y compras de bienes finales) pero no parece que ello explique la totalidad de la mejora. Una forma grosera de analizar esto es mirar el consumo privado neto de importaciones (o neto de importaciones que no son incluidas en la inversión).
En cualquiera de las dos medidas los datos del último trimestre de 2025 fueron más altos que los registrados en el mismo período de años previos (entre 5 y 6% en la última medida). Es cierto que hubo un comportamiento dispar con mejores registros en las ventas de durables que en otros bienes pero no parece haber nada parecido a un problema generalizado de consumo, al menos con la información de las cuentas nacionales.
La crisis en Medio Oriente tendrá en el corto plazo un efecto negativo sobre la actividad. Como la Argentina es exportadora neta de energía la balanza comercial mejorará, pero todavía se consume en el mercado interno un volumen de petróleo que duplica al que se exporta.
Si el precio del Brent promedio del resto del año se ubica 25% por encima del valor observado en enero, habrá una transferencia de los consumidores a la cadena de valor del orden de u$s 3000 millones.
El efecto negativo sobre el consumo puede ser atenuado por medio de una reducción en el ahorro, pero seguramente la economía crecerá algo menos este año de lo proyectado antes de la guerra. La mejora en los indicadores financieros de los productores puede acelerar inversiones, pero ello no impactará en la actividad de los próximos meses.
Empleo e ingresos. La tasa de empleo del cuarto trimestre registrada en la EPH muestra una evolución negativa comparada con lo observado en el mismo período de los dos años previos y ello explica la suba observada en la tasa de desempleo.
Los ingresos reales muestran comportamientos diversos. Los salarios formales privados y los de los empleados públicos han perdido alrededor de 3 puntos versus la inflación desde diciembre de 2024, mientras que los ingresos de los informales han mejorado 45% en términos reales. Por su parte, el haber jubilatorio medio terminó en 2025 en niveles similares a los observados durante el último mes del año 2024.
Parece poco probable que en un contexto de menor crecimiento y mayor inflación respecto del esperado antes del 28 de febrero los ingresos reales de la población puedan tener una mejora significativa en términos reales.
Situación fiscal. El gobierno nacional mantiene un superávit primario, pero la caída de la recaudación de los últimos meses es una señal de alerta. En cambio, las provincias han deteriorado su posición fiscal en el año electoral.
La guerra en Medio Oriente puede deteriorar la posición fiscal de la Nación en el corto plazo dependiendo de la cantidad de barcos de LNG que se terminen importando para atender el pico de consumo invernal. Ello es consecuencia de un error de diseño en el esquema de retenciones móviles en función del precio internacional que se introdujo en 2020 que puso un tope del 8% al derecho de exportación.
Precisamente como los costos evolucionan a un ritmo menor que los precios en momentos de fuertes subas no tiene mucho sentido poner un tope tan bajo (al menos comparado con las regalías móviles de Canadá o de otros países productores).
Las provincias productoras si recibirán mayores ingresos por regalías e ingresos brutos y la Nación y el conjunto de provincias recibirían algún ingreso adicional el año 2027 cuando se perciba el impuesto a las ganancias de las empresas obtenidas durante 2026.
En resumen, la crisis en Medio Oriente ha generado daños importantes a la infraestructura de producción y tendrá un efecto más permanente en los precios que los que se dieron, por ejemplo, cuando Rusia invadió Ucrania. Ello ha alterado el panorama de la economía mundial para peor. En el mediano plazo se abren oportunidades adicionales a la Argentina como proveedor confiable de energía, pero en el corto plazo la crisis agrega más desafíos.