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Ajuste, contracción y una duda: "¿Y si Sergio no juega?"

Está tan massista el establishment que de golpe ahora la principal amenaza para la precaria paz de estos días es la pregunta: "¿Y si Sergio no juega?". En algunos fondos de inversión del exterior deslizan que finalmente el ministro de Economía, Sergio Massa, emergido como garante del orden en medio del desbande del Frente de Todos, responderá con un "no gracias, besito" cuando eventualmente lo vengan a buscar como la única alternativa para que sea candidato en las elecciones.

"Puede llegar a decir que prioriza el futuro del país y que se dispone a una transición súper ordenada, y que de paso se va a dedicar a descansar hasta 2027 como le pide la familia", explica alguien que sostiene que ésa es la línea que habría empezado a bajar el tigrense todoterreno en sus contactos con medios e inversores.

Difícil que imponga ese criterio. Nadie terminaría de creerlo. Por eso, la sola idea de que se baje en este país de las esperanzas transitorias genera cierto escozor, e incluso abre preguntas sobre el impacto que habría en las variables el día en que se confirmara ese vacío, por llamarlo de alguna manera. "Es Massa, ¿vos pensás que si las encuestas le dan bien y la economía no detonó, no se va a mandar por la presidencia?".

Es el tipo más ambicioso y workaholic del espectro político, con los escrúpulos te hace un budín y ha sabido crecer en todo sentido sobre la gelatinosa frontera de lo público y lo privado. ¿Quién podría comerse que se va a perder estar en la Casa Rosada cuando de golpe broten ductos y terminales para transformar petróleo, gas y litio en dólares?

De hecho, hay un runrún en el poder de que tal vez el que sortee esta etapa tumultuosa tenga chance de encontrar una plataforma de crecimiento de las exportaciones que ahora aún no está pero que daría otro aire. Por eso tal vez esta pueda ser la campaña presidencial más importante en mucho tiempo. ¿Y Massa se la va a perder? Pero el temor de los hombres de negocios a que se baje aparece. "Nos cagaría a todos", se sincera uno de los entusiasmados con el momento actual.

Es que a los ojos del mercado financiero, el Fondo Monetario Internacional y buena parte del empresariado está haciendo mucho más de lo que esperaban: ajuste recesivo para evitar la espiralización, bajo las banderas del peronismo y con el kirchnerismo a rienda corta. ¿Quién lo iba a decir?

Los números de las últimas horas son una locura. La Oficina de Presupuesto del Congreso calculó que la inversión pública en 2022 cayó 38,3% en términos reales. Mientras el Gobierno hace tachín tachín con que antes la Ciudad era beneficiada por un reparto injusto respecto de los demás distritos, les achuró $ 123.000 millones a las transferencias a las provincias y los municipios, es decir, que les giró un 33% menos que en 2021, también descontada la inflación. Además, bajó un 49% en términos reales los giros a las empresas públicas y achicó un 55,8% las partidas de fondos fiduciarios como el ProCreAr.

Era obvio, por no decir un efecto buscado, que la economía empezara a contraerse. Tiene sentido que el Instituto Nacional de Estadística y Censos ya haya informado tres meses seguidos de caída del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), una especie de PBI mensual, respecto del mes previo. En noviembre, 0,7% abajo respecto de octubre, que había registrado un 0,5% de caída respecto de septiembre, que además había retrocedido 0,2% contra agosto, el mes en que arrancó su gestión en el Ministerio.

Encima, un planilla del Grupo de Estudios de la Realidad Económica y Social refleja que el año pasado bajó el peso del gasto público en términos del Producto del 21,3% en 2021 al 20,3% con, escuchen esto, una licuación también del gasto en jubilaciones y pensiones, que representa el 7,7% y está 1,9% abajo del nivel de 2017. ¿Quién va a querer un Nicolás Dujovne cuando podés tener un Massa en esta sintonía?

"¿Imaginate si agarra el país en esa dirección en un inicio de gestión?". Se le hace agua la boca a más de un dueño del poder real en la Argentina. Más vale ortodoxo peronista conocido que ortodoxo antiperonista por conocer. Es lo que inquieta a la intelectualidad más cercana a Mauricio Macri que, como escribió el periodista Jorge Fernández Díaz, empieza a ver al "peronista deseado" y lo considera una trampa que podría mantener el statu quo corporativo de Estado, empresas y gremios.

Cáscaras de banana

De todos modos, a esta altura aparecen otras inquietudes más inmediatas. Por ejemplo, si lo que el último informe de la consultora PxQ define como un intento de "plan de estabilización" puede serlo. O si será -como plantea un texto de Fernando Navajas en la UCEMA en septiembre pasado sólo- otro "momento fugaz" de esos que en la historia han generado la sensación de que todo va a mejorar y no.

Nada asoma fácil con la brecha cambiaria en el 100% dura de roer. Con el blue en $ 384 que te llena de cosquillas los esfínteres. Con la inflación mensual ante el desafío de perforar el 5%. Con la duda de qué pasa si no se llega al "que empiece con 3% en abril", sobre todo si además se despierta lo cambiario. Con una coalición oficialista que siempre te recuerda que es una alfombra de cáscaras de bananas cuando querés avanzar. Con los camioneros en los súper. Con un juicio político tribunero que te puede frenar proyectos económicos en el Congreso. Y con un binomio presidente-vice que pareciera hasta compite a ver quién recibe a quién en una cumbre internacional como la de esta semana de la llamada Celac.

Igual, lo peor de ese foro fue la tristeza que produce que el Presidente, en su última aparición de este mandato en ese lugar, la tira afuera cuando puede hacer un gol al ángulo. Al hablar, condena los bloqueos de Cuba y Venezuela y acto seguido arranca con la crítica a los que amenazan la democracia. Quedaba joya. Ahí les podía marcar a esos mismos gobiernos que no dejan votar libremente y que persiguen opositores. Pero no. Le pegó a la "derecha recalcitrante" que amenazó a las instituciones en Brasil, lo que está bien, pero se frenó ahí, lo cual le resta legitimidad y fuerza a sus argumentos.

Lo dejaron recontra en off side por izquierda y por derecha sus colegas que hablaron después. El chileno Gabriel Boric coincidió en criticar las sanciones a países y lo que pasó en Brasilia, pero al mismo tiempo pidió la libertad de los presos políticos en Nicaragua y reclamó elecciones libres y transparentes en el país que lidera Nicolás Maduro. El uruguayo Luis Lacalle Pou, a su turno, agregó lo obvio: que no podés tener anteojeras ideológicas y que no podés hacer de los foros regionales un club de amigos del palo ideológico.

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