Visión de exBCRA: un golpe de efecto desesperado del Gobierno

La Argentina regresaría al FMI y también a situaciones graves que parecían haber quedado en el pasado. El anuncio es otro paso en falso de los tantos que ha efectuado el Gobierno. Queda claro que sonó a golpe de efecto desesperado porque los acuerdos de esta índole se anuncian cuando están concretados.

Se apela así a un recurso extremo que es la aceptación tácita de que hoy no existe financiamiento voluntario. Si bien no existen precisiones hasta el momento acerca del tipo de acuerdo previsto, ha trascendido que sería la Línea Precautoria y de Liquidez (PLL). La PLL es a dos años de plazo por hasta el 500% de la cuota del país en el Fondo y tiene como pre-requisitos una serie de condiciones, que el país no cumple.

La línea requiere una posición externa sostenible. El déficit de cuenta corriente de este año alcanzaría un 5,5% del PBI. Tampoco el país presenta una "política fiscal saludable" ni una "baja y estable tasa de inflación en un contexto de adecuadas políticas monetarias y cambiaria". Es posible que el FMI otorgue financiamiento por razones políticas con condicionalidades muy duras.

Es real que hay un contexto internacional complejo por la previsible y progresiva suba de tasas de los EE.UU., pero lo cierto es que Argentina es por lejos el país que más sufre las consecuencias por su elevada dependencia del endeudamiento.

No obstante ello, el país implementó una política de desregulación financiera y apertura comercial que son la fuente de la vulnerabilidad estructural del país, financiada con un endeudamiento creciente que se tornó insostenible por razones externas pero que nos afectan por responsabilidades internas.

Hubo un cúmulo de errores, como eliminar la obligatoriedad de liquidación de exportaciones en el mercado de cambios, que privaron al país de dólares genuinos. Una liberalización total de la cuenta capital que permitió el ingreso de capitales especulativos generando una apreciación del tipo de cambio y una renta de 30% en dólares entre 2016 y 2017 para los especuladores, que se retiran abruptamente en 2018, generando una fuerte depreciación cambiaria y mayores presiones inflacionarias.

El abandono de la flotación administrada exacerbó la volatilidad cambiaria y financiera. Las intervenciones de estas semanas fueron tardías e insuficientes. Ni siquiera elevando fuertemente las tasas de interés se detuvo la corrida. Otro hubiera sido el resultado si se hubiera operado antes en el mercado de futuros para dar señales más claras, ahorrando así las reservas que se dilapidaron sin resultados.

El Gobierno, con objetivos erráticos y políticas inconsistentes, recrudeció la inflación que como piso será igual a la de 2017 y además provoca una gran recesión con tasas de interés que hacen inviable cualquier inversión y provocan más desconfianza.

Acudir a las apuradas al FMI recuerda al "blindaje" de enero de 2001. No hay ingeniería financiera que permita salir del atolladero si no se revierten las causas profundas de los desequilibrios.

La experiencia histórica marca que las políticas de ajuste del FMI generan más problemas que soluciones. Un ajuste fiscal al ser recesivo no soluciona el déficit, sino que deprime la demanda y afecta la recaudación impositiva. Se requiere volver a políticas de desarrollo que cuiden el mercado interno.

Es oportuno recordar lo expresado por Paul Krugman: "Un país que acude al FMI en busca de ayuda, ya ha sufrido una devastadora corrida sobre su moneda y corre el riesgo de sufrir otra". El objetivo supremo de la política oficial debe ser pues, ablandar los "sentimientos" de los mercados. Pero como las crisis pueden ser profecías autocumplidas, para ganarse la confianza del mercado hay que complacer las percepciones, prejuicios y caprichos de éste. En síntesis, la política económica termina teniendo muy poca relación con la ciencia económica. Más bien se convierte en un ejercicio de psicología de amateurs en el cual el FMI trata de convencer a los países de que hagan cosas que el mercado percibirá como favorables. No hay que extrañarse de que, tan pronto se desatare la crisis, los manuales de economía sean arrojados por la ventana".

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