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Uber: ¿Es posible modernizar sin precarizar?

Uber: ¿Es posible modernizar sin precarizar?

El conflicto de Uber en la ciudad por momentos parece estancarse en dos malas opciones. Defender al "monopolio ineficiente" de los taxis o rendirse a la desregulación precarizante de las nuevas aplicaciones. Así, Uber insiste en lograr la habilitación sin reconocer sus obligaciones de empleador y los taxistas se resisten a adaptarse. Es posible crear un mercado de transporte urbano más eficiente y con más derechos, incorporando el salto tecnológico pero deslindarlo de la evasión laboral.

Uber es cuestionada en todo el mundo por no ajustarse a la ley laboral, impositiva o comercial. Sus choferes no tienen salario, jornada, aportes, vacaciones, ni ningún otro de los derechos que les corresponden. Partiendo de la evasión de esas obligaciones la empresa puede ofrecer un servicio mucho más barato que los taxis, además de localización, seguimiento, control y tarifa variable. Los taxis no pueden competir.

Uber argumenta que no le corresponde cumplir las obligaciones de un empleador, porque la plataforma sólo pone en contacto a choferes con pasajeros. Pero esta posición es refutada por fallos en Europa y EE.UU. La justicia de California (2015) y la justicia de Londres (2016) determinaron que Uber es una empresa de transporte y empleadora de choferes en relación de dependencia. Recientemente la oficina que determina los alcances de los beneficios de la seguridad social en Nueva York llegó a la misma conclusión. Los dictámenes se basaron en cómo Uber presta el servicio, fija las tarifas para la prestación, decide cuánto le paga a los choferes por los viajes, controla el modo en que el chofer debe prestar el servicio, los selecciona, controla la disciplina, el horario y hasta la vestimenta de los choferes.

Los taxistas porteños trabajan bajo dos modalidades contractuales diferentes: en relación de dependencia y por cuenta propia. Uber considera a todos los choferes como cuentapropistas. Si un dueño de licencia de taxis decide despedir a un chofer sin causa, tiene que pagarle una indemnización. En el caso de Uber la empresa puede suspender al chofer por determinado tiempo o para siempre. Esta facultad de despedir sin restricciones implica llevar la relación empleador-trabajador al siglo XIX, sin paradas técnicas.

Que Uber cumpla con las normas laborales no afecta la flexibilidad que algunos choferes como clientes buscan. ¿Se le puede aplicar un convenio colectivo a una plataforma que hace gala de la flexibilidad? Por supuesto. Algunos choferes se ven atraídos por Uber porque permite jornadas variables. No es muy distinto al sistema de taxis. Debe existir algún tipo de limitación e ingresos mínimos o la jornada podrá estirarse hasta cubrir lo necesario para ganar un salario digno. Existen figuras previstas en la legislación como la jornada reducida y otros mecanismos que permiten adaptar la jornada al tipo de prestación, que bien podrían fijarse por convenio colectivo.

Este asunto debe alertarnos sobre otro punto: la indispensable modernización del Estado para permitir maneras más ágiles y simples de registrar trabajadores, formas más eficientes de comunicar sanciones y realizar reclamos, un sistema único de registro de horas trabajadas, etc. No se trata de dar un vuelco pretendidamente modernizador a la legislación, que acarrea en todos los casos pérdida de derechos, sino de incorporar la tecnología digital disponible para facilitar su ejercicio pleno. Un sistema único y digital de registro laboral podría permitir el control en tiempo real de las condiciones de trabajo que los empleadores declaran, e incluso contrastarla con las condiciones que declaran los empleados. Lo que Uber utiliza para hacer más eficiente el servicio de transportes es la misma herramienta que puede hacer mejorar al máximo la capacidad del estado de garantizar derechos.

Hasta que los taxis no incorporen un verdadero salto tecnológico que mejore el servicio, permita tarifas variables reguladas, localización, seguimiento, contacto inmediato e identificación previa, los usuarios se seguirán volcando cada vez más a Uber. Lo que aportan las plataformas digitales que ofrecen servicios no es más que una manera de eficientizar la intermediación entre la oferta y la demanda. Eso debe ser promovido. Además, ese salto está siendo utilizado para difuminar la figura del empleador. Eso debe ser desincentivado.

Al final del túnel de las plataformas de transporte urbano se encuentran la tecnología con la organización del trabajo, los choferes con sus derechos y los empresarios con sus ganancias. De no contar un abordaje institucionalizado, sólo habrá ludistas, enfrentamientos callejeros y abusos empresariales de ocasión. Quizás entonces sean las cooperativas de taxistas las que compren software libre para brindar el servicio que hoy brinda Uber, pero con derechos. Veremos.

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Comentarios1
Lobo Feroz
Lobo Feroz 11/08/2018 06:41:14

Error, uber no es mas barato que el taxi, error, los taxis utilizan una tecnologuia similar. Antes de escribir un articulo hay que informarse.