Sin fondos frescos, habrá que confiar en las promesas fiscales de Guzmán

No hay negociaciones fáciles con el FMI, sobre todo cuando lo que requiere un país es refinanciar su deuda para pagar lo menos posible, lo más tarde posible. Si ese es el objetivo del deudor, en este caso de la Argentina, es lógico que el acreedor ponga sus condiciones y active un tira y afloje que seguramente demande por lo menos un mes de discusiones.

Eso es lo que va a suceder con la administración de Alberto Fernández y por eso no hay que hacerse ilusiones con resultados rápidos. La posibilidad de que el Gobierno obtenga algún beneficio adicional, o que lo obtenga en menos tiempo, está dentro del margen de probabilidades. Puede ser la excepción, no la norma.

Martín Guzmán entregó dos novedades que permiten palpitar el alcance del acuerdo. La primera es que no le pedirán al organismo fondos frescos, una alternativa esperada por el mercado como remedio para paliar la baja de reservas. La segunda es que será un acuerdo de facilidades extendidas, un entendimiento que habilita más plazo para cumplir pero con reformas estructurales en el menú. Esta opción posiblemente facilite una menor exigencia fiscal de corto plazo, aunque con condimentos como una reforma del régimen jubilatorio.

El tercer factor que sumó el Gobierno es la idea de que el pacto con el Fondo sea aprobado por el Congreso. Puede ser un elemento que sea visto con interés por los inversores porque una ley aporta una suerte de respaldo institucional de mediano plazo.

El problema es que en la Argentina las normas legales muchas veces terminan convertidas en letra muerta, con lo cual no hay que hacerse demasiada expectativa: los legisladores pueden cambiar de opinión y borrar ese compromiso años más tarde. O simplemente ignorarlo. Algo así sucedió con la reforma tributaria de 2017 o el Compromiso Federal, que establecía un cronograma de rebaja de impuestos. A la luz de la emergencia económica del momento (un estatus que en la Argentina no sorprende a nadie), el Congreso aceptó subir impuestos que se habían bajado.

Sin embargo, Guzmán incluyó en el proyecto una cláusula que le evitará el dolor de cabeza que representaría discutir el acuerdo con Máximo Kirchner en Diputados o con la vicepresidenta Cristina Kirchner en el Senado: la ley regirá hacia adelante, sin contemplar la discusión que comenzará hoy. Con lo cual lo único que aprobará el Parlamento es el endeudamiento en moneda dura para repagar la deuda al Fondo.

Los inversores que buscan señales de recomposición económica no deberían esperar mucho el Fondo de acá a fin de año. La paz cambiaria deberá sostenerse con las promesas de que el déficit fiscal no supere 7% del PBI este año, y no financiarse más con adelantos del Banco Central (Guzmán no habló de utilidades, algo que está tácitamente permitido). Para hablar de dólares todavía habrá que esperar.

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