PUNTO DE VISTA

Portugal y los límites de la "no austeridad"

El buen primer ministro de Portugal, Antonio Costa, parecía haber descubierto la piedra filosofal. Esto es, haber encontrado la manera de salir de la recesión sin necesariamente adoptar medidas de austeridad. Esto es, sin frenar los niveles de la actividad económica. Y, más aún, sin generar descontento. Pero las cosas están empezando a complicarse, también para él.

Porque desde distintos rincones de la sociedad portuguesa le llegan ahora presiones cada vez más fuertes de ajustes de ingresos. Como sucede por ejemplo, con los docentes.

Pero, si bien es cierto que Portugal no ha adoptado hasta ahora las típicas medidas recesivas, Costa ha sido, sin duda alguna, un impecable defensor de la buena conducta fiscal. De la disciplina, en consecuencia.

Razón por la cual, se niega a abrir la canilla de la inflación o a aumentar desmesuradamente el endeudamiento fiscal de su país, porque sabe que es muy cierto aquello de que hay cosas que son pan para hoy, pero hambre para mañana. Pese a que, en muchos casos, los costos los terminan pagando efectivamente las generaciones futuras.

Costa, que gobierna desde el año 2014, luego de la crisis de 2011 que obligara a Portugal a recurrir al apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI), es fundamentalmente un hombre serio. O lo ha sido, por lo menos hasta ahora. Por esto, no despilfarra, reduce la inversión pública, aumenta algunos impuestos y disminuye relativamente el gasto social. Pero, simultáneamente, cuida las vías de oxigenación de la economía. Pese a que, entre otras cosas, ha reducido la semana laboral de cuarenta horas a sólo treinta y cinco.

Portugal, de la mano de Antonio Costa, pudo crecer un 2,7% de su PBI el año pasado. Nada extraordinario, pero ante las difíciles circunstancias locales, todo un logro. El desempleo está por debajo del 7%, cuando había llegado a un difícil 12,5% en el 2015. Y el déficit fiscal portugués es de sólo un 1,1% del PBI y Costa pretende hacerlo desaparecer completamente para el 2020.

A su favor puede anotar algunas circunstancias particulares que son notorias, como la baja generalizada de las tasas de interés que hasta ahora redujo el costo del endeudamiento portugués. Y el aumento del turismo, así como un repentino crecimiento de las exportaciones.

Pero la infraestructura de su país, postergada, ha sufrido. Particularmente en los socialmente visibles sectores del transporte y de la salud. Hay cosas que lucen destartaladas y que ahora deben ser mantenidas o reparadas con urgencia. Vías ferroviarias, caminos, puertos, puentes, etc.

Las limitantes que Costa enfrenta están ya a la vista de todos. Son claras: el progresivo aumento del costo del endeudamiento financiero externo y la necesidad imperiosa de volver a invertir en una infraestructura nacional que parecería estar deteriorándose rápidamente. Por esto en los mercados de pronto se empieza a mirar cautelosamente a Portugal, bastante más de cerca.

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