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La ingenuidad argentina ante el populismo occidental

Los hechos están a la vista. Quizás el presidente Mauricio Macri no imaginó que el cordial diálogo europeo con Francois Hollande, Angela Merkel y otros gobernantes de esa región, lo iba a colocar ante una sensible línea roja. La mención de los reparos sectoriales del lobby agrícola al acuerdo que negocian la Unión Europea (UE) y el Mercosur, pareció un tema ajeno al clima de coincidencias y cooperación que envolvió al repaso de ideas y proyectos sobre la construcción de la democracia, la inversión, el comercio, el desarrollo sostenible y otros temas de igual entidad. En sus oídos, el toque proteccionista pudo sonar como piano desafinado.

Sin embargo, los ritos del Viejo Continente son más sencillos. Estos mensajes pueden significar ‘por ahora no hay trato’, con lo que se volvería a empezar; o una forma de bajarle tanto el precio como el nivel de ambición al proyecto de acuerdo, lo que con probetas normales también debería suponer el retorno al primer casillero por parte del Mercosur. Por rutina, ningún líder europeo pone en juego su respaldo político por desoír los intereses de la sociedad civil o por arriesgar la competitividad de su economía dentro o fuera del mercado regional.

Si el Presidente hubiese tenido más tiempo para cruzar informaciones antes de su viaje, el episodio no recibiría un exceso de atención. El asunto requiere entender por qué, ante tan imponentes nubarrones propios y globales, la dirigencia del Viejo Continente insiste en complacer a una elite de productores dedicados a trabajar la tierra en forma part-time; se caracteriza por ocupar a sólo 3% de la población económicamente activa de los países fundadores de la OECD, succiona a todo pulmón las distintas glándulas de la enorme teta del Estado, goza de amplio respaldo de la población y no para de recibir grandes cheques oficiales aún en ciclos de altos precios agrícolas en el mercado internacional.

Los beneficiarios de este arreglo son gente que no suele preocuparse por los acontecimientos mundiales, ni por el resto de su propia economía. Sólo desean mantener alejada a la competencia extranjera y preservar la intangibilidad de sus canonjías.

También al Presidente le convendría saber que el Euro-Parlamento acaba de reiterar, a través de un nuevo estudio, lo que el Presidente alemán de su Comité de Comercio (INTA en inglés), el social-demócrata Bernd Lange, suele explicar a quienes lo quieran oír: el acercamiento con el Mercosur puede ser muy deseable e interesante, pero Europa no está preparada ni quiere competir con la oferta agrícola sudamericana, un riesgo que hoy inquieta más por la visible potencia de Brasil que por la indescifrable capacidad exportadora de la Argentina. Y el Euro-Parlamento no es la escribanía de Bruselas. Es el poder que tiene la facultad y la obligación de ratificar o rechazar el hipotético tratado birregional.

Tanto el jefe de la Casa Rosada, como los escalones más influyentes de su equipo de gobierno, harían mal en suponer que el Brexit puede revertir esa antigua cajita feliz (ver mis columnas anteriores). El proceso de divorcio o retiro de la UE que acaba de plantear el Reino Unido, empezará por llevarse puesto el sentido común que venían aportando Londres y sus pocos aliados en los recintos decisorios de Bruselas, con la obvia posibilidad de que la subsiguiente incontinencia radicalice los enfoques del bando proteccionista que encabezan Francia, Alemania, Italia y España, cuyos gobiernos reciben el irrestricto aval de casi todos los restantes Miembros de la UE y de los tres socios extra-comunitarios (Suiza, Noruega e Islandia).

Ese bando no actúa en el descampado. La vigorosa presencia del neo-populismo xenófobo se multiplica en todos los confines del territorio europeo y asiático, haciendo eco a la muy fuerte y dislocada vertiente que gana espacio en cada una de las plataformas electorales de los partidos de América del Norte, en particular de Estados Unidos. La vieja y hoy suicida ola ‘anti-comercio’, disfrazada de ‘comercio con la gente como uno’, es una de las más peligrosas bacterias del mundo económico y anida en republicanos a lo Donald Trump, así como en los demócratas de cualquier pelaje. Pero convivir con esa deformación no resta interés ni importancia a los grandes mercados capitalistas o social-demócratas del Atlántico Norte; únicamente eleva el alto costo de negociar y ganar demanda en cada uno de ellos.

Ciertos analistas políticos agregan que tres de los cuatro países de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia y México) tampoco están exentos de vaivenes capaces de enfermar a sus respectivos procesos de integración. Semejante escenario no ofrece un buen motivo para abandonar la cruzada argentina de reinserción internacional. Sólo demanda decisión política y profesional para descartar los compromisos insólitos o tóxicos que lleguen a la mesa de negociaciones.

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Comentarios2
Pablo Garcia
Pablo Garcia 03/08/2016 02:56:30

O sea, ellos subsidian a su sector agricola a morir y no quieren competir con nosotros, pero nosotros vamos a dejar de subsidiar a nuestra industria y vamos a abrir la economia para competir con ellos. Es al pedo, no aprendemos más.

Verdugo Roi
Verdugo Roi 03/08/2016 11:40:38

Sintetizando: votaron al "ladoB" del kirchnerismo.