

Por un lado tenemos al Gobierno haciendo lo imposible para que el dólar suba/baje/se quede igual. La verdad es que a excepción de las bravatas que el Central es quien manda y que tiene todos los billetes del universo para regular el precio, no está nada claro qué quieren que suceda.
Por otro lado, algunos justificando éste o aquel precio como el único verdadero, en función del equilibrio de las variables, lapsos y modelos que mejor cuadran. Finalmente está el mercado que hoy sube, mañana baja, pasado quien sabe; reaccionando con temor o alivio.
Mercado negro de monedas tenemos desde que los gobiernos se arrogaron el derecho de señoriaje (los Kelones, la moneda de importancia comercial más antigua apareció cerca del 550 AC). El primer tratado económico es el De origine, natura, jure et mutationibus monetarum escrito por el religioso Nicola Oresme en 1345, donde postula que el dinero es un commodity cuyo valor lo determina la gente y que el devastado de la moneda (la inflación) es un acto de tiranía y un pecado grave (el Príncipe se beneficia robándole al pueblo), ante el cual los cristianos tienen el derecho de buscar un refugio y compensación, que genera la huida del oro y la plata a otras regiones, que reduce el comercio e induce la aparición de falsificaciones.
Pero esto del mercado paralelo de monedas viene de mucho antes. Entre 422 y 405 AC Aristofanes escribió Las Avispas, donde se burla del escasísimo valor que tienen las monedas de Atenas, La Paz, donde se burla del decreto que trata de imponer una sola moneda en la república (cubrían a las monedas de cobre con plata), vuelve a burlarse en Los Pájaros y finalmente en Las Ranas adelanta la mal llamada ley de Gresham, cuando en el viaje hacia el infierno el coro dice que ya en esa época se trataba a los políticos como a la moneda, escondiendo la buena y circulado sólo la peor.
Platón y Aristóteles (424-322 AC) fueron los que postularon la idea que el valor de la moneda lo determinaba el Estado; en latín moneda es numisma y en griego nomisma, ambas surgen de nomos: la ley, lo que ha sido sancionado por el uso y la costumbre. En el siglo XIV esta concepción cambia cuando las Repúblicas Italianas adoptaron el término moneta, que deriva del latín monere: informo ¿Qué cosa?: que no hay fraude en el valor de la moneda.
El asunto del valor de la moneda buena versus la mala tiene al menos 2400 años y la verdad es que sigue sin resolverse. Desde el trabajo del argentino Miguel Kiguel y Stephen OConnell de 1995 a estos tiempos, la visión sobre los factores que determinan el precio del billete ha venido cambiado.
El trabajo más importante durante la década de 80 fue el encabezado por Rudinger Dornbusch (1983) analizando el comportamiento del dólar libre en el Brasil. Sí! alguna vez el dólar fue tema para los brasileños, en base a la evolución de los stocks de moneda dura (reservas, contrabando, turismo, etc.).
Durante la segunda parte de los 90s con la aparición de la OMC y el respeto al Articulo VIII del Convenio Constitutivo del FMI, los tipos de cambios múltiples se abandonaron en casi todo el mundo y los estudios sobre el comportamiento del dólar negro pasaron a ser una cuestión de nicho.
Por ese entonces las principales conclusiones eran que la unificación del oficial/paralelo se hacía generalmente a la tasa del paralelo (Sudan lo acaba de hacer hace unas semanas), el paralelo parecía acercarse más a la tasa de intercambio comercial natural que el oficial y el paralelo procesaba de manera más eficiente la información que el oficial (las sobrerreacciones de corto plazo eran exacerbadas por las regulaciones estatales; para Dimandis -2001- este ajuste puede tomar entre 2 y 5 meses). Tal vez los trabajos más interesante de esa época para lo que vino luego fueron los de Edwards y Montiel, quienes encontraron que la prima entre el dólar libre y el oficial (la prima) se vinculaba de manera directa con las penas y la posibilidad de ser cazado.
Con la comprobación de que los modelos macroeconómicos no servían (la prima no refleja diferencias de Paridad de Poder de Compra -Aslan y Kula 2007, Cerrato 2007 y 2008, etc.-, ni distorsiones comerciales -Shahe y Emran 2004- etc.), en los últimos años los análisis se volcaron a lo microeconómico.
Para Fardmanesh y Douglas (2003) los controles de cambio son lo que más afecta la prima, aunque los cambios de gobiernos y las políticas fiscales y monetarias expansionistas (inflación) tienen algún efecto. Para Loves y Chandra (2005) la causalidad es del mercado libre hacia el oficial (en definitiva el blue mueve al oficial); para Kouretas (2005) la expectativa de la devaluación oficial induce el ajuste de cartera de los particulares modificando la prima; según Caporale y Cerrato (2006) los controles de capital y la expectativa de devaluación del oficial son los dos principales factores que determinan la prima. Y para Bahmani y Tanku (2006) la demanda de dinero en la economía puede o no tener que ver con el nivel de la prima y en algunos países la demanda de moneda dura es mayor que la de la moneda local (Cerrato y Santis 2007). Mientras que Malone y Ter Horst (2010) opinan el nivel de la prima en Venezuela se vincula con la expectativa de devaluación, la tasa de interés, las reservas del Central (a mas reservas, mayor es la prima) y en mucho menor medida con el precio del petróleo.
Tenemos algunas ideas de qué cosas afectan el precio del dólar blue (lo difícil que sea comprar billetes, la expectativa de devaluación, las alternativas de inversión, algo menos la inflación, un poco menos aun la fortaleza económica del gobierno), pero ningún modelo que sirva para predecir cuánto debe valer. Esto no significa que no podamos darle una respuesta: ¿cuánto vale el dólar libre? Lo que sea que haga dormir tranquilo a quien lo compró o vendió.









