Fútbol y política, dos pasiones que se mueven al ritmo del poder de turno

La irrupción de Riquelme en el escenario electoral de Boca le puede quitar a Macri el bastión que disparó su carrera.

Como expresión social que despierta pasiones y moviliza multitudes, la relación del deporte con el mundo de la política propone un vínculo cada vez más estrecho que se observa a lo largo de la historia en todo el planeta. En la Argentina, esa conexión se expresa con mayor nitidez en el fútbol, cuya popularidad genera un negocio millonario y ofrece un escenario al que muchos desean acceder para ganar espacios de poder.

Los ejemplos son múltiples, como lo reflejan los casos de Julio Grondona y Diego Maradona junto a Cristina Kirchner y el Fútbol para Todos, Matías Lammens y su reciente candidatura a jefe de Gobierno porteño por el Frente de Todos, Marcelo Tinelli y su acercamiento al futuro gobierno de Alberto Fernández, Hugo Moyano en Independiente, Aníbal Fernández en Quilmes... Pero, probablemente, ninguno tan notorio como el del presidente Mauricio Macri.

Tras desarrollar su carrera en el sector privado, el 3 de diciembre de 1995 fue electo presidente de Boca Juniors acompañado por Pedro Pompilio, en una fórmula que se impuso claramente por sobre Antonio Alegre-Carlos Heller, el binomio que conducía al club. Desde entonces, inició una exitosa carrera dirigencial que tuvo como mojón inicial la compra de un grupo de jugadores juveniles al club Argentinos Juniors, uno de los cuáles resultaría pieza clave para la construcción del éxito deportivo de la institución y el personal de Macri. Y es que los triunfos cosechados a lo largo de 12 años de gestión alimentaron su fama, la misma que le dio la oportunidad de expandir su base política más allá de las fronteras xeneizes para encarar primero el desafío de gobernar la Ciudad de Buenos Aires y luego el país, un período que, curiosamente, también cerrará en 15 días luego de 12 años.

Tras de sí dejó una línea sucesoria que inició el ya fallecido Pedro Pompilio, que hoy representa su operador judicial Daniel Angelici y que pretende expandir con el ex diputado nacional del PRO y actual Presidente del Instituto de Previsión Social de la Provincia de Buenos Aires, Christian Gribaudo. Pero en medio de ese período, hubo un tiempo para que Jorge Ameal, quien supo integrar la dirigencia en tiempos de Alegre y también de Macri, completara el mandato de Pompilio y en 2008 decidiera la contratación de Carlos Bianchi junto a la renovación del contrato de aquella promesa que se convirtió en estrella del fútbol y, bajo el mando del mismo técnico, le dio con sus logros una fuerte base al despegue político del actual jefe de Estado. La firma de ese nuevo contrato generó la renuncia de Angelici, quien se desempeñaba como Tesorero y en 2011 volvió al club como presidente al imponerse a la fórmula Ameal-Mario Pergolini.

Aquel joven, claro está, era Juan Román Riquelme, uno de los jugadores más talentosos que surgieron del fútbol argentino en las últimas décadas y para muchos el máximo ídolo de Boca, club con el cual ganó, entre otros torneos, tres Copas Libertadores y una Intercontinental. El mismo que en 2001 llevó las manos tras sus orejas para celebrar un gol, en un claro desafío hacia Macri por la discusión que había en torno a su contrato, gesto que posteriormente fue inmortalizado como el "Topo Gigio". Y el que mantuvo una relación cargada de idas y vueltas con Angelici, que hoy termina con el dirigente acusándolo de haberle pedido dinero para integrarse al oficialismo y con el ex jugador, a partir de la aparente intercesión de Sergio Massa, sumándose a la lista de Ameal, que corre con el apoyo político del kirchnerismo para las elecciones del próximo 8 de diciembre.

Dos días después, Macri le entregará la banda presidencial a Alberto Fernández en el Congreso y si los socios no acompañan a su candidato, quizá también deje en la Boca el bastión donde construyó su poder.

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