Belgrano, ilustración económica y pragmatismo

En un año con dos aniversarios: 250 años de su natalicio y 200 de su muerte, cabe escrutar aspectos mínimos de su “rostro económico, a veces minorado por su gloria cívica y militar. Retornado al país en 1794, con título de abogado y  designado Secretario Consular en Buenos Aires, exhibiría en la práctica un rol económico, tras siete años en Salamanca, Valladolid y Madrid. Desgranaría ideas y propuestas múltiples. Lo prueban sus Escritos Económicos y otros trabajos, revisados por plumas como las de Gregorio Weimberg, Oreste Popescu o Manuel Fernández López.

Previo a llegar publicó en España una traducción pionera,  de una de las obras más famosas del padre de la fisiocracia, Francois Quesnay, las Máximas generales para el gobierno de un país agricultor, martillando enseguida con otra en Buenos Aires, de título  Principios económico-políticos, que incluía un opúsculo del gran Dupont de Nemours. El “español americano , devenido hombre confiable al Ministro Gardoquí, ex diplomático español en Estados Unidos y conocedor de su avance, debía destilar nuevas ideas sin desconocer el entorno peninsular y en un ambiente virreinal donde como relató en su Autobiografía lo usual era entender “el comprar por cuatro y vender por ocho . Pragmático, luego, matizó su deslumbramiento por los “economistes franceses, presentando en una Memoria Consular de 1796 un trípode estructural donde  al sector agrícola se unían con realismo la industria y el comercio, conteste con sus referencias en el modernizante Conde de Campomanes, promotor de la industria y la educación populares en célebres “Informes en la España Borbónica, y en Antonio Genovesi, neomercantilista napolitano y primer titular en Europa de una Cátedra de Economía Política, autor de un Manual conocido en España con Carlos III y luego, de obvia noticia en Belgrano.

De arranque reconoció necesario “conocer más sobre estas provincias . Y ello implicaba relevar información sobre ellas. Allí descansó su premonitoria defensa de las estadísticas, insumo indispensable para gobernar. Claro, en el Correo de Comercio sostuvo profético que nada era “más importante que tener un conocimiento exacto de la riqueza y fuerza de los Estados , que “es el objeto de la ciencia estadística para proceder con acierto…a efectos de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio …que “son los arcos torales de la felicidad pública . Poco para agregar ante tal contundencia, que a poco nos volvería a asombrar destacando el papel de aquélla “en obras de economía política y de aritmética política , denotando su probable conocimiento de William Petty, prohombre de la ciencia económica ya en el Siglo XVII. En el mismo artículo defendía con ardor la necesidad de estadísticas y los requerimientos del Consulado al efecto, sosteniendo “hasta ahora habíamos procedido a ciegas en todos los ramos económicos y ante la poca contestación e informaciones de los receptores de formularios, exhortaba su respuesta “y que no se arredren de comunicarlas y desechen los vanos temores de que son para imponerles gabelas, y causarles extorsiones… , anticipación bicentenaria a dificultades estructurales a Censos y encuestas en nuestra historia (abril, 1810).

Con su apoyo a la concurrencia o competencia volvía sobre el sendero de Quesnay y seguidores.  Esa idea del “dejar hacer se remontaba a los igualmente franceses Legendre y D’Argenson. Y las prohibiciones a olivos y ganadería del Merino darían cuenta del prohibicionismo colonial metropolitano transido de mercantilismo.  Las regulaciones contra desabastecimientos y precios altos serían rechazadas con énfasis por el luego general, tanto como esa contracara de la libertad comercial que eran las corporaciones en oficios y artes, “son un cuerpo siempre pronto a combinarse y monopolizar con sus obras a sus conciudadanos...ligados por unos mismos intereses y una misma conveniencia . Luego, “la concurrencia es el juez que puede arreglar el precio verdadero de las cosas . Ello no impedirá sugerir una suerte de “compre nacional de linos y cáñamos si de desarrollar la producción se tratare.

Mostrará un humanismo compatible con su idea de “felicidad pública de ancestro italiano y europeo, visible en sus muy conocidos proyectos y acciones en educación. Impactado por la ociosidad y pobreza evidentes desde que volviera a Sudamérica, de la mano con la existencia de terrenos improductivos, postuló, bastante antes que Rivadavia, la entrega en enfiteusis de las tierras del virreinato a los labradores no propietarios de  la campaña. Será terminante, no habrá mayor estímulo que la propiedad para incentivar su uso productivo y multiplicar el comercio. Y se anticipó otra vez al proponer un fondo o “proto-banco agrario que adelante recursos para siembra y cosecha, mientras más infraestructura impulsaría el intercambio. ¿Hay más? Muchísimo, pero eso sería otra historia.

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