MIÉRCOLES 20/11/2019
En la Argentina se desperdician 16 millones de tn de alimentos al año

En la Argentina se desperdician 16 millones de tn de alimentos al año

Las hortalizas son la cadena en la cual se generan mayores pérdidas (42%). Consejos prácticos para aprender a comprar y consumir con mayor conciencia en casa

En el mundo, hay 821 millones de personas subalimentadas, casi 19 veces la población argentina. También se tira un tercio de los alimentos que se producen, que equivalen a unas 1300 millones de toneladas anuales, y con sólo un cuarto de eso que se desperdicia sería suficiente para terminar con el hambre mundial. 

Los alimentos se desperdician a lo largo de toda la cadena suministro: desde el campo hasta el consumo, según diagnostica la Organización para la Alimentación de Naciones Unidas (FAO), y América latina y el Caribe representa el 6% de las pérdidas mundiales, con 127 millones de toneladas de alimentos al año, que equivalen a 223 kilos anuales per cápita
Según datos de la Secretaría de Agroindustria, en la Argentina se desperdician 16 millones de toneladas de alimentos anualmente. De estas, 14,5 millones corresponden a pérdidas (etapas de producción, almacenamiento, transporte y procesamiento) y 1,5 millón a desperdicio (comercialización y consumo). 

Las hortalizas son los alimentos en cuya cadena se generan mayores pérdidas y desperdicios, representando un 42,1% de la producción. “En los países de ingresos altos y medianos, los alimentos se desperdician en gran medida, lo que significa que se tiran incluso si aún son adecuados para el consumo”, señala Elizabeth Kleiman, asesora en Seguridad Alimentaria y Nutrición de FAO Argentina.

Por otra parte, en los países de ingresos bajos, se desperdician muchos menos alimentos en el consumo, pero se desechan durante las primeras etapas y las intermedias de la cadena.
Problemas durante la recolección, almacenamiento, embalaje, transporte y comercialización, deficiencia de infraestructura, falta de información, ineficiencias en los mecanismos de mercadeo y sistemas de precios, estándares estéticos demasiado exigentes y vacíos en los marcos institucionales y legales dan lugar a tamaño desperdicio de comida, según puntualiza el organismo de Naciones Unidas.

“En la cadena frutihortícola, por ejemplo, hay falta de tecnología para que los productores puedan mejorar su planificación en las cosechas, productos que se siembran por demás o no se planificó una cosecha teniendo en cuenta la demanda y eso genera excedente. Hay que planificar y acompañar con decisión política”, afirma Natascha Hinsch, directora de la Red Argentina de Bancos de Alimentos.

Desde la ONG, trabajan junto con empresas para evitar que se tiren los alimentos que no tuvieron éxito comercial, están cercanos a vencer y no se vendieron, que fueron devueltos o, en el caso de las producciones de frutas y verduras, que se descartan por tamaño o color o que no tienen precio. El año pasado, rescataron alrededor 12 millones de kilos de comida, un 30% más que en 2017

“Hacemos una tarea de clasificación muy, muy seria, con muchos voluntarios”, explica Hinsch. Superada la fase, los alimentos se entregan a organizaciones sociales que están vinculadas al Banco, con quienes trabajan en educación nutricional en orden a que la comida llegue a las personas que la necesitan. “Esto requiere un camino de concientización muy fuerte y el trabajo de cada una de las empresas para revisar los procesos hacia dentro, que a veces son muy complejos y no favorecen esa cadena”, explica Hinsch. 

Una de las 157 firmas que trabaja con Banco de Alimentos es Unilever.  “Como una de las mayores empresas de alimentos del mundo, reconocemos el papel que tenemos que desempeñar para ayudar a rediseñar el sistema alimentario mundial, lo que implica proveer de alimentos saludables a partir de un planeta saludable, de agricultura sostenible, para una población mundial creciente”, afirma Karen Vizental, VP de Comunicaciones Corporativas y Sustentabilidad de Unilever de América latina. Y sostiene que el compromiso para reducir la pérdida y desperdicio de alimentos comienza en el primer eslabón de la cadena: “Los productores trabajan bajo las normas del Código de Agricultura Sustentable de Unilever, que permite el uso eficiente de los recursos y cuidado del ambiente, respetando el calendario de siembra. En la fabricación de los caldos y sopas Knorr, los vegetales son seleccionados con criterios de calidad y no estéticos, lo que permite aprovechar más los alimentos”.

Entre las iniciativas destinadas al momento del consumo, un ejemplo es una reciente campaña de Hellmann’s con Restorando, a partir de la que se repartieron bolsas a restaurantes para que los comensales se lleven las sobras de lo comido. Más allá de la campaña, el llevarse las sobras es un paso a favor de la reducción del desperdicio.

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Proponer un menú de comidas donde se use la totalidad de los ingredientes. Comunicar la importancia del uso racional de las servilletas. Ofrecer al cliente los restos de la comida no consumida dentro del local en un packaging adecuado para el transporte de alimentos. Eliminar los sorbetes.

Desde 2016, Unilever, Carrefour, la FAO y la Secretaría de Agroindustria trabajan en conjunto en la campaña #NoTiresComida que, entre otras iniciativas, apunta a establecer el 29 de septiembre de cada año como el Día Nacional de la Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos.  El proyecto de ley ya cuenta con media sanción en la Cámara de Senadores, y los actores participantes esperan que este año se oficialice el mismo dictamen en la Cámara de Diputados. “Este hecho no sólo marcaría la oportunidad de sostener en la agenda la importancia de contribuir con esta causa, sino que, además, colocaría a la Argentina como país pionero en este tipo de medidas en el mundo”, señala Kleiman. 

Aparte de esta, otras de las campañas de concientización con las que coopera el organismo de Naciones Unidas son “Valoremos los Alimentos”, de la Secretaria de Agroindustria, y #AmamosLosAlimentos, de Danone. “La prevención es un reto amplio que afecta al sistema alimentario en su conjunto y la solución no está en acciones aisladas: gobiernos, instituciones de investigación, productores, distribuidores, minoristas y consumidores, si bien tienen enfoques distintos, todos pueden ofrecer soluciones capaces de generar cambios; que requiere un enfoque institucional, integral y coordinado”, afirma Kleiman.

Respecto del gobierno, en la Argentina, la FAO trabaja junto al Plan Nacional de Reducción de Pérdida y Desperdicio de Alimentos, liderado por la Secretaria de Agroindustria. Desde 2016, diversas contrapartes conforman la Red Nacional. En octubre de 2018, se logró la aprobación de una modificación consideraba “clave” por la FAO en la Ley 25.989, conocida como Ley Donal. “Se trata de la reincorporación del artículo 9, el cual resguarda a las empresas que donen alimentos para eximirlas de las responsabilidades que puedan darse por daños y perjuicios”, señalan en el organismo.

Desde Red de Bancos de Alimentos, Hinsch plantea la necesidad de abordar la problemática desde diferentes aspectos, más allá del marco legal. “En la Argentina, hacen falta, por ejemplo, regulaciones de los costos de decomiso, de cánones de decomiso de basura en distintos municipios. Cada uno regula como quiere y si ese costo fuese mayor, las empresas dejarían de tirar tanto y nosotros también”, asegura la directora de la ONG. “No es solo cuestión de hacer leyes muy estrictas si no hay una capacidad operativa de hacer un seguimiento”, señala Hinsch, y agrega: “Hay que generar conciencia y generar paso a paso para que cuando se redacte una ley se puedan cumplir esos procesos”.

En la misma línea, Kleiman plantea: “La responsabilidad se posa sobre todos los actores del sistema y las partes coinciden en la importancia de avanzar en políticas públicas concretas, tendientes a reducir a la mitad las pérdidas de alimentos en postcosecha y procesamiento, así como los desperdicios a nivel del retail y hogares”. De ese modo, se podrá avanzar con la meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de Producción y Consumo Responsables de la Agenda 2030.

Pilares de la reducción


-  Aumentar la seguridad alimentaria 
-  Reducir la dependencia en los recursos hídricos, terrestres y climáticos 
-  Mejorar los ingresos de los productores y de las empresas agropecuarias, y la economía nacional

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