Conocé a Andrés Rosberg, el primer sommelier argentino que se impuso al lobby francés

Es el flamante presidente de la Asociación de Sommellerie Internacional y primer latinoamericano en alcanzar ese puesto en 48 años. Cuánto influyó su formación en Ciencia Política en su rol como dirigente. Y sus planes para que China consuma más vino. 

Rosberg lideró el movimiento sommelier en la Argentina y Sudamérica durante 10 años. Esa gestión en un mercado clave para la industria le valió ser elegido a nivel mundial.

Rosberg lideró el movimiento sommelier en la Argentina y Sudamérica durante 10 años. Esa gestión en un mercado clave para la industria le valió ser elegido a nivel mundial.

Ni francés ni japonés: argentino. Andrés Rosberg es el nuevo wine influencer global. Sus 42 años están signados por acontecimientos trascendentales. A principios del segundo milenio, transitaba los tramos finales de Ciencia Política (UBA). En verdad, le quedaban unas pocas materias para recibirse. Pero eran asignaturas que no quería cursar porque las encontraba “aburridas”. En paralelo, estaba estudiando sommellerie, apenas un hobby para su familia y amigos. Para sorpresa de todos, pateó el tablero, abandonó la universidad y se dedicó de lleno a lo que realmente lo hacía feliz. Aquella decisión, arriesgada para muchos, terminó siendo su mejor acierto. 

Durante 10 años, presidió la Asociación Argentina de Sommeliers (AAS). A base de esfuerzo y dedicación plena, creó y dirigió también la Asociación Panamericana de Sommeliers (APAS), de la que actualmente es vicepresidente. Y, por si fuera poco, organizó el Mundial de Sommeliers 2016, certamen que se convirtió en un hito para el vino argentino. Estos lauros lo llevaron a la presidencia de la Asociación de la Sommellerie Internacional (ASI), consagrándose, a principios de junio, como el primer latinoamericano en ocupar ese cargo en los 48 años de la entidad. ¿La magnitud del logro? La elección se dio en una asamblea realizada en Burdeos, Francia, de la que participaron 53 países, y durante la cual Rosberg se impuso al favorito francés, Serge Dubs, por 29 contra 24 votos, quebrando, en el mismo acto, la hegemonía de dos mandatos consecutivos en manos niponas. 

Formado en Ciencia Política, orientó su vocación de dirigente a la industria del vino. Ahora, desde su cargo global, apuesta a convertir al sommelier en un intermediario clave entre bodegas y consumidores. Además, apuesta a liderar la cultura del consumo responsable de bebidas alcohólicas y a conquistar a China, la figurita tan difícil como deseada del negocio enológico. 

Por esas razones, Andrés Rosberg es el personaje de tapa de la nueva edición de Clase Ejecutiva, la revista lifestyle de El Cronista. A continuación, algunas de sus definiciones clave sobre la baja del consumo, la veda porteña a la publicidad del vino y los nuevos mercados para la industria bodeguera...

Andrés Rosberg, un argentino en la cumbre de la sommellerie internacional, en la edición de julio de Clase Ejecutiva

Tres definiciones picantes del argentino que más sabe de vinos

  • Pasamos de 23,7 litros per cápita registrados en 2015, según el Instituto Nacional Vitivinícola (INV), a 21,5 en 2016, pero creería que más por la crisis económica que atravesamos desde hace algunos años que por una cuestión cultural. Hay factores que el sector vitivinícola no controla, como la inflación, la pobreza, la falta de tratados internacionales para que otros países no le apliquen tasas a su exportación, los altos costos de producción, el retraso cambiario y la presión impositiva. Esto depende del Gobierno, y no se solucionará de la noche a la mañana.
  • La Ciudad Autónoma de Buenos Aires prácticamente prohibió la publicidad del vino y otros alcoholes. ¡Es ridículo! ¿Queremos ser Capital Gastronómica de Latinoamérica y ponemos trabas a uno de nuestros mayores argumentos, que además ha sido declarado Bebida Nacional por ley?
  • India y China simbolizan un desafío enorme, junto con Indonesia: son países con una población gigantesca, con enormes barreras culturales, idiomáticas y hasta religiosas. Pero son una oportunidad de crecimiento exponencial. Necesitamos hacer el esfuerzo, invertir y llegar hasta el Lejano Oriente. No hay que obviarlos, olvidarlos ni subestimarlos. Hay una élite, con mucho dinero, que está aprendiendo a pasos acelerados: tal vez sea un 1 %, pero ese número implica millones de personas que viajan, leen, estudian, compran y saben cada vez más de vinos. El futuro está allí. 

Podés leer la versión completa de la entrevista en la edición 192 (julio) de Clase Ejecutiva, la revista lifestyle de El Cronista

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