Texto: Federico Cornali

Alguna vez participó de una película histórica en tierras que no eran las suyas y no puede evitar emocionarse cuando recuerda que fue parte de todo aquello, cada vez que revive el pasado. Alguna vez alguien lo convenció de que, como deportista -o ex-, tenía "la responsabilidad y el poder para cambiar el mundo, llevando esperanza y creando comunicación con la juventud". Alguna vez todo eso sucedió porque los protagonistas de aquel filme realmente morían de odio por una cuestión tan banal como real: el color de su piel. Es paradójico, entonces, que, tal vez, el golpe emocional más gravitante en la vida de Hugo Porta, el mejor rugbier argentino de todos los tiempos, se haya dado no antes ni durante, sino después de haberse recibido de prócer del deporte.

Y, sin embargo, fue así. Porque luego de todas sus hazañas, de ser considerado el mejor apertura del mundo o de demostrarle a los Pumas que sí se podía pelear de igual a igual con los All Blacks, los Wallabies y Francia, e incluso derrotarlos, en la vida de este hombre -que habla con tono monocorde, sin alardear ni usar palabras grandilocuentes- quedaba (queda) mucho por hacer. A diferencia de tantos, luego de su retiro él sí sabía para qué lado iba a picar la guinda. No hubo tiempo para duelos ni lágrimas: en cuanto se sacó los botines -a fines de 1990- se puso la corbata, se peinó, se subió al avión y se embarcó en una misión que, según él mismo cuenta, le cambiaría la vida para siempre.

En 1991 fue nombrado, por el entonces presidente Carlos Menem, como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario, con la misión de reiniciar las relaciones diplomáticas con la República de Sudáfrica, interrumpidas en 1986. Allí conoció a Nelson Mandela, a quien considera como la personalidad viva más influyente de la Historia. Tal vez, también de su historia.

Pasión invicta

Porta se sienta frente al televisor y llama a su mujer cada vez que en Invictus (N. de la R.: Película dirigida por Clint Eastwood, cuyo argumento se basa en los acontecimientos registrados en Sudáfrica antes y durante la Copa del Mundo de Rugby de 1995, organizada en ese país tras el desmantelamiento del sistema segregacionista del apartheid) pasan los aviones sobrevolando la fiesta de blancos y negros, o sucede algo de lo que él se siente partícipe histórico. "Se pueden pensar muchas cosas, o haber seguido el proceso de transformación de Sudáfrica desde afuera, pero verlo desde adentro fue increíble. Cualquier país puede cambiar su gobierno, o alguna cosa dentro de él, pero allí se modificó desde su división política hasta su bandera, su himno, sus fuerzas armadas, su policía. Jamás voy a olvidar aquel día de la asunción de Nelson Mandela, el 10 de mayo de 1994. Ni tampoco aquella frase que pronunció: '¡Nunca, nunca y nunca otra vez, debería ocurrir que esta tierra hermosa experimente la opresión de una persona por otra!'", recita, levantando la voz por primera y única vez en toda la entrevista.

Sin embargo, mucho antes de pisar el Continente Negro, Porta debió hacerse primero hombre y, luego, un nombre. Hijo de Hugo Oscar y Hortencia Alvarado, creció entre las clases del Colegio La Salle y su talento innato para los deportes. No hablamos sólo de rugby, sino también de fútbol, ya que en su adolescencia estuvo a punto de entrenarse con River, a pesar de su fanatismo por Boca, uno de los clubes que ama. El otro es Banco Nación, donde se formó entre las décadas del '60 y el '70, para retirarse 20 años después.

En el medio, la Selección Argentina, a la cual abrazó en 1971 casi de casualidad. Previo al Campeonato Sudamericano faltaba un jugador y los entrenadores confiaron en el muchachito flacucho que, en poco tiempo, transformó en un emblema aquella camiseta con el número 10 que le "prestaron", y que nunca más soltó.

Así, Porta se convirtió en capitán de los Pumas y los condujo a partidos memorables, como el empate ante Francia (1977, el duelo con Jean Michel Aguirre), la victoria sobre los Wallabies (1979, en Ferro) o el heroico 21-21 con los All Blacks (también en Ferro, en 1985). Pero, si a él le preguntan, siempre ubicará en la cima de sus logros el 29-21 sobre Inglaterra, jugando con sus amigos de Banco Nación, el 14 de junio de 1990. Integrante del Salón de la Fama del Rugby, Porta es, para los ingleses, el mejor apertura del mundo; para los franceses, directamente es el mejor pateador de la historia.

Luego de su exitosa carrera en el rugby, ¿cree que el desafío de ser embajador en Sudáfrica le ahorró el mentado duelo que atraviesan los deportistas retirados?

Sí, sin dudas me sirvió. Fue tan grande el desafío que no tuve tiempo de hacer un duelo. Y la verdad es que se siente cuando uno deja de ser. Yo digo que en la vida entrenás para ser, estudiás para ser y jugás porque te gusta ser el mejor. Todos hacemos cosas en la vida para ser algo, pero no nos preparamos para no ser. Y el golpe puede resultar muy fuerte. Fijate que los australianos tienen programas para capacitar y preparar a los deportistas en actividad de cara al retiro. Creo que es algo en lo que hay que poner mucha atención. Hoy, todas las disciplinas son tan competitivas y hay tantos torneos y pruebas, con tanta frecuencia, que los atletas tienen una vida útil cada vez más corta, con lo cual deben prepararse para el después, porque eso dura mucho más tiempo que su actividad. De hecho, es la mayor parte de su vida.

¿Alguna estrategia para el día después?

Hace poco vino un chico de Mercedes a verme. Él quería charlar, porque estaba con ganas de dedicarse de lleno al rugby y abandonar los estudios de Arquitectura. Le dije: "Mirá, hablamos de lo que quieras, pero hay cosas que no vas a poder negociar conmigo: algo vas a tener que estudiar. No vas a dedicarte sólo al rugby porque ser rugbier profesional, de elite, es para pocos. Y, además, tenés que pensar en lo que vas a hacer después, cuando se termine tu carrera deportiva. Si estudiás Arquitectura y te recibís, vas a ser arquitecto para toda la vida, es como un seguro". Hay que pensar en el día después del atleta, que es duro. En mi caso, tuve la suerte de aceptar el desafío de ser embajador y eso ocupó mi mente al 100 %.

¿Cuánto cambió el rugby desde su retiro?

El rugby es otro juego, ha cambiado mucho, hasta las puntuaciones son distintas. El try, en mi época, valía tres puntos, y ahora vale cinco. A mi entender, se produjo una gran transformación desde la primera Copa del Mundo (organizada conjuntamente entre Nueva Zelanda y Australia, en 1987), porque empezó a circular mucho dinero alrededor del balón. Hoy, en la Argentina, hay una gran preocupación respecto de que la función de los clubes de rugby, que se manejan de manera amateur, no cambien si se profesionaliza la actividad. En todo caso, sería importante que el mundo profesional produjera recursos que se bajesen al mundo amateur, aunque es muy difícil. Pero, bueno, yo lucho para que cada vez más gente juegue al rugby, porque es un deporte formativo, que te regala amistades para toda la vida. Del rugby profesional sé muy poco.

¿Y cómo analiza la actualidad de los Pumas?

Creo que esto de ser parte de un torneo Cuatro Naciones (The Rugby Championship) junto a potencias de siempre, como Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda, es un envión fundamental para los Pumas, muy esperado y merecido. Más allá de que no se hayan obtenido grandes resultados, la experiencia fue fantástica porque se trata de un proyecto de crecimiento, y las cosas no se obtienen de un día para el otro. Eso sí, hay que saber hacia dónde se apunta. Los argentinos tenemos que aceptar que nuestro seleccionado jamás jugará como Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica. Tal vez sí como Francia, porque tenemos una similitud entre el vino, la música y la comida, por ejemplo. Además, por poner un ejemplo claro: los neozelandeses tienen sólo cuatro millones de habitantes, pero 350 mil jugadores de rugby federados; acá somos 40 millones y sólo tenemos 40 mil. Entonces, cuando sale uno de los All Blacks, que es muy bueno, entra otro mejor. De allí que los Pumas sientan mucho los recambios. Por ejemplo, ya casi no quedan representantes de la generación de 2007 (Mundial de Francia, tercer puesto), que consiguieron uno de los hitos más grandes de nuestra historia, y eso se nota.

¿Nunca pensó en ser entrenador de los Pumas? ¿Se lo propusieron?

No, jamás me lo propuse, ni se me pasó por la cabeza. Tampoco hubo ofrecimientos serios. Sólo tuve una experiencia como entrenador en mi club (Banco Nación), pero nada más. Creo que mi etapa de jugador ya se vio superada, y el momento para ser entrenador también.

Deporte y compromiso

Porta es paciente. Pero no espera nada. De hecho, confiesa que su máxima obsesión actual pasa por dar. Además de ser arquitecto -aunque, según él, poco ejerce como tal-, reparte su tiempo entre la empresa familiar de toda la vida (Distribuidora Poral) y la Fundación Laureus, que se creó hace 8 años por iniciativa de Mercedes Benz y Richmond, y cuyo capítulo local preside. El objetivo, en principio, es premiar la excelencia deportiva. "Algo así como los Oscar del deporte", aclara Hugo.

Pares juzgando a pares, buscando al mejor atleta de cada año. Con un detalle diferenciador: no sólo se imponen las condiciones dentro del campo, sino también fuera de él, se valora el prestigio, la caballerosidad. Es por eso que las caras visibles de la organización son, entre otros, Michael Jordan, Miguel Indurain, Martina Navratilova, Jack Nicklaus, Gary Player, Emerson Fittipaldi, John McEnroe, Boris Becker, Bobby Charlton, Franz Beckenbauer...

¿Cómo se involucró en Laureus?

El proyecto se lanzó en Mónaco. Fui convocado por las empresas patrocinadoras porque dentro de ellas hay gente muy seguidora del deporte, y del rugby en especial. Y acepté gustoso el desafío. En ese lanzamiento estuvo Mandela, que es nuestro mentor y presidente honorario. Él nos decía que nosotros, los deportistas, y sobre todo los que habíamos tenido éxito, cargamos con una gran responsabilidad, porque tenemos un acceso directo a la juventud, porque hablamos un idioma que a los chicos les llega limpio. En ese momento, anunciamos que la organización iba a tener una fundación llamada Sport for Good, con sede en Londres. Luego de unos años visitando proyectos en distintos lugares, algunos miembros vieron la posibilidad de crear capítulos locales, involucrando a gente de cada país para resolver problemas específicos. El primero que se animó fue Sudáfrica. Hoy hay 7 casas Laureus. La de Argentina arrancó en 2003: al principio fue complicado y debimos generar nuestros propios recursos, más allá de lo que recibimos de Londres. Empezamos de a poco, con una estructura muy chica, tratando de tercerizar muchas cosas. Tenemos un único empleado, y voluntarios, como mi mujer, que es el alma de la fundación. También están mis hijos (Mariano y Luciana) comprometidos con el proyecto.

Debe ser una satisfacción enorme encarar un proyecto tan importante junto a su familia...

Está muy bueno porque yo vivo de mi empresa familiar, la de siempre. Y me doy el gusto de que la Fundación esté en el primer piso y la empresa en la parte baja, lo que me permite estar en contacto con todos. Es muy lindo trabajar con la familia, aunque también es complicado. De todas formas, al final del día son más las cosas positivas que las negativas.

¿Cómo evalúa el accionar de los deportistas en actividad en cuanto a su rol social?

¡Uff! Es algo que hablamos siempre entre nosotros. Para ser miembro de Laureus, por ejemplo, tenés que ser deportista y retirado. Con el paso del tiempo, los 50 que hoy estamos en funciones iremos perdiendo vigencia y, si queremos atraer a los jóvenes, debemos tener líderes jóvenes. Entonces, surgió un programa de embajadores y amigos, para que los referentes de otras generaciones nos ayuden a transmitir el mensaje. Afortunadamente, son de los más conocidos del momento. Porque los chicos de hoy pueden haber escuchado hablar de Hugo Porta, pero cuando me ven no se deben imaginar que yo jugaba al rugby.

Por eso es importante tener a los rugbiers Fernández Miranda (Juan, Nicolás y Francisco), a Cecilia Rognoni (hockey), Alejandra García (salto con garrocha), Tati Phelan (rugby) y a muchos jugadores de polo, como la familia Heguy. Ellos nos ayudan a convocar a los chicos. Y también hemos pensado, últimamente, en no limitarnos sólo a las figuras deportivas. Lo he hablado, por ejemplo, con el periodista Matías Martin, que está gustoso de participar. Las figuras de la tele o la radio son importantes referentes para la juventud. Otro punto clave es que, con las grandes estrellas que componen Laureus, nos juntemos una o dos veces por año para visitar los proyectos que tiene la fundación en el mundo. A mí, este rol me ha dado la posibilidad de conocer la India, Australia, Nueva Zelanda; me di el gusto pedalear desde Manchester hasta Londres con el atleta Daley Thompson y algunos otros que se unían en el camino, para producir un awareness de modo que la gente local adoptara la noción de que era mucho mejor prevenir que solucionar los problemas. Porque allí tienen grandes inconvenientes con las gangs armadas, que se amenazan por internet y se cruzan ferozmente en el metro.

¿Qué es lo más gratificante de su rol como presidente de Laureus?

No me gusta toda la parte administrativa: para eso está mi señora o un estudio de abogados que voluntariamente nos ayuda a sacar esas cosas adelante, con la transparencia que queremos. A mí me gusta interactuar con los chicos en el proyecto. Porque lo social no es sólo dar dinero, sino que tiene que haber un seguimiento de lo que se hace para que exista un contenido. Eso es lo que a mí me quita el sueño.

¿Cómo es el compromiso que establecen con ustedes tanto las instituciones públicas como las organizaciones privadas?

Trabajamos con muy pocas instituciones públicas, te diría que casi con ninguna. Preferimos manejarnos con los privados. Tenemos una gran independencia porque, localmente, hay empresas que nos apoyan, pero en realidad lo hacen por nuestra labor, sin pedirnos nada a cambio. Ahí está el compromiso y la conciencia social. Repito: creo que es importante poseer un contenido y que haya un seguimiento. El trabajo social no es dar dinero y olvidarte: se trata de capacitar a la gente, comprometerse.

Fue funcionario público y ahora dirigente social. ¿Cuál es la gran diferencia?

Sobre todo, la exposición a la que uno se presta. Cuando sos Secretario de Deportes tenés que adaptarte a la opinión o las preferencias de otras 23 federaciones provinciales. Algunas de ellas, encima, cuentan con más presupuesto que el tuyo. Sufrí mucho en ese cargo.

¿Volvería a ejercer la función pública?

No creo. Y digo "no creo" porque uno nunca sabe lo que puede pasar en la vida. Pero uno tiene momentos. Y ése ya pasó para mí.

Ese amigo del alma

La charla vuelve a girar en torno al personaje que lo cautiva. Lo retoma Clase Ejecutiva, pero Porta no tiene intenciones de esquivar el envío. El delicado estado de salud de Mandela, al cierre de esta edición, ciertamente le preocupa, como si se tratase de un tío querido.

¿Está en contacto con el entorno de Mandela en esta etapa difícil?

Tengo muchos amigos en Sudáfrica, país al que vuelvo cada vez que puedo, porque ha tenido una influencia muy grande en mí. Estuve en infinidad de lugares con Mandela y, aunque no me atreva a decir que soy su amigo, sé perfectamente que me conoce muy bien. Tengo con él una relación especial. De hecho, el gobierno sudafricano me otorgó la Orden de Good Hope cuando me volvía y tuve una llamada del despacho del presidente diciendo que quería evitar el protocolo y entregarme la condecoración en su propia casa. He tenido la oportunidad de haber estado con Nelson una hora y media charlando sobre el mundo, sobre el futuro de su país, sobre lo que él pensaba... Y ha sido un placer. Pero, bueno, ya es un hombre de 94 años, que se ha retirado de lo público hace un tiempo, por lo cual no he tenido la oportunidad de verlo o de comunicarme. Me da pena escuchar las declaraciones de su mujer, diciendo que "es una llama que se va apagando". Uno querría tener a Mandela de por vida...

Hace ya varias décadas, Porta fue presentado al Papa Juan Pablo II por el mismísimo Mandela, quien lo describió como un jugador de rugby "de tal y tal lugar", "que ha logrado esto y lo otro". Mientras le besaba la mano al Sumo Pontífice, el argentino pensaba lo poco que Su Santidad podía conocer sobre el deporte de la ovalada y, de la ansiedad por ahorrarle molestias, comenzó a hablar en inglés. El problema llegó cuando recordó que estaba allí como embajador argentino. "Volví rápidamente al castellano que, por otra parte, Juan Pablo II hablaba bien", evoca quien conoció de primera mano a figuras igualmente emblemáticas del siglo XX, como Yasser Arafat o Fidel Castro. Sin embargo, se siente feliz, porque no ha perdido su capacidad de sorpresa entre tanto peso pesado. "¿Si algo me sorprende aún? Claro que sí: Messi. ¡Ese tipo no para de sorprenderme jamás!".

¿Qué le debe al rugby, Porta?

Le debo todo a mi deporte. Y no podría devolverle ni una mínima parte de lo que me dio. Muchos otros tipos habrán sido igual o más talentosos que yo, pero no tuvieron la fortuna de cruzarse con el rugby.

El debut:

En 1971, mientras Porta cursaba sus estudios de Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires y ya capturaba todas las miradas con la camiseta de Banco Nación, los Pumas regresaban de una larga gira. Al llegar, los entrenadores del seleccionado nacional decidieron dividir en dos el numeroso plantel que tenían: unos jugarían el Torneo Argentino y otros, el Campeonato Sudamericano. Debido a una baja, le llegó la posibilidad a Hugo Porta, quien no defraudó. Y así comenzó su exitosa carrera con los Pumas, deslumbrando en el
Carrasco Polo Club, de Montevideo.
Banco Nación: Fue su único club, su único amor. Llegó para integrar la quinta división formativa en 1966 y se retiró, ya como un consagrado, en 1990. Fue campeón en 1986 y 1989 con la "otra" celeste y blanca. Además, allí realizó una pequeña experiencia como entrenador, en 1998, cuando aún era Secretario de Deportes.
Duelos inolvidables: Seguramente hubo partidos que agigantaron la leyenda de Hugo Porta junto a los Pumas, que aún no eran lo que son en la actualidad y depositaban casi todas las esperanzas en las manos y los pies del 10. En 1977 fue designado capitán del seleccionado por primera vez, tras la lesión de Arturo Rodríguez Jurado, y en el segundo test match ante Francia convirtió todos los tantos de la Argentina (18-18). En 1978 consiguió, junto a los Pumas, un histórico empate (13-13) ante Inglaterra, en Twickenham. En 1979, los Pumas vencieron por primera vez a los Wallabies (Australia), en Ferro, por 24-13.
El hito con Sudamérica XV: En 1982, jugando con Sudamérica XV, es la figura del triunfo como visitante en el segundo test match frente a Sudáfrica. Fue 21-12, y Porta marcó todos los puntos, anotando de todas las maneras posibles: un drop, una conversión, un try y cuatro penales. El legendario Carwyn James dijo de él: "Verlo jugar permite reafirmar la superioridad intelectual, estética y artística en el juego".
Resultados históricos: En 1982, jugando con Sudamérica XV, es la figura del triunfo como visitante en el segundo test match frente a Sudáfrica. Fue 21-12, y Porta marcó todos los puntos, anotando de todas las maneras posibles: un drop, una conversión, un try y cuatro penales. El legendario Carwyn James dijo de él: "Verlo jugar permite reafirmar la superioridad intelectual, estética y artística en el juego".
Olimpia de Oro: Luego del primer triunfo ante Francia y el empate ante los All Blacks, fue elegido como el mejor deportista argentino, recibiendo el Olimpia de Oro en 1985.
Su mejor recuerdo: Cada vez que le preguntan a Hugo Porta por su partido más recordado, no elige uno con los Pumas, sino con Banco Nación. En 1990 obtuvo 21 puntos para la histórica victoria de su club sobre el seleccionado de Inglaterra, por 29-21.
Embajador en Sudáfrica: En 1991 es designado Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Presidencia de la Nación, bajo el mandato de Carlos Menem, con la misión de restablecer las relaciones interrumpidas con Sudáfrica en 1986. Allí entabla una particular relación con el presidente de aquel país, Nelson Mandela. Ejerció el cargo hasta 1995.
Secretario de Deportes: Luego de su experiencia en Sudáfrica, volvió al país para asumir como Secretario de Deportes de la Nación, entre 1996 y 1999.
Fundación Laureus: Actualmente, además de encargarse de su empresa familiar, es el presidente del capítulo local de la Fundación Laureus, que promueve el deporte como una fuerza de cambio social mediante el apoyo de proyectos comunitarios y solidarios alrededor del país.


Los nominados... y su favorito

Los Laureus World Sports Awards reconocen los logros deportivos del año. La próxima gala se llevará a cabo en Río de Janeiro el 11 de marzo. Aquí, un identikit de los candidatos... y el pálpito de Porta:
Lionel Messi: El jugador del Barcelona y de la Selección argentina acaba de llevarse por cuarto año consecutivo -primera vez que alguien lo logra- el Balón de Oro de la FIFA. Batió en 2012 el récord de goles en un año (hizo 91).
Usain Bolt: El velocista jamaiquino logró cinco títulos mundiales y 6 olímpicos; además, posee el récord absoluto en 100 y 200 metros llanos y en la posta.
Michael Phelps: El nadador estadounidense es el deportista más condecorado de la historia de los Juegos Olímpicos, con un total de 22 medallas.
Mo Farah: Las pruebas de fondo del atletismo son la especialidad del somalí. Fue campeón del mundo en los 5 mil y 10 mil metros.
Sebastian Vettel: El alemán, que compite para el equipo Red Bull de Fórmula 1, se convirtió en 2012 en el piloto más joven (25 años) en lograr un tricampeonato de la categoría.
Bradley Wiggins: Ganó el prestigioso Tour de Francia y la prueba contrarreloj en Londres 2012.
Hugo Porta es uno de los 46 ex deportistas que integra el jurado encargado de definir cuál de estos atletas alzará el próximo Laureus. "Fueron seleccionados por su performance de excelencia. De todas maneras, mi voto está cantado (risas). Creo que Messi se lo merece no sólo por su rendimiento en la cancha sino por cómo se comporta fuera de la misma. Es un embajador cabal del país".

Rugby & business

A pesar de que lleva adelante con suma eficacia la empresa familiar (Distribuidora Poral), Porta prefiere no tomarse atribuciones como gurú de los negocios. Es lógico, debido a que tampoco lo hace con el rugby, deporte en el que reinó en los '80.
De todos modos, se atreve a definir que rugby & business tienen claras simetrías. Esencialmente, le apunta a la dosis de esfuerzo o la capacidad de superación con la que uno debe encarar cada día, en la oficina o en la cancha. "A mí me han citado muchas veces para dar conferencias ante empresarios y empleados, aunque no sé si soy el indicado. De lo que sí estoy seguro es que las enseñanzas de las que me fui nutriendo en mis años junto al rugby -aceptar las reglas de juego, pensar la táctica, mejorar la técnica, ser respetuoso con el rival y con el compañero- seguro servirían mucho en una compañía. El rugby es, como deporte formativo, de lo mejor que conozco: te ayuda a resolver muchos problemas que se te presentan en la vida diaria, a no bloquearte cuando pocos segundos pueden llevarte a hacer la diferencia. De todas maneras, no por haber sido un buen jugador tengo garantizado el éxito detrás de un escritorio. ¡Ojalá fuese así! (risas). Siempre digo que, aunque duela, uno también debe golpearse y fallar, como para aprender. Cuando me nombraron Embajador en Sudáfrica, sin experiencia en la función pública y recién retirado del rugby, le dije a Guido Di Tella, que era Ministro de Relaciones Exteriores: 'No se preocupe: me voy a capacitar. Lo único que le puedo asegurar es que me voy a levantar cada día pensando en qué puedo hacer para ser un poco mejor'. Y él me respondió: 'De acuerdo. No se equivocan con vos, entonces'".