El gobierno brasileño considera que debe haber inmediatamente un fuerte estímulo a los "vehículos verdes" para insertar al país y a la industria automovilística local en un debate que gana fuerza en las naciones europeas y asiáticas, donde están las matrices de la mayor parte de las automotrices.

Integrantes del equipo económico citaron las discusiones de los líderes europeos, en Bruselas, sobre la extinción, hasta 2050, del tráfico de autos convencionales, movidos a nafta y gasoil.

Según uno de los principales articuladores del nuevo régimen automotor en el gobierno, Brasil tiene "una oportunidad" para aprovechar la crisis mundial. "Los países ricos, donde la industria es de vanguardia, están sin espacio para estímulos y sin crecimiento interno. Nuestra posibilidad de liderar el desarrollo tecnológico en la industria automovilística, inclusive para constituir una fábrica 100% nacional, dedicada al auto eléctrico, es ahora".

Para eso, el gobierno estudia bajar a cero la alícuota de 25% del Impuesto sobre Productos Industrializados (IPI) que incide actualmente sobre los vehículos eléctricos e híbridos. En el área económica del gobierno, está muy clara la distinción entre las medidas adoptadas la semana pasada y las nuevas, en estudio. Mientras la suba del IPI fue una "reacción" al creciente ingreso de autos importados, el nuevo régimen automotor se trabaja en el gobierno como "una señal para el futuro de la industria", según las palabras de una fuente de alto escalafón del equipo económico. De acuerdo a las autoridades, los vehículos híbridos, en un primer momento, y eléctricos, en un segundo escalón de evolución del sector, son "fundamentales" para el período que se inicia en esta década, en que la reducción de emisión de contaminantes de parte de los autos se torna un punto central para la sociedad. El sector de transporte representa cerca de 13,1% de las emisiones mundiales de CO2, según la revista especializada "Blue Auto", con sede en Lisboa.

El ministro brasileño de Ciencia y Tecnología, Aloizio Mercadante, confirmó el lunes, en Bruselas, la preparación de nuevas reglas, y defendió las medidas adoptadas en relación al IPI más alto para automóviles importados. Dijo que durarán hasta que se defina un nuevo régimen automotor. Mercadante negó que la suba del IPI provoque una fuga de inversión del país, porque el gobierno abrió la posibilidad de negociar un cronograma hasta que el índice de contenido nacional de 65% pueda ser alcanzado por las empresas que garanticen la construcción de fábricas en el país. "El gobierno está totalmente abierto a eso", dijo, recordando que el índice de nacionalización exigido por China es más alto.

Las medidas, que se anunciarán hasta final de año, están siendo preparadas por técnicos de los ministerios de Hacienda, Desarrollo y Ciencia y Tecnología.

Al recibir al presidente mundial de Renault/Nissanm, Carlos Ghosn, en el Palacio do Planalto el sábado, la presidenta Dilma Rousseff, pidió a su equipo económico "acelerar" los estudios sobre el nuevo régimen automotor, que permita introducir en Brasil la producción del auto eléctrico. Ghosn anunció la implantación de una fábrica de Nissan, en Rio de Janeiro, y la disposición de "invertir en el desarrollo tecnológico no solo del (vehículo) flex fuel, sino también de autos eléctricos e híbridos".

Pero las discusiones en el gobierno no son unánimes. El año pasado, una medida de estímulo al vehículo eléctrico se canceló días antes de que fuera anunciada por el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Miguel Jorge, por entonces ministro de Desarrollo, afirmó en ese momento, que el auto eléctrico en Brasil sería viable recién en 2017.

Existen en el gobierno divisiones con respecto al fuerte incentivo a vehículos híbridos y eléctricos. De un lado, están quiénes ven en el etanol la principal "salida para el futuro" de la industria automovilística del país. Del otro, un grupo que entiende que los vehículos eléctricos aumentarán mucho la demanda por ese tipo de energía, exigiendo esfuerzos de las centrales termoeléctricas, que, a diferencia de las hidroeléctricas, son más contaminantes. Además, critican la "lenta" evolución de la batería eléctrica.